
Acapulco, Guerrero, 28 de febrero de 2022. Al cumplirse dos años del inicio de la pandemia de Covid-19 en México este domingo, en el país continúan desarrollando seis candidatos a vacuna, pero el escaso financiamiento, la ausencia de laboratorios especializados para la producción de los antígenos y la aparición de nuevas variantes del SARS-CoV-2, han sido los principales obstáculos a los que se han enfrentado los científicos que entraron en la carrera por la vacuna mexicana.
“Aunque a lo mejor suena desalentador que nuestra vacuna no esté en humanos como queríamos, pero sí hemos creado toda una infraestructura y un camino que es indispensable para que en un futuro sí lo logremos. Lo que yo considero más valioso de este proyecto es que se ha estado creando este camino que se requiere para el desarrollo de vacunas en México”, sostuvo Laura Palomares Aguilera, directora del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en una entrevista con Milenio.
Una profunda decepción sacudió al doctor en biotecnología José Manuel Aguilar y a su equipo, cuando fueron notificados de que no lograron obtener un financiamiento internacional que permitiría continuar con su prometedora vacuna mexicana de ácidos nucleicos contra Covid-19, y los inversionistas privados tampoco quisieron arriesgar su capital.
La vacuna mexicana de ADN
El más joven científico que lidera un consorcio para la producción de una vacuna mexicana contra el SARS-CoV-2 es José Manuel Aguilar de 40 años.
Su proyecto inició como una iniciativa sin fines de lucro llamada Jonas Salk, que motivó la fundación del Instituto Gould-Stephano, creado junto con sus colegas de la Universidad Autónoma de Baja California, Julio Enrique Valencia Suárez y Manuel Alejandro Carballo, que inicialmente recibieron recursos (insuficientes) de la Agencia Mexicana de Cooperación para el Desarrollo (Amexcid) gestionados por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).
“Lo más retador fueron las pruebas preclínicas en animales, estos estudios son costosos, logramos concluirlo con éxito y ya tenemos un candidato a vacuna de una tecnología que se conoce como ADN. Es una nueva generación de vacunas con plataformas que van a tener esta tendencia biotecnológica”.
El equipo ya había tomado impulso cuando tuvo que desacelerar en esta carrera, ante la falta de patrocinador. Requieren 1.2 millones de dólares para iniciar los ensayos clínicos de Fase 1 y 2 en humanos.
Vacuna recombinante del Cinvestav
La doctora Beatriz Xoconostle Cazáres del Departamento de Biotecnología del Cinvestav y un equipo multidisciplinario desarrollan una vacuna recombinante para prevenir o mitigar la infección por el virus, que ya pasó la fase de estudios preclínicos en animales, pero tampoco consiguieron los recursos para avanzar a las siguientes etapas.
“Contamos con un antígeno seguro que hemos demostrado en las conclusiones preclínicas, que es capaz de desencadenar una respuesta inmune que protege a nuestros animales de laboratorio; sin embargo encontramos cuellos de botella importantes en México para poder llevarlo a una base de aplicación inmediata”, dijo Xoconostle Cázares.
UNAM, en la carrera
La UNAM tiene dos candidatas: una es la vacuna recombinante IIB-rMP9, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, que desarrollan la científica Edda Sciutto y su colega Juan Pablo Laclette, que actualmente se encuentra en una etapa crítica de los estudios preclínicos en animales, por lo que pidieron a esta reportera esperar los resultados, antes de conceder una entrevista.
Por su parte, el Instituto de Biotecnología de la UNAM, bajo el liderazgo de la doctora Laura Palomares y el doctor Tonatiuh Ramírez, reformularon su candidata vacunal por tercera ocasión y aún se encuentra en fase experimental.
La primera estaba basada en el despliegue de epítopos en partículas virales recombinantes; para su segunda edición usaron un coadyuvante desarrollado en el IMSS, que finalmente dejaron de lado, pero se aprovechó para el tratamiento con sueros equinos.
Quivax
En la carrera por la vacuna, Quivax, de la Universidad Autónoma de Querétaro, va más adelantada, aunque tuvo que ser rediseñada ante la aparición de las variantes de preocupación del SARS-CoV-2.
El doctor Juan Joel Mosqueda Gualito, con más de dos décadas de experiencia, encabeza el desarrollo de esta vacuna, una proteína quimérica recombinante, cuyos lotes de las dosis que se requieren para realizar la fase preclínica –para las pruebas en animales–, se comenzarán a producir por la empresa Neolpharma en Ciudad de México.
Hasta entonces, habían trabajado con 3 millones de pesos de recursos propios y, adicionalmente, financiamiento de Amexcid por más de 3 millones de pesos.
“La rediseñamos para que tuviera segmentos de las diferentes variantes, es una nueva molécula qué está compuesta de péptidos, son como secciones de la proteína de cada una de las variantes incluyendo la Alfa, Beta, Gama, Delta y la original de Wuhan. Había que empezar otra vez a producirla y demostrar que genera inmunogenicidad, ya para entonces nos aliamos con Neolpharma, un grupo mexicano que se interesó en nuestro desarrollo y firmamos un convenio de colaboración, a través de la rectoría”, relató Mosqueda Gualito, profesor de tiempo completo de la Facultad de Ciencias Naturales de la UAQ.
Texto: Redacción


