16 agosto,2018 5:55 pm

Curas pederastas de Pensilvania marcaban con cruces de oro a sus víctimas, para intercambiarlas

Texto: Apro y redacción / Foto: EFE
Ciudad de México, 16 de agosto de 2018. Sacerdotes católicos del estado de Pensilvania emplearon rituales religiosos, símbolos de la fe y la amenaza de una eternidad en el infierno con el fin de tocar, abusar y violar a menores, según un reporte de un jurado investigador divulgado hoy, una conducta que el principal fiscal del estado calificó de “armamentización de la fe”.
El jurado detalló que para elaborar este documento ha escuchado el testimonio de decenas de testigos y ha revisado medio millón de páginas de documentos internos de las diócesis.
En ese sentido, no descartó que el número real de víctimas ascienda a miles, ya que es posible que los registros de algunos menores se hayan perdido o que el afectado optara por mantener el silencio.
Los “sacerdotes pederastas” emplearon la fe de las víctimas y su confianza en ellos como líderes religiosos para abusar de ellos y silenciarlos, según detalló un informe de 1,356 páginas sobre la investigación estatal.
Un cura ató a una de sus víctimas con cuerda dentro un confesionario en “una posición de oración”, escribió el jurado investigador. Cuando el menor se negó a mantener relaciones sexuales, el enojado sacerdote empleó un crucifijo de 18 centímetros (siete pulgadas) para agredirlo sexualmente, agregó.
Otra víctima contó como un religioso usó una cruz de metal para golpearlo.
En la rectoría de una parroquia, cuatro curas hicieron que un chico se desnudara y posara como Jesucristo en la cruz mientras le tomaban fotos, contiene el reporte.
“La víctima afirmó que todos se reían y decían que las imágenes serían utilizadas como referencia para nuevas esculturas religiosas para las parroquias”, añadió.
Dos de los curas implicados en esos hechos cumplieron más tarde penas de prisión por abusar sexualmente de dos monaguillos.
Otro cura contó a un niño al que estaba acariciando que lo que hacía estaba bien porque él era “un instrumento de Dios”.
Según el informe, los curas también utilizaron el sacramento de confesión como una oportunidad para atacar a menores.
La investigación en seis de las ocho diócesis del estado de Pensilvania –Allentown, Erie, Greensburg, Harrisburg, Pittsburgh y Scranton– es la más amplia realizada nunca sobre abusos de sacerdotes católicos en Estados Unidos, según los defensores de las víctimas.
Más de mil menores, y posiblemente muchos más, fueron asaltados desde la década de 1940, establece el informe.
“Depredadores en cada diócesis armamentizaron la fe católica y la usaron como una herramienta de su abuso”, dijo el fiscal general de Pensilvania, Josh Shapiro, en una conferencia de prensa al revelar el informe del jurado investigador, quien documentó las acusaciones contra 301 sacerdotes durante siete décadas.
Sólo dos de los sacerdotes han sido acusados de delitos como resultado de la investigación del jurado, aunque algunos fueron procesados en años pasados. Más de 100 implicados han muerto y muchos otros se han retirado.
Los líderes de la Iglesia dicen que la mayoría de las ofensas ocurrieron en algún momento en el pasado y señalan que se adoptaron reformas importantes a partir de 2002 para salvaguardar a los niños.
Testimonios espeluznantes
“Nosotros, los integrantes de este gran jurado, necesitamos que escuchen”, así comienza el reporte de 1,356 páginas producto de una investigación que tomó dos años sobre abuso sexual en la Iglesia católica del estado de Pensilvania en Estados Unidos, y según el cual, los abusos a menores de edad se han dado a lo largo de setenta años.
En el reporte se dice que hay más de mil víctimas identificadas, y quizá miles más, y se cree que es la investigación más grande que haya hecho una entidad del gobierno estadunidense acerca de abuso sexual en el clero.
Algunos fragmentos con declaraciones de las víctimas fueron presentados la tarde de ayer por The New York Times, “Lo que revela el reporte sobre abusos sexuales eclesiásticos en Pensilvania”, de los cuales, presentamos algunos a continuación.
La documentación revela los abusos sistemáticos de los menores y las maneras creativas y espeluznantes con que los sacerdotes cometían sus fechorías. Dice el informe: “Incluso dentro de todas estas horripilantes historias destacan algunas”.
Por ejemplo, la de un sacerdote que violó a una niña de 7 años, cuando la visitó en el hospital luego de que ella fuese intervenida de las amígdalas. Otro sacerdote obligó a un niño de 9 años de edad a practicarle sexo oral, “y después lavó la boca del menor con agua bendita para purificarlo”.
En otro fragmento de lee: “Un sacerdote reconoció abusar de niños, pero negó los reportes de dos niñas que lo acusaron: ‘No tienen pene’, explicó. Otro sacerdote, ante la pregunta de si había abusado de sus feligreses, respondió de manera evasiva: ‘Con mi historial’, dijo, ‘todo es posible’. Y otro sacerdote al final decidió renunciar después de años de haber enfrentado denuncias, pero pidió –y recibió– una carta de recomendación para su siguiente trabajo, en Disney World”.
El jurado ha sido retando al exigir la rendición de cuentas de los líderes eclesiásticos por permitir los abusos y proteger a los abusadores.
Otro fragmento del reporte dice: “Lo que podemos decir es que, pese a algunas reformas institucionales, los líderes individuales de la Iglesia han eludido la rendición de cuentas pública. Los sacerdotes estaban violando a niños y niñas pequeños, y los hombres De Dios que eran responsables de ellos no sólo no hicieron nada, sino que lo escondieron todo. Durante décadas. Monseñores, obispos auxiliares, obispos, arzobispos, cardenales fueron en gran parte protegidos; muchos, incluyendo a los que se nombran en el reporte, recibieron ascensos. Hasta que eso cambie, creemos que es demasiado pronto para cerrar el libro sobre escándalo de abuso sexual d ella Iglesia católica.
De acuerdo con el reporte, a menudo estas figuras eclesiásticas de autoridad simpatizaban con los depredadores y no con las víctimas. Como se puede leer en la siguiente narración del documento:
“[…] Enfatizó el alto costo de un encarcelamiento. En otro caso, un sacerdote violó a una niña; la embarazó y organizó que abortara. Un obispo escribió su sentir en una carta: ‘Éste es un momento muy difícil en tu vida y me doy cuenta de lo mal que te sientes. Yo también comparto tu pesar’. Sin embargo, esa carta no iba dirigida a la menor violada, sino al religioso que la violó.
El reporte también describe casos de abusos repetidos en varios miembros de una misma familias, como es el caos del sacerdote de Giella de la diócesis de Harrisburg, del que se documentó que abusó de cinco de las ochos hijas de la familia.
Un “manual” de siete pasos para el encubrimiento, la revelación de los investigadores
Por otra parte, El País narra cómo en la diócesis de Erie, un sacerdote confesó haber cometido al menos 80 violaciones anales y orales a por lo menos 15 chicos diferentes, uno de ellos de sólo 7 años. Cuando el obispo de dicha diócesis, Donald W. Trautman se reunió con este cura, lo alabó por ser una “persona cándida y sincera” y por los “avances” alcanzados para controlar su adicción.
En Pittsburgh la diócesis desoyó las quejas por el abuso de un chico de 15 años, pues lo acusó de haber sido él quien “sedujo” al cura y lo “buscó” para comenzar una relación. Más tarde el cura fue detenido, pero la Iglesia destacó que aunque el sacerdote reconocía haber practicado actividades “sadomasoquistas” con varios niños, éstas eras “suaves”.
En esa misma ciudad, había una red de sacerdotes que se coordinaban para usar “látigos, violencia y sadismo al violar a sus víctimas”.
Las indagatorias de esta investigación revelan todo un sistema despidos de tolerancia y convivencia con la pederastia en 54 de los 67 condados de Pensilvania, en algunos con conocimiento de la Fiscalía.
A pesar de los datos y los testimonios, los crímenes no podrán ser perseguidos porque los abusos han prescrito, pues se cometieron hace mucho tiempo y los autores ya están muertos. Sólo en dos de los casos han originado imputaciones criminales.
Incluso se cuenta cómo había un grupo de sacerdotes que marcaban e intercambian a sus víctimas, esto lo hacían al regalarles una cruz de oro, con lo cual los menores quedaban señalados como habituados al abuso y menos peligrosos para denunciar, y como víctimas fáciles para otros sacerdotes.
Los investigadores policiales que testificaron ante el jurado revelaron el descubrimiento de un patrón de prácticas en las iglesias. Una suerte de “manual” para ocultar el abuso que consistía en siete principios elementales.

  1. Emplear eufemismos para referirse al crimen, por ejemplo en lugar de llamarlo “violación”, llamarlo “contacto indebido”.

2. Autorizar las investigaciones por personas inexpertas, como otros clérigos.

3. Enviar a los sacerdotes a hacer “evaluaciones” de los depredadores sexuales en los centros psiquiátricos adonde fueron trasladados, y documentar sólo la versión del acusado.

4. Si la diócesis concluía que era necesario echar al sacerdote de la iglesia, lo mejor era no explicar por qué, si no sólo registrarlo como “baja médica” o “fatiga nerviosa”.

5. Si la comunidad de feligreses descubría los abusos, lo mejor era trasladar al cura a otra iglesia.

6. Aunque un sacerdote fuese conocido como abusador, lo mejor era mantenerle el salario y la ayuda para vivienda.

7. Y para cerrar, lo mejor es no avisarle a la policía nunca.

Los investigadores se quejan por no tener documentación reciente. A pesar de ello, las indagatorias señalan que a pesar de lo prometido por la cúpula católica desde el caso de Boston en 2002, las acciones de encubrimiento no han sido del todo eliminadas.
De acuerdo con declaraciones del fiscal de ese estado, Josh Shapiro, “se alargan en algunos casos hasta el Vaticano”.
Para poner un ejemplo, se refiere a la diócesis de Allentown que en 2009 recibió una queja por abusos sexuales cometidos en la década de 1980 por un sacerdote que había tocado a un niño de 13 años. La diócesis pidió cuentas al cura que ya estaba retirado, y éste declaró que había sido accidental. De tal forma que la diócesis comunicó al Vaticano, en diciembre de 2014, que no expulsaría al sacerdote, y éste murió al año siguiente.
El pasado 1 de agosto, la diócesis de Harrisburg, una de las implicadas, publicó una lista de 71 religiosos y seminaristas, algunos de ellos ya fallecidos, “acusados” de abusos sexuales a menores desde 1940.
Tras darse a conocer el informe, la archidiócesis de Filadelfia, que no está entre las implicadas, pidió perdón en nombre de la Iglesia por las “experiencias” sufridas por las víctimas.
“Reconocer su sufrimiento y mantener nuestro compromiso de ayudar a aquellos que han sido afectados es un paso esencial hacia la cicatrización”, dijo en un comunicado.
“La Iglesia ha aprendido mucho de sus errores pasados y sigue esforzándose para corregirlos. La prevención del abuso viene de la formación y la vigilancia constantes, y la prevención del abuso, junto con el apoyo a los sobrevivientes, es y seguirá siendo una prioridad constante de nuestra Iglesia”, añadió.