
Federico Vite
(Primera de dos partes)
Federica Manzon es una de las narradoras que estará en la Feria de Libro de Guadalajara (FIL) en noviembre de este año (recordemos que el país invitado es Italia) y para que usted tenga un poco más de información sobre algunos de los 61 escritores que asistirán al convite literario, iré comentando los libros significativos de los participantes.
La novela Alma, (Italia, Feltrinelli, 2024, 267 páginas) de Manzon, indaga uno de los tópicos más socorridos de la multirracial Trieste, ciudad del noreste de Italia, considerada la ventana a Europa central; conecta con el mar Adriático y el vecino inmediato es la actual Eslovenia, antes Yugoslavia. Hay algunas novelas como 54, del colectivo Wu Ming, que ponen en evidencia las luchas tácitas en la que se debatía Trieste; por un lado forma parte de Italia, pero por otro no sabe si lo mejor es independizarse. Este libro de Wu Ming –también ya reseñado en estas páginas– manifiesta un interés por el mercado negro de mercancías que se vendían en Trieste, cuyos principales compradores eran los habitantes del bloque socialista, en especial, de Yugoslavia (desintegrada ya, pero su territorio abarcaba lo que ahora son Eslovenia, Croacia, Bosnia-Erzegovina, Serbia, Montenegro, Macedonia y Kosovo), quienes asediaban los tianguis de contrabando; lo mismo se vendían jeans que televisores, radios, armas y drogas. Pero el enfoque de Manzon toma distancia de estos hechos. Despliega un asunto mucho más reciente, pues atenaza situaciones horrendas que ocurrieron hace treinta años: las masacres étnicas entre croatas, serbios y bosnios.
La protagonista de la novela es Alma, una mujer de mediana edad que viaja sola a una isla vacía, no está en temporada vacacional alta, lo cual hace mucho más desolador el paisaje. La bandera de un equipo de futbol (Dinamo Zagreb) insinúa que ella se encuentra en Croacia, aunque no se agregan más datos, pero el interés de la autora no está en este escenario, pues la sique de Alma reside en otra parte; un lugar que también carece de nombre, pero que se reconoce al instante: Trieste.
Ella vivió la guerra étnica que devino tras la muerte de Tito. Pero la autora no se adentra tan rápido en la trama, sino que se da el tiempo de mostrarle al lector la emoción que le produce estar de nueva cuenta en “La Isla”. Los motivos de esa estancia no son alegres, pues asiste a recibir la casa que le heredó su padre. ¿Por qué se fue de ahí? Bueno, esa respuesta tarda en responderse; la autora pone en tensión el pasado y el presente. ¿Qué era este sitio? ¿Por qué luce tan triste? Alma apuntala muy bien los hechos cotidianos de los años 80 del siglo pasado en esa zona desgastada y vieja, sin turismo. Pone en marcha la memoria con dos preguntas: ¿Cómo vivía los veranos de niña y de adolescente? ¿Cómo se relacionaba con las demás personas? Muchos de sus conocidos hablaban otro idioma, venían de regiones cercanas y se comunicaban en esloveno, croata y alemán.
El padre de Alma es un tipo que tiene como deidad al mariscal Tito; pero pierde el rumbo cuando el dictador comunista muere. No sabe cómo comportarse; primero niega los conflictos armados entre Bosnia, Serbia y Kosovo. Después cae en una depresión funesta. Nunca creyó ver la fragmentación del estado yugoslavo.
Federica usa muy bien a la contraparte de Alma: Vili. Se trata de un chico que trajo el padre a vivir con la familia, sin consentimiento de la madre –cuestión aparte, la imagen de la madre es difusa. Se caracteriza por el sonido fino de los tacones que van de un lado a otro de la casa y por frases cortas que vinculan al padre con una lucha política infructuosa. “Soy menos interesante que tu padre, ¿verdad?”. Ella colaboraba con el siquiatra y neurólogo Franco Basaglia, director de la “Ciudad de los Locos”, un hospital psiquiátrico de corte humanitario–. Vili es hijo de intelectuales serbios disidentes; habla poco italiano y mantiene una relación emocional con Alma; fortalece también la lucha política del padre. Es fotógrafo. Los trazos narrativos de Manzon conducen la búsqueda de identidad y, por supuesto, sondean las raíces familiares de los personajes principales. Serbia y Trieste son los dos epicentros del cuerpo del relato; los vasos comunicantes por donde van y vienen los personajes, son dos referencias culturales extraordinarias. Trieste es el disparador de la trama; Serbia se transforma en algo gris, lejano de su honor y su historia. Adquiere una consistencia fantasmal. Los desplazamientos entre una y otra ciudad cautivan, pues Federica describe en pocas líneas la calidez y frialdad de ambas ciudades.
Aunque la información es vasta, la prudencia de la autora radica en elegir aspectos que transforman este libro en una novela de aprendizaje, porque Alma, desde el presente, recorre escenarios del pasado para reconocerse y renovar así esos trayectos de vida con los matices que le brinda la madurez. El pasado entonces se proyecta en las páginas de una manera emocional. La protagonista rememora cómo fue su ingreso a un periódico y la experiencia que tuvo con un chico llamado Lucio, alguien de Istria, un tipo interesado en preservar la historia de su ciudad. Este personaje secundario da intensidad al vínculo entre Vili y Alma.
Con estos elementos, aunados a una serie de imágenes fotográficas que acompañan el texto, Manzon organiza el corpus del relato, pero a menudo tiene algunos puntos de quiebre. No porque pierda tensión narrativa la estructura sino porque su apuesta posee variantes posmodernas. A mitad de libro, el lector encuentra una delación que se traduce en una segunda entrada a la novela: “¿Cuántos inicios puede tener una historia? Depende de quién cuenta o de cómo ha terminado. En la Historia, como en las historias menores, estabilizar el inicio inclina el plano y consigna las canicas en una parte”. Entonces la pregunta se repite, ¿por qué se fue de Trieste? La respuesta va cobrando forma con una secuencia entrañable. Hablo de una escapada nocturna hacia Serbia. Después de ver publicada una foto de Vili en un diario, Politika, sabe que él se está exponiendo demasiado. ¿Está en el ejército Serbio? ¿Va con las avanzadas a la guerra? Ella emprende el viaje fronterizo. Abandona a sus padres; critica la fe en el porvenir socialista. Deja de atender la narrativa oficial y abre los ojos al mundo. Se lleva golpes tremendos, pero sobrevive para contar la historia.
Este libro ganó el premio Campiello en 2025, el galardón posicionó a la autora en la primera línea de narradores italianos, pero no sólo por el tema, sino por la arquitectura del libro. Sobre eso hablamos la siguiente semana.
* Como es usual en este espacio, la traducción de las frases entre comillas es mía.
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