
Se pensaba que los humanos de hace 15 mil años llevaban a los gigantescos animales a pantanos o barrancas, pero el hallazgo de los arqueólogos del INAH demuestra que también construían zanjas para capturarlos.
Tultepec, Estado de México, 6 de noviembre de 2019. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dio a conocer ayer que, tras nueve meses de excavaciones, lograron recuperar en este municipio mexiquense más de 800 huesos de mamuts, los cuales corresponden a 14 de estos animales, y descubrieron que eran cazados en trampas, siendo la primera vez que se determina el uso de este tipo de construcciones para cazarlos.
El descubrimiento, que se dio a conocer en el Museo del Mamut, ocurrió el pasado 28 de enero en la comunidad San Antonio Xahuento, donde se realizaba una excavación para la construcción de un relleno sanitario.
“Los cazadores recolectores debieron excavar grandes fosas para utilizarlas como trampas, debieron de tener 25 metros de diámetro y 1.70 de profundidad (…) por los datos de la excavación y los datos sobre otros restos localizados en la zona se puede pensar que los cazadores recolectores excavaron una o varias líneas de trampa”, apuntó el arqueólogo Luis Córdoba Barradas sobre las dos trampas encontradas.
Agregó que las trampas se consideran únicas porque no se habían encontrado en México, y en el mundo es poco común hablar de ellas, “siempre se pensó que los arrimaban a los animales a que cayeran en pantanos, en barrancas, es decir, trampas naturales, pero aquí son excavadas específicamente”, indicó.

El reciente descubrimiento de un contexto inédito de cacería y destazamiento de mamuts, con una antigüedad aproximada de 15 mil años, “representa un parteaguas, una piedra de toque sobre lo que hasta ahora imaginábamos fue la interacción de bandas de cazadores-recolectores con estos enormes herbívoros”, expresó Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología del INAH, al dar a conocer esta “noticia de impacto mundial”, dada su trascendencia en lo que respecta a los estudios de la Prehistoria, particularmente de América.
Sánchez Nava refirió que este hallazgo cambia esa escena “azarosa” y “eventual” que los libros de texto manejaban sobre la caza del mamut: la de un animal al que se atacaba únicamente cuando caía en un pantano. Por el contario, las excavaciones en San Antonio Xahuento, demuestran el aprovechamiento del medio y la organización social alcanzados por los primeros pobladores de la Cuenca de México para emprender esta actividad de cacería.
Como antecedente de este hallazgo, el coordinador nacional de Arqueología recordó la exploración hace tres años, en ese mismo poblado (San Antonio Xahuento), de la osamenta casi completa de uno de estos proboscídeos, con la cual se inauguró hace un año el Museo del Mamut.
En tres de los perfiles expuestos en la excavación, Córdoba observó distintos huesos de mamut, pero lo que llamó poderosamente su atención fueron unos cortes verticales en la disposición de los estratos o capas. Se trataba de dos fosas con paredes de casi 90 grados, de 1.70 metros de profundidad y 25 metros de diámetro, que fueron utilizadas como trampas destinadas a estos proboscídeos.
El arqueólogo precisó que del sitio denominado Tultepec II, donde se ha trabajado durante casi 10 meses, se han recuperado 824 huesos, sin relación anatómica en su mayoría, correspondientes a 14 mamuts. Los restos de ocho proceden de las dos primeras unidades de excavación localizadas en la esquina suroeste del terreno; mientras que los vestigios de otros seis fueron rescatados al norte del mismo, en la tercera unidad de excavación.
Dentro de esas fosas, por debajo de los 3.50 metros, se han recuperado ocho cráneos, cinco mandíbulas, un centenar de vértebras, 179 costillas, 11 escápulas, cinco húmeros, además de ulnas (cúbitos de un hueso largo), pelvis, fémures, tibias y otros huesos “pequeños”.
Cauto, pero consciente de la trascendencia del hallazgo (solo existe el antecedente en Japón de trampas cónicas con 40 mil años de antigüedad, para mamíferos de mediano tamaño), Córdoba señala que posiblemente no sean las únicas trampas de mamut en el área. Gente de San Antonio Xahuento ha referido tres sitios próximos con más restos, por lo que se estaría ante una “línea de trampas”, estrategia que permitiría a los cazadores reducir el margen de error en la captura del ejemplar.
Un escenario de cambio climático
Para comprender a profundidad este descubrimiento, el arqueólogo abundó en los cambios del máximo glacial, al final del Pleistoceno, una época de gran inestabilidad climática en que los polos se congelaron ocasionando la bajada del nivel del mar en todo el planeta y ambientes más secos en varias regiones, caso de la Cuenca de México.
En ese sentido, las trampas prehistóricas de Tultepec fueron excavadas en la arcilla del fondo del lago de Xaltocan, hace aproximadamente 15 mil años, cuando sus niveles descendieron y dejaron expuestas grandes llanuras. Este fenómeno mundial coincidió con uno local: la gran erupción del Popocatépetl hace 14 mil 700 años, que motivó una gran movilización de animales y seres humanos hacia el norte de la Cuenca de México, donde la caída de ceniza volcánica fue menor.
Texto: Redacción / Foto: Twitter


