
Acapulco, Guerrero, a 11 de abril de 2025.- Es un “error básico” decir que el Estado ya no practica las desapariciones, porque en todas aparecen agentes estatales en alguna parte del proceso en el que “unos son los que se los llevan, otros son los que lo detienen, otros son los que lo pueden torturar, otros son los que los pueden desaparecer”, afirmó el experto en desapariciones, Roberto González Villarreal.
En entrevista el autor de los libros La desaparición forzada en México de la represión a la rentabilidad, e Historia de la Desaparición Nacimiento de una Tecnología Represiva, indicó que desde 1990 se vive una segunda “onda larga” de desapariciones en la que industrias criminales desarrolladas en colusión con agentes de los tres niveles de gobierno, “requieren mano de obra para sus diferentes procesos de producción, y esa mano de obra en parte se consigue a través de la desaparición forzada”.
Guerrero “es la cuna de la desaparición forzada” porque aquí surgió la primera “onda larga” en la década de 1960 contra los “enemigos” del Estado, y se expandió a otras entidades, explicó el profesor-investigador del doctorado en Política de los procesos socioeducativos de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) Ajusco.
El doctor en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) precisó por teléfono que la primera “onda larga” va de 1968 a 1991, y la segunda va de 1991 hasta la actualidad, “cada onda tiene sus diferentes etapas y periodos cortos, lo que llamamos las ondas cortas, cada etapa puede encabalgarse a partir de lo que ocurrió en la anterior o a partir de lo que ocurrió anterior, empezar a ver disminuciones”.
En las desapariciones de la primera onda, el centro es Guerrero y luego se expande a seis estados más con algunos cientos de desaparecidos, guerrilleros, urbanos, rurales, y luchadores sociales, crímenes perpetrados por el Ejército, la Policía Militar, la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS) y la Brigada Blanca.
Es una “una tecnología represiva, el objetivo central era reprimir, ¿a quién?, a los que el Estado consideraba como enemigos, ni siquiera adversarios, sino como enemigos o peligrosos”.
Dijo que “el momento clave de Guerrero es el 74, es el momento donde hay más desapariciones, después empiezan a disminuir las desapariciones allá y se trasladan y se expande la práctica a otros lados con otros sujetos”.
A finales de la década de 1980 en Sinaloa empiezan los registros de desaparecidos que, “no son luchadores sociales, no son nada, son los que están involucrados con las industrias criminales” que “persiguen la obtención de beneficios a partir de la producción, distribución, circulación y regulación del consumo de bienes y servicios ilícitos”.
Algunos desaparecidos de esa época son, ejemplificó, los que cambian los dólares y blanquean el dinero, “entonces ya no tiene nada que ver con la lucha social, tienen que ver básicamente con las industrias en cualquiera de las etapas que esto los economistas llamamos la rotación del capital, es decir, el momento en que se producen, se consumen las cosas”.
Cada etapa de la rotación del capital de las industrias criminales implica algún riesgo y una de las técnicas de control es la desaparición, entre las primeras víctimas del país están las jóvenes mujeres de la frontera norte por la explotación de parte de las industrias criminales.
Los objetivos de las desapariciones de la segunda “onda larga” son múltiples, desde el “castigo al contrario que se quiera apoderar de una plaza necesaria para la distribución de los bienes ilícitos, hasta los castigos de los propios como los cambistas, hasta el que más me conmueve, de las desapariciones que están orientadas a la conversión de un joven, de un adolescente en un sicario”.
Sin embargo, subrayó el integrante del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), las industrias criminales se han desarrollado por la colusión con agentes de los tres niveles de gobierno, el caso más claro es el ex secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna.
“La desaparición forzada nos está mostrando que hay un desarrollo de las industrias criminales que requieren mano de obra para sus diferentes procesos de producción, y esa mano de obra en parte se consigue a través de la desaparición forzada”.
Los funcionarios “construyen realidades, verdades e hipótesis para ya no buscar”
González Villarreal dijo que es un “error básico” de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y de sus replicadores sentenciar que las desapariciones son distintas, porque ya no las realiza el Estado.
Los funcionarios “construyen realidades, verdades e hipótesis para ya no buscar”, que pase el tiempo y desconocer dónde está la persona negando que ésta haya sido llevada, sino que está con el novio o se fue a otra parte.
Señaló que los agentes estatales aparecen en todas las desapariciones, las cuales hay que observarlas como procesos en los que “unos son los que se los llevan, otros son los que los detienen, otros son los que los pueden torturar, otros son los que los pueden desaparecer”.
Son agentes estatales de los diferentes niveles de gobierno, “y en cada caso es distinto porque esto no es una realidad nacional homogénea, sino que tienes diferentes expresiones locales que tendríamos que investigar”.
El autor del libro Ayotzinapa la rabia y la esperanza señaló que Guerrero “es la cuna de la desaparición forzada, el estado en el que surge, el estado en el que se desarrolla en la primera etapa y la segunda etapa, se vincula a casos tan emblemáticos como el de Ayotzi”.
La desaparición de los 43 normalistas en 2014 “era la primera vez que se mostraba con tanta claridad la colusión entre agencias criminales y agencias estatales en una desaparición en todo el proceso, desde el momento en que se los llevaron hasta el momento en el que intervino la presidencia de la República, la Fiscalía General, en la construcción de la ‘Verdad Histórica’ para ya no saber dónde están los desaparecidos”.
La construcción de la “verdad histórica” del entonces procurador Jesús Murillo Karam de que los estudiantes fueron incinerados y sus restos arrastrados por el río San Juan, “eso es la desaparición, la producción de incertidumbre de no saber dónde están”.
Ya no se combate la desaparición de personas, sólo se administra, advierte
Además de pedir la presentación de los desaparecidos, reflexionó González Villarreal, hay que cuestionar por qué se siguen perpetrando estos crímenes pese a la existencia de leyes e instituciones.
“Tenemos que poner atención a la producción de desapariciones, cómo se siguen produciendo desapariciones a pesar de todo esto, que (desde el Estado) ya no se lucha contra la desaparición, sino que se administran las desapariciones, entonces el problema fundamental parece ser tratar en regular las resistencias de los colectivos y no responder el problema de dónde están, y que ya no haya más desapariciones”.
Afirmó que en América Latina es “fundamental” el papel de los colectivos mexicanos para la conceptualización de la desaparición forzada, porque identificaron “un problema, decir que era un problema político en medio de muchas dificultades con los partidos políticos y con el Estado”.
Los colectivos también han aportado en la formación de estrategias de lucha, “la consigna vivos se los llevaron, vivos los queremos, es la consigna más esencial de la política porque se constituye desde el amor”.
El miércoles pasado, la presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), Rosario Piedra Ibarra declaró después de un homenaje a guerrilleros en Acapulco que en México hay desapariciones, pero no son forzadas, es decir, no participa el Estado, como antes.
La búsqueda de restos humanos, una “novedad muy reciente”
Sobre los cientos de cuerpos sin identificar en la fosa común del panteón municipal de Acapulco El Palmar que se publicó en El Sur el 24 de marzo pasado, el experto en desapariciones dijo que la correlación entre los cuerpos no identificados en los Semefos y las desapariciones, como las femidesapariciones en Chihuahua en la primera década de este siglo, es una hipótesis que podría explicar parte de las desapariciones.
Mencionó el caso de Brasil, donde se usaron fosas comunes para desaparecer los restos de algunos guerrilleros, “prácticas y las técnicas utilizadas por los desaparecedores brasileños y de los expertos médicos, psiquiatras, forenses que formaban parte de la desaparición”.
Planteó, no obstante, evitar establecer una relación muy directa entre desaparición forzada y disposición de restos porque “la consigna vivos se los llevaron, vivos los queremos, no tendría ningún sentido, sería la retórica, y no lo que entendimos, y una de las cosas que aprendimos desde los años 70, es a no enterrar a los desaparecidos, eso es lo primero que aprendimos porque si no, es como colaborar con la desaparición, de entrada”.
A finales de la primera década de este siglo fue cuando los familiares buscadores, principalmente las madres, empezaron a encontrar las primeras fosas clandestinas, por lo que es una “novedad muy reciente” la búsqueda de restos humanos.
González Villarreal indicó que las desapariciones tienen una dimensión territorial en el sentido de que “depende de la dinámica de las industrias criminales, depende de la constitución de los grupos colectivos, depende de las respuestas de las autoridades o estos factores se presentan en la aparición de esta nueva práctica, de estas nuevas demandas”.
El participante del Frente Nacional contra la Represión a finales de la década de 1970, insistió en la práctica reciente de colectivos que luchan contra la desaparición forzada pidiendo una identificación de cuerpos, “en los años 80, esto hubiera sido impensable”.
Texto: Ramón Gracida Gómez / Foto: Jessica Torres Barrera


