12 agosto,2026 6:29 am

De la Espriella ante el poder: del voto de ruptura al desafío de gobernar Colombia

 

Gaspard Estrada

La toma de posesión de Abelardo de la Espriella el pasado 7 de agosto abre una etapa profundamente distinta en la política colombiana. Después de cuatro años de Gustavo Petro, Colombia pasa de un proyecto de transformación progresista a un gobierno que reivindica autoridad, austeridad económica, fortalecimiento del sector privado y una estrategia de seguridad mucho más coercitiva. Sin embargo, el principal desafío del nuevo presidente será transformar una victoria construida sobre el rechazo al gobierno anterior en una capacidad efectiva para gobernar un país polarizado, territorialmente fragmentado y sometido a fuertes presiones fiscales y de seguridad.
El primer desafío es político. De la Espriella llega a la presidencia como un outsider, sin la estructura partidaria que tradicionalmente permitió a los presidentes colombianos construir mayorías parlamentarias. Su movimiento carece de una bancada propia suficientemente poderosa y deberá apoyarse en el Centro Democrático, sectores conservadores, liberales y partidos del centro para aprobar sus reformas. Al mismo tiempo, el Pacto Histórico permanece como una de las principales fuerzas del Congreso y tendrá capacidad para organizar una oposición muy activa.
Esta situación obligará al presidente a resolver una contradicción fundamental. Durante la campaña construyó su identidad contra la “política tradicional”; desde la Casa de Nariño necesitará precisamente negociar con ella. Colombia posee un presidencialismo fuerte, pero ningún gobierno puede ejecutar una transformación profunda sin acuerdos legislativos. Si De la Espriella privilegia la confrontación con el Congreso, puede reproducir la parálisis que marcó parte del mandato de Petro. Si negocia demasiado, corre el riesgo de decepcionar a quienes votaron por él como candidato antisistema.
El segundo reto es la seguridad, probablemente el terreno sobre el cual será juzgado con mayor rapidez. La expansión del ELN, de las disidencias de las FARC, de organizaciones de narcotraficantes y de economías vinculadas a la minería ilegal ha deteriorado el control territorial del Estado. El aumento de homicidios y extorsiones reforzó durante la campaña la percepción de que la “paz total” de Petro había fracasado.
De la Espriella ha prometido abandonar la lógica de negociación con organizaciones que no acepten desarmarse, aumentar la presión militar, recuperar la erradicación aérea de cultivos ilícitos y fortalecer las capacidades de las Fuerzas Armadas. Esta política puede producir resultados rápidos en determinados territorios, pero contiene riesgos considerables. Colombia ha aprendido durante décadas que una estrategia exclusivamente militar puede debilitar organizaciones armadas sin eliminar las economías que las financian. Sin presencia estatal, justicia, carreteras y oportunidades económicas, la recuperación militar de un territorio puede ser temporal.
El tercer desafío es fiscal. El nuevo gobierno promete simultáneamente reducir el tamaño del Estado, congelar el gasto, disminuir impuestos y preservar programas sociales. Conciliar esos objetivos será difícil. La situación de las finanzas públicas limita considerablemente el margen de maniobra del Ejecutivo, mientras que cualquier reducción abrupta del gasto puede afectar inversión pública, educación, salud e infraestructura.
Aquí aparece otra tensión esencial del nuevo gobierno. De la Espriella propone reactivar la economía mediante petróleo, gas, minería y eventualmente fracking, buscando revertir parte de la política energética de Petro. Para inversionistas y sectores empresariales, este giro puede mejorar las expectativas y devolver previsibilidad a industrias estratégicas. Pero también puede provocar conflictos ambientales y sociales, especialmente en regiones donde la explotación de recursos naturales se encuentra asociada a disputas territoriales y desigualdades históricas.
El cuarto desafío será evitar que su presidencia se convierta simplemente en una contrarreforma del petrismo. Derogar políticas del gobierno anterior puede producir réditos políticos inmediatos, pero no constituye por sí solo un proyecto de país. Colombia conserva problemas estructurales que ningún giro ideológico puede eliminar rápidamente: informalidad laboral, desigualdad, baja productividad, infraestructura insuficiente y enormes diferencias entre las grandes ciudades y las periferias rurales.
También será determinante la relación con Gustavo Petro. El expresidente deja el poder, pero no desaparece de la escena política. El Pacto Histórico mantiene representación parlamentaria, organización territorial y capacidad de movilización. Una estrategia gubernamental orientada a perseguir política o judicialmente al antiguo oficialismo podría radicalizar nuevamente al país. De la Espriella deberá demostrar que la restauración de la autoridad que promete puede desarrollarse dentro de los límites del Estado de derecho.
En política exterior, el cambio será igualmente profundo. Colombia volverá a estrechar su relación estratégica con Estados Unidos, particularmente en seguridad y lucha contra el narcotráfico, después de las tensiones del período Petro. Sin embargo, una alineación excesiva con Washington podría generar dificultades con China, cuya importancia comercial e inversora sigue creciendo.
La presidencia de Abelardo de la Espriella comienza, por tanto, con expectativas excepcionalmente altas. Su victoria expresó una demanda de orden, seguridad y ruptura con Petro. Pero gobernar requerirá algo más complejo que administrar esa indignación. Tendrá que construir mayorías sin renunciar a su identidad, recuperar territorios sin deteriorar las garantías democráticas, ajustar las cuentas públicas sin provocar una recesión y restaurar la autoridad presidencial sin convertirla en concentración de poder.
El éxito o fracaso de su mandato dependerá precisamente de esa transición: pasar del lenguaje de la ruptura a la práctica del gobierno. Colombia no necesita únicamente un presidente capaz de imponer autoridad, sino uno capaz de convertirla en instituciones, crecimiento y estabilidad.

* Miembro de la Unidad del Sur Global de la London School of Economics

X: @Gaspard_Estrada