14 enero,2026 4:37 am

Desconoce Alimentación para el Bienestar el proceso de producción de café: Arturo García

 

Acapulco, Guerrero, a 14 de enero de 2026.- Falta atender la baja producción y productividad del café en la sierra de Atoyac, señaló el asesor de la Coordinadora de Comisariados Ejidales y Comunales de Guerrero, Arturo García Jiménez, después de que la presidenta morenista Claudia Sheinbaum Pardo expusiera en este municipio el sábado pasado las bondades del programa Alimentación para el Bienestar.

En declaraciones telefónicas, el también caficultor dijo que Alimentación para el Bienestar atiende de manera mínima el eslabón comercial de la cadena de producción del café y no aborda los otros elementos como el financiamiento, la producción y la productividad.

El gobierno federal busca acopiar mil toneladas de café en Guerrero, cuyas regiones principales de producción son la sierra de Atoyac y la Montaña, cantidad que se convierte en realidad en 500 toneladas “porque la mitad del café es cáscara”, sostuvo.

Para obtener un kilo de café soluble, como lo vende el programa Café para el Bienestar, se necesitan 2.8 kilos de café verde (de grano), lo que significa que el acopio total de café en Guerrero se convertirá en 178 mil 531 kilos de café soluble.

Como lo expuso Sheinbaum Pardo, el Café para el Bienestar se vende en las Tiendas para el Bienestar, las antiguas tiendas Liconsa, en frascos de 90 gramos. Serían 198 mil 413 frascos de café guerrerense, o sea, 7.9 frascos en cada una de las aproximadamente 25 mil tiendas en el país, calculó García Jiménez.

Pese a que la venta sea mayor al sumar la producción de otros estados, “eso no te ayuda a resolver el problema y si eso lo revisas en el impacto de los productores, aquí en Guerrero sólo se va a apoyar a mil 373 productores, pero con volúmenes pequeños”.

El asesor de la Coordinadora de Comisariados Ejidales y Comunales de Guerrero indicó que, en promedio, cada productor entregó 100 kilos al programa federal en la cosecha de 2025, esa cantidad multiplicada por 65 pesos, el precio al que lo compra el gobierno morenista, resulta en 6 mil 500 pesos de apoyo al caficultor.

“Eso habla de que, una, no hay café, y otra es que no puedes beneficiar a todo tu café, por ejemplo, si tú tostaras y molieras tu café y lo vendieras directamente a una cooperativa de consumidores, pues el kilo de café, en lugar de 65 pesos, te saldría en 100 pesos, yo lo he hecho”.

Los 65 pesos que paga el gobierno federal está por encima del promedio en el mercado, pero “no te impacta el total de la producción del productor y no reactiva la cadena de valor en su conjunto, lo que quiere el programa de Alimentación para el Bienestar es cubrir la demanda de sus almacenes”, señaló García Jiménez.

Indicó que actualmente el café tiene un buen precio a nivel mundial por distintas razones, entre ellas los aranceles del gobierno estadunidense de Donald Trump, la preferencia del café arábigo (de grano) sobre el soluble y la baja producción en países importantes como Brasil, Vietnam y Colombia a raíz de los efectos de los fenómenos meteorológicos.

No obstante, apuntó el caficultor, los productores guerrerenses tienen una producción y una productividad bajas, o sea, siembran poco y obtienen poca rentabilidad. En promedio un productor logra 800 gramos por planta, cuando debiera de ser al menos 3 kilos hasta 5 kilos, como ocurre en la comunidad de Río Verde.

Falta una política pública que impulse la productividad, el país exporta el café bueno, pero importa café de baja calidad como el que vende la empresa transnacional Nestlé, “eso habla de un gran desarreglo en la cadena de café, por eso decimos que el primer punto es un fuerte impulso al incremento de la producción y la productividad”.

El asesor de la Coordinadora de Comisariados Ejidales y Comunales de Guerrero, aseguró que los 168 mil quintales de café que reporta el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) como producción en Guerrero es falso, “no llegamos ni a 50 mil”.

Insistió en la crítica al programa Alimentación para el Bienestar porque “no sabe de la productividad, de la producción, no sabe de los problemas de la asistencia técnica, de financiamiento, del tipo de suelo, ellos nomás le compran al productor”.

De esta forma, al igual que en tiempos del Instituto Mexicano del Café (Inmecafé) en la década de 1970, el caficultor se desatiende del proceso de transformación y exportación, además de que el gobierno federal no promueve la creación de cooperativas, los funcionarios “no saben lo que es potenciar las capacidades y las experiencias”.

García Jiménez, quien participaba en una red de cooperativas que en 1985 facturaba anualmente 5 millones de dólares por las exportaciones, indicó que el apoyo directo al productor “lo que hace es como matar la iniciativa de la gente, su capacidad organizativaç2.

Un caficultor integrado a las Comunidades de Aprendizaje Campesino (CAC), del programa Sembrando Vida, recibe 6 mil 400 pesos mensualmente y debe tener por lo menos 4 mil plantas de café sembradas en el tiempo que dura el programa.

En promedio, un caficultor de Atoyac tiene cuatro hectáreas, pero muchas son subutilizadas. El asesor de campesinos propuso una campaña de fomento al consumo de café arábigo de grano.

Ramón Gracida Gómez