29 febrero,2020 9:46 am

El arte sólo cobra sentido cuando tiene una causa social, afirma el artista plástico “Cloro al Oleo”

Para Ernesto Miguel Carbajal Morales es una herramienta muy necesaria para reconstruir el tejido social, “diría que es una pequeña lucecita en un vasto universo oscuro”.

Chilpancingo, Guerrero, 29 de febrero de 2020. Ernesto Miguel Carbajal Morales, Cloro al Oleo, encontró en la pintura una forma de salir de la pobreza, de expandir sus fronteras intelectuales y de incidir socialmente, de ayudar. El arte, dice, te abre los ojos, te permite ser crítico y disfrutar de la belleza del mundo.

En entrevista en su centro de artes Punto Continuo relata que tiene imágenes clavadas en la mente de cuerpos desmembrados que ha visto debido a la violencia desatada en la llamada “guerra contra el narco”, y los plasma.

En Chilpancingo hay decenas de murales de su autoría, principalmente de temas costumbristas, incluso en el gremio bromean con que en la ciudad, “por cada cinco casas hay un mural del Cloros”.

Tiene 30 años y una prolífica carrera, dibuja desde que tenía 8 y vive del arte desde hace 10. En su adolescencia fue perseguido por la policía, como muchos de su generación, por hacer arte urbano, ya que gustaba de grafitear paredes de manera ilegal.

“Vengo de una familia humilde, asistí de niño a talleres al Casino del Estudiante porque eran gratuitos, había talleres en Difusión Cultural y en la pinacoteca de la UAG (Universidad Autónoma de Guerrero) pero tenían algún costo y no lo podía pagar”, comenta como los inicios de su formación.

Después, ya con un empleo, pudo pagar cursos en la UAG y aprendió de los reconocidos maestros Jaime Tomatzin, quien falleció hace un par de años, y de Jesús Anaya Roque. Además, ingresó como parte de la primera generación de la Escuela de Artes, también de la Universidad.

“Un llamado, algo del yo, como un grito de ‘acá estoy, existo’”

En la secundaria, a los 13 años, “me encuentro con el graffiti y ya traía lo de la pintura, así que se compaginan. Hacía cosas ilegales, salía a las calles, mi seudónimo era Cloros, que es un vocablo griego que significa verde claro. Me encanta ese color”.

En su etapa de artista urbano, relata, “tuve muchos problemas con mi familia, con mi papá, con las autoridades, caí a barandillas un par de veces por grafitear de manera ilegal. Los policías nos trataban como delincuentes, no se veía tanto la violencia del narcotráfico pero que estuvieras grafiteando era un delito, te montaban a la patrulla. Se estigmatizó a los artistas urbanos”.

Aprendió “de un tipo al que le decíamos Ochoa, estuvo en Estados Unidos un rato y trajo el grafiti, se trataba de armar tu crew, reunirse y taggear, una forma de marcar tu paso por un lugar equis, por una calle, un edificio, era un llamado, algo del yo, como un grito de ‘acá estoy, existo’. Así lo veo a la distancia porque entonces no lo entendía así, sólo llegaba y ponía mi placa para que la banda dijera, ‘este wey se rifó’ en un edificio grande o muy iluminado, era como una locura”.

“Después de que caigo a barandillas, tenía entre 13 y 15 años, mi papá me dijo que me iba a sacar de la escuela si iba a seguir así, que me iba a poner a trabajar, tuve muchos problemas. Le dije a mi papá: me gusta el arte, y me respondió que me iba a apoyar pero que hiciera cosas bien hechas, murales, pintura. Entonces empecé a pedir permiso en las bardas con otros camaradas y empezamos a hacer trabajos más elaborados”.

“Me puse a investigar de los movimientos artísticos, del muralismo, de la historia del arte en Internet. Me puse mucho a leer, me atrapó el movimiento surrealista, con Salvador Dalí, André Bretón”.

“Me di cuenta de que el arte no sólo se trataba del graffiti en las calles, sino que había grandes expresiones y escuelas en todo el mundo, me adentré en el muralismo mexicano y me empezó a llamar mucho más la atención el arte. Entonces supe que había que tener estudios, una temática, buscar tu técnica, el manejo del color, y me metí a tomar talleres”.

“El maestro Tomatzin me abrió mucho las puertas, me impulsó para seguir en esto, me decía que estaba bien mi trabajo, pero que apenas estaba en gestación”.

La búsqueda de un lenguaje y la reciprocidad de lo cotidiano

A pesar de que su obra más conocida es la que trata temas de las costumbres de la región como danzas, gastronomía, y el folclore alrededor del jaguar y otras deidades prehispánicas, Ernesto Carbajal está en busca de su propio estilo.

“La intención de buscar mi lenguaje es un reto personal, tenemos muy pocos artistas que lo han logrado y que se nota en su obra. Más allá de hacer lo comercial, tenemos el compromiso de encontrar nuestro propio lenguaje, porque si logro descubrirlo el espectador ahí podría encontrar algo sustancial”, considera.

“Lo mío es la anatomía humana, los cuerpos, mi obra es reconocida por el folclore, pero si volteas la cara de la moneda verás que he trabajado mucho en la desintegración, segmentación del cuerpo humano, y tiene mucho que ver con la situación del país, mientras fui creciendo para llegar a adulto me tocó ver descuartizados, ver muertos, cuerpos destazados en la colonia envueltos en bolsas negras. Esto no es porque quiera hacer una apología, sino que ahí está, es parte de la realidad, he querido pintar otra cosa, pero son imágenes que me invaden y no quedo satisfecho si no plasmo el cuerpo.

“He escuchado a muchos artistas que en su papel de artistas dicen que lo único que les importa es pintar, pero ahí hay un grave error, tenemos que tener una causa social, si esta visión que tengo del mundo puede ayudar, la comparto”.

“Sobre todo me gusta compartir el conocimiento a la gente que viene de la nada, a la clase más baja, a la gente más humilde como yo, que estuve cegado por mucho tiempo, pero de repente te encuentras con el mundo del arte y te quita el velo, ya puedes ver el mundo de una forma crítica, de una forma bella.

“Es difícil en las circunstancias de violencia y pobreza mostrar la belleza del mundo, porque se ve sepultada entre tanta noticia y chismes de las redes sociales. Es difícil que brille el arte, pero es una herramienta muy necesaria para reconstruir el tejido social, diría que es una pequeña lucecita en un vasto universo oscuro”.

Punto Continuo

Si bien tiene claro que el arte es necesario para el desarrollo pleno del ser humano, reconoce que es difícil vivir de ello, por eso nace el centro de artes Punto Continuo, que se inauguró el 21 de octubre del año pasado.

Participan junto a Ernesto Carbajal, Hugo de la Rosa, Ricardo Guzmán El Froster y Fany Salmerón, “es un centro de artes visuales, un espacio para desarrollar la pintura, serigrafía, grabado, escultura, fotografía, tenemos la galería Jaime Tomatzin que fue maestro de todos, nos formó”.

Ofrecen talleres de artes plásticas, de grabado, hacen presentaciones de libros, conferencias y cuentan con una biblioteca.

“Me apasiona tanto el trabajo que hago por encargo como cuando hago lo mío. Me gusta la libertad de buscar mi lenguaje plástico, pero también el reto que me ponen los trabajos pagados”.

Texto: Rosendo Betancourt Radilla /Foto: Jessica Torres Barrera