
En Guerrero, los primeros alcanzan los 21 mil 863 pesos en un promedio trimestral, y las segundas 15 mil 983. Con hijos, la brecha se amplía. Para la feminista María Luisa Garfias la desigualdad en los hogares es mayor porque las mujeres invierten más en cuidar a los hijos. La abogada de Tlachinollan, Neil Arias Vitinio, dice que en el campo la falta de empleo y la baja remuneración impiden a las madres indígenas tener una alimentación completa
Acapulco, Guerrero, a 9 de mayo de 2026.- La histórica brecha de ingresos en Guerrero entre los hombres y las mujeres se acentúa con la condicionante de los hijos. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) revelan que un mayor número de hijos acrecienta tres veces más la disparidad de recursos monetarios. Los padres tienen más y las madres tienen menos.
Consultadas al respecto, la feminista María Luisa Garfias Marín señaló que persiste la desigualdad dentro de los hogares porque las mujeres invierten más en los cuidados que los hombres. Y la abogada del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, Neil Arias Vitinio, subrayó que la falta de empleo y la baja remuneración en el campo causa que las madres indígenas no puedan lograr ni una alimentación completa.
La brecha de ingresos aumenta con más hijos
La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, la más reciente, muestra una disparidad de ingresos (salarios, transferencias, ahorros) entre hombres y mujeres. Los primeros alcanzan los 21 mil 863 pesos en un promedio trimestral, mientras que las segundas los 15 mil 983 pesos; una diferencia de 5 mil 880 pesos.
Cuando un hombre reporta tener un hijo, su ingreso promedio trimestral es de 28 mil 976 pesos. Y cuando una mujer reporta el mismo número de descendientes, su ingreso es de 19 mil 782 pesos, o sea, una diferencia de 9 mil 194 pesos, una disparidad de más de 300 por ciento en relación a la diferencia de los hombres y las mujeres sin hijos.
Y es que cuando las mujeres y los hombres no reportan hijos, ellas tienen un ingreso promedio de 15 mil 860 pesos y ellos de 18 mil 367 pesos, una diferencia de 2 mil 507 pesos, la más pequeña entre las distintas variantes de integrantes de una familia reportadas por el Inegi.
Las cifras se agudizan conforme el Inegi reporta más hijos. Con dos, los hombres tienen un ingreso de 30 mil 222 pesos y las mujeres de 18 mil 897 pesos; o sea, una brecha salarial de 11 mil 325 pesos. Con tres hijos, los hombres tienen ingresos de 24 mil 542 pesos y las mujeres de 11 mil 703; es decir, una diferencia de 12 mil 893 pesos.
La máxima brecha salarial es cuando hay cuatro hijos o más al alcanzar los 15 mil 837 pesos, debido a que los hombres tienen en promedio un ingreso trimestral de 26 mil 606 pesos y las mujeres de 10 mil 769 pesos.
El promedio del país refleja la misma tendencia de desigualdad. El ingreso de los hombres es de 36 mil 47 pesos y el de las mujeres de 23 mil 714 pesos, una brecha de 12 mil 333 pesos que se acrecienta a 20 mil 322 pesos cuando los hombres reportan cuatro o más hijos e ingresos de 37 mil 558 pesos, mientras que los ingresos de las mujeres son de 17 mil 236 pesos.
“De fondo” está la violencia hacia las mujeres: Garfias
Para reflexionar sobre estos datos y en general sobre las condiciones que viven las madres guerrerenses, Garfias Marín, recipiendaria de la presea Sentimientos de la Nación, indicó en entrevista telefónica la necesidad de discernir entre las madres que tienen un trabajo formal y las que tienen uno informal.
Las primeras cuentan con prestaciones laborales, como la guardería y la afiliación a una institución de salud, “condiciones totalmente diferentes” en relación a las segundas, quienes tienen que buscar cómo subsanar esas carencias sin un salario fijo.
Aun así, la trabajadora con un empleo formal, ya sea en la burocracia o en una empresa privada, sigue en una situación de “desventaja” frente a sus compañeros hombres porque la mujer es quien invierte todavía más en los hogares. “Es la que pone más dinero para los alimentos, para la ropa, para que la casa esté bonita, esté limpia, y a los hijos les invierte más a diferencia de los padres”.
En esta situación, expuso la también académica jubilada de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), “la madre se queda al último, muchas veces ni va al médico, ni se compra ropa, ni calzado, ni cuestiones de diversión, ni ejercicio, descuida su cuerpo, descuida su salud porque gasta más en los hijos y en las hijas”.
–¿Cómo ve, desde una perspectiva feminista, de izquierda, las actuales políticas públicas sobre las madres y qué haría falta?
–Si bien es cierto que ahorita hay pensiones para las madres solteras, pensiones para las mujeres de la tercera edad, becas para las estudiantes, etcétera, eso no soluciona toda una problemática que tiene de fondo la violencia hacia las mujeres, que es una violencia que está en toda la estructura.
Garfias Marín precisó: “son mujeres, que si bien tienen ciertos apoyos económicos con las becas, la situación de violencia se sigue presentando en sus hogares, en sus familias de parte del padre o de la madre hacia las hijas; de parte de la pareja; de parte de las propias instituciones cuando ellas van a buscar asesoría o van a pedir algún apoyo”.
Reconoció algunas políticas de los gobiernos de la autollamada Cuarta Transformación, como los Centros Libres para las Mujeres, pero insistió en la persistencia de la violencia en razón de la impunidad y de las instituciones que no realizan su trabajo de investigación sobre los crímenes, “hay una complicidad”.
La feminista enfatizó el problema de la falta de empleo bien remunerado para las mujeres pese a la accesibilidad a los estudios universitarios, lo que las orilla a buscar otras actividades para “complementar y llevar los recursos a su casa; desde ese momento ya es una violencia hacia las mujeres por el propio Estado”.
Es un ciclo de pobreza y violencia que se rompería no sólo con la ampliación de espacios, sino con “políticas para que las autoridades realmente funcionen, los que se encargan de estar apoyando los centros de salud, que haya medicinas, buena atención; las escuelas”.
Las campesinas ganan 100 pesos al día: Tlachinollan
La abogada de Tlachinollan Arias Vitinio, expuso que en las comunidades de la región indígena de la Montaña no hay empleo, por eso las madres solteras, normalmente sin tener siquiera siquiera la primaria completa, trabajan de peonas en el campo limpiando las parcelas, “y lo que obtienen al día son 100 pesos”.
Además, persisten las familias integradas por varios hijos debido a que las mujeres son juntadas con hombres a partir de los 12 años, “desafortunadamente entre más hijos, son más los gastos que se requieren”.
Sólo se cubren necesidades “muy elementales” como la alimentación, la cual, no obstante, es incompleta, “Si tienen suerte, una vez al mes pueden estar comiendo carne, pero justo porque no tienen ingresos que puedan cubrir”, indicó la defensora de derechos humanos.
Recordó que la Montaña es una de las regiones que más expulsan mujeres jornaleras hacia los campos agrícolas del norte del país, donde tienen una “triple jornada”: en la madrugada se levantan a trabajar, con suerte hay guarderías privadas para sus hijos; al regresar después de más de 8 horas de jornada laboral a las habitaciones, preparan la comida y atienden a los hijos.
“Sigue siendo una cultura machista en donde no vas a ver que sea el hombre que tenga que estar atendiendo, cuidando a los hijos, sino que todas las cargas laborales regularmente quienes las realizan son las mujeres”.
Las mujeres están expuestas a los agroquímicos que generan cáncer. Ningún inspector verifica las condiciones de trabajo, la detección de la enfermedad es tardía y no reciben directamente el dinero que ganan porque las empresas se lo dan a sus esposos.
Muchas mujeres de la Montaña, particularmente los municipios más marginados Cochoapa el Grande, Metlatónoc y Acatepec, puntualizó Arias Vitinio, no son beneficiarias de los programas federales porque sus documentos, como el acta de nacimiento o la CURP, presentan errores y no están “en regla” conforme a los lineamientos oficiales.
Por otro lado, muchas beneficiarias enfrentan el escenario en el que sus maridos les quitan el dinero para comprar alcohol, “eso es muy común en las comunidades”, además, la cantidad del apoyo no es suficiente y se mantiene la “violencia estructural” por la falta de educación y de salud, sostuvo la abogada de Tlachinollan.
Ramón Gracida Gómez


