11 mayo,2025 9:15 am

Desmonta libro mandatos tradicionales de maternidad

Ciudad de México, 11 de mayo de 2025.- La maternidad feminista es la maternidad deseada, expresa Catalina Ruiz-Navarro, periodista y activista feminista colombiana, radicada en la Ciudad de México desde hace más de una década.

“Que tú tengas una maternidad deseada implica una serie de condiciones a tu alrededor: que tengas autonomía, libertad, acceso a una educación sexual, acceso a derecho al aborto, a los anticonceptivos, a tener unos honorarios”, explica en entrevista.

La autora de Deseada. Maternidad feminista (Grijalbo) profundiza en el libro en las complejidades de ser madre desde una óptica que desafía las narrativas tradicionales y aboga por una vivencia de la maternidad plena y deseada.

“Hay toda una serie de precondiciones que son los derechos por los cuales estamos luchando las feministas para que cualquier persona que quiera ser madre pueda serlo en unas condiciones dignas y justas”.

Artista plástica y filósofa de formación, Ruiz-Navarro tiene una trayectoria marcada por la visibilización de las luchas feministas latinoamericanas. Urge sobre la importancia de compartir los trabajos de cuidado de los hijos.

“La maternidad a veces se ve como ‘ah, bueno, es tu decisión ser madre’, ‘que asuma lo que le toca por tomar esa decisión’, sí, puede ser una decisión personal que yo haga como plan de vida, pero resulta que esa decisión y ese trabajo que estoy haciendo también beneficia a toda la sociedad, gracias a que yo estoy criando a mi hija, y ella va a ser una persona funcional en la sociedad, va a tener un trabajo y gracias a que va a empezar a pagar pensión, tú te vas a pensionar”.

¿Cómo puede el feminismo transformar la visión y la experiencia de la maternidad?
Yo creo que una cosa muy importante que ha hecho el feminismo hasta ahora es desromantizar la maternidad, Antes se nos decía que era algo instintivo, que tu cuerpo sabe solito que hacer, como algo bello, y creo que el aporte feminista ha sido señalar esas partes oscuras y difíciles que se prestan para convertirse en opresiones en la maternidad.

También creo que en este punto tenemos que empezar a pensar en soluciones, porque no nos conviene quedarnos en que la maternidad es muy dura, porque lo es, pero tenemos que empezar a ver cómo se empiezan a hacer políticas públicas que protejan los derechos de las madres, cómo lograr que tengamos las labores de cuidado más equitativas, en donde no estén las madres solas con estas cargas, sino que pueda haber una crianza colectiva, y eso pasa por una infinidad de cosas, desde la arquitectura hasta la economía, las leyes.

En Latinoamérica teníamos unos sistemas de, por ejemplo, hogares multigeneracionales, en donde los abuelos cuidaban, en donde había unas flexibilidades, que ahora no son posibles en las ciudades con apartamentos de una habitación, pero sí creo que una cosa importante, un rol de feminismo, es que nos pensemos esos obstáculos de la maternidad en términos de que tiene que cambiar la política pública para que la maternidad no siga siendo cada vez una carga más grande.

¿Cuáles son los mitos o las ideas más nocivas que aún persisten sobre la maternidad?
Lo primero es que a mí me gustaría que la maternidad dejara de ser una identidad y fuera un verbo, un oficio, un trabajo que uno hace, un compromiso que se adquiere, que se renueva constantemente.

Hablar de maternar me parece muy útil, porque cualquiera puede maternar, una persona no binaria, una persona trans, una mujer, tu abuela te materna, tu tía te materna también. Es un compromiso. Me parece que, además, definiendo la maternidad desde una acción, ofrecemos una forma de dignificar las maternidades adoptivas, por ejemplo, donde no hay un vínculo genético o de procesos biológicos.

Me parece también importante separar embarazo-parto y el ejercicio de maternar para que podamos entender que esto no es una cosa instintiva, biológica, sino que es más una construcción social.

Hemos dicho mucho que la maternidad es un instinto, pero resulta que todos los seres humanos –hombres, mujeres, gestantes o no– que se involucran en el cuidado de un bebé van a tener cambios en su cuerpo, en sus niveles de hormonas. Los hombres también tienen cambios biológicos cuando empiezan a hacer el cuidado de un niño. Entonces, eso que llamamos instinto es una respuesta biológica de cualquier ser humano al cuidado, y si entendemos que es algo que puede hacer cualquiera, logramos que no quede todo el peso impuesto en las madres, que están muchas veces haciéndolo muy solas y con unas cargas injustas.

También me gustaría advertir que sospechemos de todos estos discursos que vienen en todos los tonos, en todas las esquinas, médicos, económicos, culturales, en donde nos están poniendo a las madres a hacer cosas que ponen en riesgo nuestra salud, nuestra salud mental o que nos aíslan del mundo, nos encierran en lo privado, nos dejan por fuera del trabajo asalariado, porque muchos de esos discursos suenan muy bien intencionados, como por ejemplo: ‘deja de trabajar tres años para que disfrutes a tus hijos en sus primeros años’, ¿pero qué pasa si tú haces eso?, que cuando tú quieras volver a trabajar, tres años después, no vas a estar en el mismo punto profesionalmente en donde estabas, porque vas a tener que irte años atrás.

Integrar a los hombres en trabajos de cuidado
En un libro previo, Las mujeres que luchan se encuentran. Manual de feminismo pop latinoamericano, Catalina Ruiz-Navarro ofrecía una hoja de ruta sobre los debates contemporáneos del feminismo. “Sobre la maternidad quería esperarme a tener la experiencia para escribirlo”, confiesa.

Su embarazo en 2020 –en plena pandemia– marcó el inicio de un proceso de reflexión que se materializó en las páginas de Deseada…, un periodo simultáneo al crecimiento de Volcánicas, la revista virtual dedicada al periodismo de perspectiva feminista que dirige.

¿Cambió tu visión sobre la maternidad después de ser madre?
Yo siento que la maternidad me hizo más feminista, me triplicó el feminismo. Siento que todas mis luchas feministas se hicieron más personales, pensando en lo que puedo hacer por mi hija, pero también sé que eso no basta. También hay violencias que yo no voy a poder alcanzar, y lo único que yo voy a hacer es comprometerme en trabajar por un mundo más justo, en donde una niña que está a salvo no sea porque tuvo una protección excepcional sino porque las niñas ya no están en peligro.

Pienso mucho en esta crisis de la masculinidad en donde los hombres estaban en crisis porque ya todos los discursos que le daban sentido a su masculinidad entraron en crisis. Muchos hombres lo que han hecho es redoblar su machismo tratando de encontrar un sentido, pero yo quisiera invitarles a que encontraran sentido en el cuidado. El cuidado es un trabajo hermoso, que da mucha satisfacción y felicidad y que le da a uno un lugar en el mundo, en donde uno llega a sentirse necesario y sentir que uno está construyendo con otras personas algo mejor.

¿En quién debe recaer más este cambio, en el Estado, los hombres, las mujeres..?
Necesitamos que el Estado y los hombres participen en esto. Las mujeres estamos ahogadas de trabajo, y no tenemos más tiempo, estamos exhaustas (con jornadas dobles, triples). Ya tenemos esto superdiagnosticado.

Necesitamos un Estado que entienda que lo que las madres estamos haciendo lo sostiene todo. Te lo pongo en los términos fríos de la economía: estamos criando y formando el capital humano, que es el centro de cualquier economía. Sin el trabajo que nosotras estamos haciendo, no habría pensiones, no habría votantes, consumidores, ciudadanía. No habría un país, no habría soldados, no habría absolutamente nada, y sin embargo parece que es un trabajo que ocurre en los márgenes.

Cuando uno habla de cosas como la renta básica universal, dicen: es que no hay plata para eso. Hay plata para pagarle un sueldo a un soldado por pararse un día entero al sol con un arma, sin hacer absolutamente nada, pero no hay plata para un subsidio a una madre para que pueda maternar en condiciones dignas y hacer ese trabajo sin el cual el Estado simplemente no existe. Eso es absolutamente absurdo.

Creo que tiene que haber un cambio en nuestras prioridades y valores.
Conózcala
Catalina Ruiz-Navarro
– Feminista y periodista colombiana

– Cofundadora y directora de la revista de periodismo feminista Volcánicas (volcanicas.com)

– Creadora y directora del taller de formación en feminismo para jóvenes creadoras de contenido digital latinoamericanas, Creadoras Camp (creadorascamp.org).

– En 2019 publicó el libro Las mujeres que luchan se encuentran: manual de feminismo pop latinoamericano.

Texto y foto: Agencia Reforma