
Esthela Damián Peralta
Recuerdo que cuando era niña, mi papá solía decirme que no había límites para mis sueños mientras fuera perseverante y disciplinada. No lo decía como una promesa fácil, sino como una forma de entender la vida: avanzar paso a paso, hacerse cargo de lo que se elige y no soltar la responsabilidad de los propios actos. Con el tiempo entendí que esas palabras no hablaban solo de aspiraciones personales, sino de la manera en que una se coloca frente a cada responsabilidad que asume.
Desde ese lugar recibí la encomienda de encabezar la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal con una mezcla inevitable de alegría y responsabilidad. Alegría por la confianza depositada por la Presidenta de la República Claudia Sheinbaum, pero sobre todo una profunda conciencia del momento que vive el país y del peso que implica cuidar el derecho desde una de las funciones más delicadas del Ejecutivo.
La Consejería Jurídica es el espacio donde el derecho se vuelve acción cotidiana: donde cada decisión debe sustentarse no sólo en la ley, sino en la legitimidad que da servir a la gente. Aceptar esta responsabilidad implica entender que el derecho no puede ser un muro, sino que debe ser un puente.
He pasado buena parte de mi vida en el servicio público. He estado en el territorio, en el trabajo legislativo, en la administración pública, en la atención directa a problemas que no admiten soluciones simples. De la Doctora Sheinbaum he aprendido que gobernar para todos y todas no es imponer, sino escuchar; no es corregir desde el escritorio, sino entender a quienes viven las consecuencias de cada política pública.
Por eso entiendo la Consejería Jurídica como un espacio profundamente humano. Sí, técnico. Sí, estratégico. Pero, sobre todo, humano. Porque detrás de cada reforma, cada decreto, cada acto jurídico, hay personas. Familias. Comunidades. Derechos que deben protegerse y realidades que no pueden ignorarse.
Asumo esta tarea con la convicción de que el derecho debe acompañar la transformación, no obstaculizarla. Que la legalidad no es un freno, sino la base que permite avanzar con certeza. Que el Estado tiene la obligación de actuar conforme a la Constitución, pero también con sensibilidad social y sentido de justicia.
A lo largo de mi trayectoria he constatado que las decisiones jurídicas no son abstractas: definen si una política pública se queda en el papel o logra transformar realidades. Lo confirmé desde el trabajo legislativo, al construir normas con impacto directo en la vida cotidiana; lo viví en la Ciudad de México, en el trabajo con niñas, niños y adolescentes desde el DIF; y lo reafirmé desde la Subsecretaría de Prevención de las Violencias de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana: atender las causas también es una forma de hacer derecho.
Hoy, desde esta nueva responsabilidad, sé que el reto es enorme. Vivimos tiempos de debate intenso, de exigencias legítimas, de una ciudadanía cada vez más consciente de sus derechos. Eso obliga a que la Consejería Jurídica actúe con rigor, con transparencia y con una profunda lealtad al proyecto de nación que dirige la presidenta, la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo, quien eligió poner a las personas en el centro.
Y no me refiero a la lealtad entendida como silencio, sino como compromiso, trabajo diario y cuidado permanente de que cada decisión del Ejecutivo esté jurídicamente sustentada y políticamente orientada al bienestar colectivo. Lealtad al mandato popular que exige un gobierno honesto, cercano y eficaz como los que tienen todos los gobiernos emanados desde el humanismo mexicano.
No llego sola a esta encomienda. Llego acompañada por muchas personas quienes me han exigido y quienes me han recordado, en los momentos difíciles, para qué sirve el servicio público. Llego con la experiencia acumulada, con el aprendizaje que deja escuchar más de lo que se habla y con la certeza de que el derecho no puede ser neutral frente a la desigualdad. Llego con la responsabilidad de honrar la confianza de la Presidenta que siempre nos recuerda que su gobierno responde al pueblo de México.
Desde aquí, desde la Consejería Jurídica, mi compromiso es claro: cuidar el marco constitucional, fortalecer el Estado de derecho y acompañar cada acción de gobierno con responsabilidad jurídica y sentido social. Que el derecho sirva para proteger, para garantizar, para construir.
Hoy me hago cargo de esta responsabilidad con gratitud y convicción. Agradezco a la Presidenta de la República la confianza depositada en mí y la oportunidad de servir desde una función clave para el país. Asumo esta tarea con la certeza de que el derecho puede y debe ser una herramienta de transformación real. Las responsabilidades cambian, pero el compromiso con mi país que ha marcado mi camino permanece.
Nos leemos el próximo martes.
@EsthelaDamian


