
En entrevista, analiza los efectos para la comunidad y para las personas de verse obligados a abandonar su lugar de origen y llegar a un lugar donde no tienen nada
Acapulco, Guerrero, 30 de septiembre de 2023. El desplazamiento forzado fragmenta a la comunidad y también a sus habitantes porque les quita sus raíces ancestrales, su seguridad, su espacio y su patrimonio, expuso una de las víctimas de la comunidad serrana Los Bayados, municipio de Ajuchitlán del Progreso.
Fueron 55 familias que salieron el 19 de febrero pasado de sus hogares, y sólo 18 regresaron el 12 de mayo en malas condiciones económicas y sin maestros que acudan a las escuelas de sus hijos, contó a El Sur durante un breve receso del encuentro de promoción de paz que organizó el colectivo Guerrero es Primero este viernes en la Universidad Loyola del Pacífico.
La mujer, quien pidió omitir su nombre por seguridad, dijo que su comunidad, ubicada en la colindancia de Ajuchitlán y Coyuca de Catalán, siempre fue “pacífica”. Pero los grupos del crimen organizado están avanzando y “el problema es que estamos en su camino y en ese sentido tienen que mover a la población para poder pasar”.
Indicó que el desplazamiento genera “mucha incertidumbre, miedo, una fragmentación total, no sólo de la estructura social sino también del ser humano. Es una fragmentación de la familia, de la comunidad, de la cultura, se fragmenta prácticamente las bases, no sé cómo llamarlas, humanas, y pones a las personas en una situación de indefensión, de vulnerabilidad económica, social y también de género”.
-¿Cómo se fragmenta el ser humano?
-Primero le arrancas su patrimonio, sus raíces ancestrales, le arrancas su seguridad, el espacio donde se sentían seguros, el espacio donde estaban forjando un patrimonio para sus hijos, para su vida.
Con unos ojos llorosos y una voz entrecortada, la mujer insistió que el desplazamiento representa dejar a tus “ancestros en el pueblo y te vas con lo que traes puesto, si te avisaron con un poco de tiempo tal vez puedas llevarte algunas cosas que son valiosas, pero en nuestro caso no se pudo. Salimos con lo que pudimos agarrar y cerramos nuestras casas con la esperanza de que así quedara”.
Lo primero es salir para sobrevivir y después es preguntarse: “¿Cómo sobrevivimos?, esa parte es más pesada emocionalmente porque no sólo vas tú, llevas niños, llevas adultos mayores, llevas mujeres, llevas a todos. Se trastoca el trasfondo del ser humano en esta situación”.
El desplazamiento forzado, ahondó la mujer con un tono de voz por momentos muy bajo, es una situación “un tanto irreal porque en primera no llegas a comprender por qué y la otra es la dimensión hasta dónde va a llegar”.
Después surge la cuestión de denunciar o no el desplazamiento forzado, la comunidad de Los Bayados decidió sí exponer su situación públicamente, a diferencia de otras dos localidades que también salieron por la violencia, pero no lo denunciaron.
“Nosotros antes del desplazamiento no éramos ni conocidos ni famosos ni nada, nadie sabía casi de nuestra existencia, pero esto te viene y te pone en una situación en la que te callas y sigues siendo marginado todo el tiempo o hablas y te expones a ciertas represalias y eso también es difícil”, dijo entre unas ligeras risas.
Hubo apoyo y una reacción inmediata de las autoridades, reconoció la víctima, pero dijo que era asistencialismo porque “los problemas de fondo, como la violencia y eso, no se han resuelto”.
Su familia llegó a una casa de otros parientes, pero en ese lugar estaban otras seis familias. “O sea, no hay espacio para nada, la tensión, el miedo, las conversaciones, todo es sobreviviendo”, relató.
Después está el problema de la seguridad laboral, expuso, “dejas tú las actividades donde puedes y sabes cómo vivir, cómo mantenerte, cómo sobrevivir, y llegas a un entorno donde no es ni el clima ni las actividades que realizas y eso pega sicológicamente muy duro en todos, tanto en hombres como mujeres, incluso en adultos mayores”.
Contó que algunos hombres se sumieron en la depresión y no se pudieron adaptar al nuevo campo laboral, entonces “son las mujeres que tienen que empezar a emplearse en actividades domésticas o en lo que puedan, y eso hace un cambio de roles en la familia, donde la mujer se convierte en proveedora, pero tampoco deja de ser ama de casa”.
“Los ancianos empiezan con la añoranza, los niños pierden sus clases, sus hogares donde se sentían contentos y seguros y aunque muchas veces no te dicen nada o no dicen nada o no les decimos nosotros nada, pero lo ves en sus rostros”. Su hija, quien corría alrededor de un comedor al aire libre de la Universidad Loyola mientras su mamá platicaba, “empezó a presentar muchos episodios de ansiedad, dolor de estómago, de cabeza”.
Insistió en que todo es un asunto de sobrevivir como se pueda, en un principio la comunidad se fue unida, pero la necesidad de laborar, de tener una jornada de trabajo, poco a poco les quitó el tiempo para reunirse. “Sales de un lugar donde tal vez no eras millonario ni mucho menos, pero vivías estable y sales a un lugar, a una situación en la que ya no eres dueño de nada, en la que te sientes amenazado, te sientes confundido”.
El 12 de mayo regresaron 18 familias a Los Bayados y están resguardadas por los militares, “pero es complicado también el retorno porque el miedo aún sigue, no es algo que se haya olvidado, no es algo que ya haya pasado”.
Se percibe “la amenaza constante, la presencia de drones, te sientes vigilado constantemente y no puedes salir a trabajar, estás en tu casa, pero necesitas que te cuiden adentro de tu casa”, es decir, en la comunidad.
Los casi tres meses de desplazamiento fueron el periodo en el que “las huertas y los cultivos necesitaban mayor riego, mayor atención, mayor trabajo y eso no se dio, entonces la producción de aguacate no es la esperada”. Al menos sobrevivieron los árboles “y eso es ganancia”, dijo, pero las casas fueron saqueadas, “no una vez sino muchas veces, entonces te van arrancando la poca seguridad patrimonial que tenías”.
Dijo que no tiene una respuesta clara para alcanzar la paz en la región, pero hace falta una intervención directa del gobierno para frenar a los grupos criminales, un plan de pacificación y desarrollo, “y tendría que haber una mayor organización de la población para poder prevenir”.
Agregó que también se debe fortalecer la educación, uno de los acuerdos con las autoridades fue que los maestros acudirían a las escuelas de preescolar, primaria y secundaria al empezar el ciclo escolar, pero después de un mes todavía no llegan. “La educación es básica para mantener el desarrollo, pero sobre todo para fortalecer la cultura de paz”, sostuvo la pobladora de Los Bayados.
Texto: Ramón Gracida Gómez


