
Ciudad de México, 23 de agosto de 2021. Ni la tercera ola ni la variante Delta importan al abordar el transporte público en hora pico.
Los usuarios del Metro y Metrobús viajan apretujados, con ventanas cerradas, codo a codo y respirando el bochorno.
Salvo por las mascarillas que portan la mayoría de pasajeros, aunque no todos, la realidad adentro del transporte masivo de la Ciudad es la misma que antes de que el Covid-19 irrumpiera.
“Pero ¿qué hacemos?, no creo que haya alguien que no sea consciente de que esto puede ser un riesgo, pero así es aquí en el Metrobús, si te vas al Metro está peor, donde le busques ya da igual, nos tenemos que mover”, dice Norma Jiménez, en una fila de la estación Diana de la Línea 7 de Metrobús.
Y tiene razón cuando habla del Metro.
“Sí, la gente ya relaja las medidas, he visto esto cada vez más, pero no puedes obligar a la gente a que no hagan esto y a que hagan lo otro, lo que deberíamos”, expresa Angélica, quien lleva doble mascarilla y una careta.
Ella señala a una vagonera, una joven de alrededor de 18 años sin cubrebocas, quien grita para anunciar sus productos y al final tose, escondiendo parte de la boca en la blusa, pero sin alcanzar a taparse por completo.
Angélica resume la nueva realidad en el Metro: trabajadores, policías y sobre todo los usuarios ya relajaron las medidas.
En la primera ola había filtros y los policías pedían a la gente usar cubrebocas, utilizaban megáfonos o se les acercaban. Ahora faltan los agentes y las taquilleras, quienes no llevan mascarilla o la portan en el cuello.
El megáfono sólo sirve para pedir el libre cierre de puertas en las líneas 1, 2 y 3, que concentran casi la mitad de los usuarios del Metro, es decir, un millón 200 mil de los 2 millones y medio diarios que traslada toda la red, según los datos más recientes del Sistema.
“Todavía hasta hace tiempo (la segunda ola) sí pagaba Uber, pero el dinero no da. Agarro mi doble cubrebocas, me pongo mi careta y me persigno”, dice Angélica mientras mira con nerviosismo a la vagonera.
Si los usuarios tienen suerte, encontrarán las ventanas abiertas. Pero también habrá trenes como el 289, que a las 8:00 horas del martes viajaba con casi todas cerradas en la aglomerada Línea 3, con dirección a Universidad.
“Yo casi no salgo, sólo ahorita que vine por mi compu, pero los que todos los días lo usan (el transporte), supongo que ya se resignaron”, expresa Norma antes de abordar una unidad de doble piso del Metrobús.
Texto: Amallely Morales / Agencia Reforma


