13 septiembre,2025 9:22 am

El arte visibiliza a personajes y hechos excluidos de la historia oficial, subraya el coreógrafo Serafín Aponte

Creador de Yanga… resistencia negra en México, el reconocido bailarín guerrerense dice que es hora de recuperar a figuras como Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, o masacres como la de Aguas Blancas, “para reescribir la historia” con el lenguaje de la danza, el teatro, la música. Convencido del arte que sirve para “generar reflexión”, resalta que “la falta de una política cultural afecta la sobrevivencia de proyectos independientes, como su propia compañía, que este año cumple un cuarto de siglo “de navegar sobre viento”

El Sur / Ciudad de México, 13 de septiembre de 2025. La gran posibilidad que tienen los artistas “que nos comprometemos con un arte que no omita acontecimientos olvidados” es que sea un vehículo para visibilizar personajes o acontecimientos históricos excluidos de la historia oficial y “que eso nos pueda crear conciencia y generar reflexión”, dice Serafín Aponte, coreógrafo y bailarín guerrerense.

Aponte, nacido en 1963 y originario de Chilpancingo, charla con El Sur a propósito de los 25 años de la Compañía Serafín Aponte Danza y los 26 años de la puesta en escena Yanga… resistencia negra en México, una coreografía original del también docente de danza contemporánea que rescata historia y cultura afromexicana a través de la lucha de Yanga, líder esclavo que fundó el primer pueblo libre de América en Veracruz.

Con este espectáculo de Aponte se clausuró el Festival de Danzas Negras, organizado por la Coordinación Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) durante todo el mes de agosto en sedes de Veracruz, Oaxaca y Ciudad de México.  El último acto del festival incluyó la develación de una placa conmemorativa por los aniversarios de la compañía del artista guerrerense y de Yanga…

La obra ha tenido un largo proceso. “Es bueno porque las puestas en escena van madurando, afianzándose, se van aclarando en el mensaje”, comenta Aponte. En 1996 presentó la primera propuesta, que tenía un carácter más teatral, en Nueva York, junto con Ana González, coreógrafa y dramaturga.

Luego Serafín se regresó a México e hizo su propia versión sobre Yanga, en 1999, y la estrenó en la Feria del Libro Infantil y Juvenil, realizada entonces en el Teatro Raúl Flores Canelo del Centro Nacional de las Artes.

“En un principio tenía un carácter muy didáctico. Intentaba que la gente ubicara esta importante historia de nuestra conformación también como república. Como un movimiento no visibilizado dentro de la historia oficial, pero fundamental para entender después los movimientos de Independencia y Revolución”, explica.

Le interesaba que fuera un espectáculo muy atractivo para el público. Que disfrutara de la danza y entendiera que este arte puede contar, a través de su propio lenguaje, la historia.

Resistencia y negritud, una historia contada con danza

Desde que conoció la vida de Yanga se sintió atraído hacia el personaje. Serafín fue bailarín de danza contemporánea y, antes, bailarín de folclor. Tuvo mucha cercanía con el ámbito cultural tradicional de Guerrero, donde vivió toda su infancia y adolescencia.

Aunque Yanga, expone, “tiene que ver con Veracruz, me parece que en los ámbitos donde existe población negra como en Guerrero, hay muchas similitudes. Lo que hice fue retomar esta historia: que en los siglos XV y XVI un negro se levantara en armas, se rebelara.

“Primero huyó y fue cimarrón. Pero después se le unieron otros más y ese movimiento se convirtió en una gran revuelta en Veracruz. Se enfrentaron a representantes de la Corona española, en el Virreinato. Fue un movimiento que él sostuvo durante más de 30 años, y la Corona consideró que era un peligro que se extendiera y se convirtiera en una gran rebelión en la Nueva España. Yanga aspiraba a tener un pueblo libre”.

En 1609, el movimiento encabezado por Yanga logró pactar con las autoridades de la Nueva España la fundación de San Lorenzo de los Negros –que actualmente se llama Yanga– en Veracruz, bajo la condición de que no se diera asilo a otros negros esclavos que escapaban. Para los estudiosos afroamericanistas, fue el primer pueblo libre de América.

Aponte quiso, desde hace más de dos décadas, visibilizar un acontecimiento tan importante. “Lo que yo realicé es una ficción desde que él está en su hábitat en África. Sucede la esclavitud, el traslado. Eso transformó la economía de esta región porque los esclavizados venían como fuerza de trabajo, pero también transformó la tradición de la lengua, la cocina, una serie de cosas. Todo eso lo planteo en la obra. Y propongo cómo fue el encuentro con pueblos originarios. Luego, la rebelión”.

El coreógrafo recuerda que durante muchos años en México no se habló de la afrodescendencia. En los noventa entró a un seminario de cultura negra que la vinculaba con la danza en la UNAM; esta experiencia reafirmó su visión y se convirtió en una parte fundamental de su proyecto de investigación y creación.

“Titulé Yanga… resistencia negra en México porque es importante entender que ha sido un proceso de resistencia”, remarca. La obra ha tenido varios remontajes. Por temporadas, la ha soltado. En 2015 la presentó en el Centro Morelense de las Artes y en 2023 volvió a la escena para festejar más de 40 años de actividad artística. Ahora, para conmemorar el aniversario de su compañía, a la clausura del Festival de Danzas Negras llevó una nueva versión al Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque. Renovó la iluminación, el vestuario y, en general, toda la producción.

Guerrero siempre ha sido “un punto convulso”

–Usted nació en los sesenta en Chilpancingo. ¿Qué formación social tuvo, que está presente en sus obras?

–El 68 fue muy importante en Ciudad de México, pero en Guerrero ya acontecían movimientos universitarios muy fuertes, masacres. La creación misma de la Universidad Autónoma de Guerrero provocó una confrontación entre militares y estudiantes, y a partir de ahí lograron la autonomía universitaria. Esas cosas, aunque yo era pequeño, las vivía en el día a día, en las conversaciones de adultos que escuchaba, en las calles. Guerrero siempre ha sido un punto convulso a nivel social y político. Toda mi formación, hasta los 20 años, cuando me trasladé a Ciudad de México, la viví en Guerrero. En la universidad estudié economía también.

En ese periodo, continúa, “comencé a tomar conciencia social. En los ochentas supe que me quería dedicar al arte y la danza. Sabía de los movimientos en Centroamérica, con el sandinismo, todo lo que acontecía en el sur, en Chile. También lo que llegaba de información de la Revolución Cubana. Todo eso, en un ambiente universitario, va permeando una visión nacional y latinoamericana, incluso los actos represivos en los mítines y marchas”.

Serafín se incorporó al grupo Barro Rojo, compañía mexicana de danza contemporánea, de la que fue uno de los fundadores en 1982. En el inicio fue un proyecto universitario con visión social.

“Fue el lugar preciso y específico –recuerda– donde yo sabía que mi actividad era congruente con lo que pensaba”. Barro Rojo fue fundamental “para el desarrollo de la danza en el país. Cuando el gobierno del estado retiró el presupuesto de la Universidad de Guerrero a fines del 83 y todo el 84, nos tuvimos que trasladar a la Ciudad de México con Barro Rojo.

“Veníamos realizando las mismas actividades de carácter comunitario, social. Ganamos un premio en 1982, lo que nos colocó en la mira dentro del ámbito de la danza contemporánea y nacional. Estaban surgiendo los grupos independientes en México y yo soy parte de ese proceso.

“Vamos a cumplir 40 años del terremoto del 85, de esa terrible tragedia, y vamos a hacer actividades en un encuentro callejero organizado por Barro Rojo, del que ya no soy parte”, añade. Sin embargo, apunta, siempre intenta estar vinculado a través de su propia compañía. No se puede deslindar, ni quiere, de ese momento clave en su vida que lo transformó radicalmente.

La falta de política cultural mata proyectos independientes

–Su formación explica el contenido social de sus obras.

–Eso ha marcado toda mi trayectoria. Por eso esta obra, Yanga…, ha sido fundamental: en los últimos años, el tema es parte de la agenda nacional, desde el 2019, que se reconoce en la Constitución la existencia de los pueblos negros también como pueblos originarios y sus derechos. Me he vuelto un activista y, en cierta forma, un creador afroamericano.

–Está festejando 25 años de su compañía. ¿Cuáles han sido los momentos más difíciles, como artista independiente?

–Los vaivenes muchas veces tienen que ver con los procesos políticos y gubernamentales. La falta de política cultural. Eso dificulta mucho que nuestros proyectos sobrevivan como grupos independientes. Estos 25 años de Serafín Aponte Danza han sido navegar sobre viento. No ha sido fácil. Muchas veces he tenido que reinventar y volver a plantear. Ir generando obra ha sido también parte fundamental para mi crecimiento artístico; me ha permitido tener una plataforma importante de seguir investigando y creando.

Pero las condiciones económicas, reconoce, “no son para nada adecuadas. Más cuando tienes un proyecto como Yanga…, en el que hay más de 20 bailarines: es un espectáculo que tiene un gran potencial en escena, de mucha energía, y se requiere de muchos intérpretes que cumplan con el cometido.

“Si lo vemos dentro del carácter neoliberal, tendríamos que estar generando dinero como una empresa. El arte sí tiene las capacidades de venderse, pero no todo el arte cumple con esos fines. Yanga…, por ejemplo, tiene un carácter de mensaje social y político. No tan fácilmente las empresas apoyan este tipo de obras. Aunque les gusta mucho por la cuestión exótica, porque aborda la parte afro.

“La compañía, pese a todo, sigue presente, y la obra cumple 26 años: hablar de más de un cuarto de siglo ya es muy importante”, celebra.

“Reescribir la historia y compartirla”

Como Yanga, personajes guerrerenses han revolucionado la vida social y política de México: Vicente Guerrero, Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, por mencionar a tres emblemáticos. Aponte considera que la historia debe reescribirse “para que se incluyan personajes y acontecimientos, ya que estamos en el supuesto de que tenemos un gobierno de izquierda y de alguna manera está renovando también la educación nacional. Reescribir la historia y compartirla”.

–Al menos ya se habla de personajes como Yanga o Cabañas.

–Si los incluyes en la historia oficial y hablas de la guerrilla de Lucio Cabañas, se vuelve muy revolucionario el asunto. Eso habla en concreto de la desigualdad que ha existido en este país, de la pobreza. Y también de la conciencia que se adquiere de las luchas donde se arriesga la propia vida.

Aparte de los personajes, Aponte cita ciertos hechos, como Aguas Blancas, en Guerrero, “donde campesinos fueron masacrados solamente por reclamar su derecho a la tierra. Creo que es muy importante que el arte cumpla esa función. Si no está escrito en la historia, que se visibilice a través del arte, con la danza, el teatro, la música. Y generar el espacio sensible de comunicación que genere conciencia a través la percepción estética.

“Esa es la gran posibilidad que tenemos los artistas que se quieren comprometer con un arte que no omita acontecimientos importantes, que no sea un arte de diversión solamente.

Que nos pueda crear conciencia y generar reflexión respecto a esa serie de cosas que no aparecen en nuestra historia escrita.

“Hay cosas que están saliendo a la luz. Pero faltan muchas figuras e historias que se deben sumar. Para mí el arte es una gran posibilidad para que se visibilicen”.

Guillermo Rivera