30 enero,2026 6:32 am

El mensaje de Carney en Davos

LA POLÍTICA ES ASÍ

Ángel Aguirre Rivero

 

El mundo que creímos estable dejó de existir. No está en pausa ni en transición: se rompió. Así lo afirmó con inusual franqueza y dureza el primer ministro de Canadá, Mark Carney, durante su intervención en el Foro Económico Mundial de Davos.

No se trató de una frase retórica ni de un diagnóstico académico, sino de una advertencia política dirigida, sobre todo, a los países que no son potencias hegemónicas pero tampoco actores marginales: las potencias medias.

Durante décadas, el orden internacional basado en reglas funcionó como una ficción útil. Sabíamos que no todos estaban obligados por las mismas normas, que los más fuertes se reservaban excepciones y que el derecho internacional se aplicaba con distinto rigor según quién fuera el acusado. Aun así, ese sistema ofrecía previsibilidad, contención y cierto equilibrio. Hoy, ese pacto dejó de servir. “No estamos en medio de una transición, sino de una ruptura”, dijo Carney con claridad.

La soberanía, como bien se advirtió desde Davos, ya no se pierde con tanques, sino con dependencias mal administradas. Y esta afirmación adquiere una dimensión concreta cuando se observa a Guerrero. Somos un estado históricamente expulsor de población, con una alta dependencia de las remesas que envían miles de guerrerenses que viven y trabajan en Estados Unidos.

Cuando la relación bilateral se tensa y la migración se utiliza como instrumento de presión, no estamos ante un debate abstracto de política exterior: estamos hablando del ingreso familiar, de la estabilidad comunitaria y de la cohesión social.

El discurso canadiense no propone aislamiento ni ruptura. Propone algo más complejo y más responsable: construir autonomía estratégica. Autonomía no para confrontar, sino para tener margen de maniobra. Autonomía en energía, en alimentos, en cadenas productivas, en tecnología y en capacidad financiera. Carney lo dijo con una frase que resume el dilema actual: “la nostalgia no es una estrategia”. Esperar el regreso del viejo orden no solo es ingenuo, es peligroso.

Para estados como Guerrero, la lección es doble. Por un lado, fortalecer la economía interna y reducir vulnerabilidades sociales es una condición indispensable para enfrentar un mundo más áspero. Por otro, entender que la política exterior y la política social ya no pueden separarse: lo que ocurre en la geopolítica impacta directamente en la vida cotidiana de quienes migran, de quienes envían remesas y de quienes dependen de ellas.

Del anecdotario

En los últimos días se ha puesto en marcha una campaña de señalamientos en mi contra. Conozco su origen, pero he decidido guardar silencio, no por falta de argumentos, sino por convicción: no contribuir a enturbiar el clima político de mi estado.

Resulta impropio que se pretenda vincular a la mayoría de las y los aspirantes a la gubernatura con mi nombre, cuando hoy transito por otros caminos, alejados del ejercicio directo de la política.

Que algunas o algunos de ellos hayan colaborado en cualquiera de mis dos administraciones no significa, en modo alguno, que esté respaldando proyectos ajenos ni alentando aspiraciones personales.

Es cierto que Beatriz Mojica fungió como mi coordinadora de Fortalecimiento Municipal y más tarde como secretaria de Desarrollo Social, con un desempeño eficaz y comprometido; sin embargo, hace años que no nos encontramos ni hemos sostenido diálogo alguno.

A Esthela Damián la conozco desde hace tiempo; su hermano Alfonso fue un colaborador cercano en mi segundo gobierno. De ella, hace ya más de seis años que no tengo noticia directa.

Con Mario Moreno me une una amistad de larga data; fue síndico en mi primer gobierno y entre nosotros ha prevalecido siempre una relación respetuosa y cordial. Nunca hemos conversado sobre sus eventuales aspiraciones políticas.

Con Sofío Ramírez, la relación rebasa el ámbito de la política. En momentos difíciles de mi vida pública me mostró una lealtad que no se olvida. Él, como tantos otros, tomó su propio rumbo y decidió participar bajo su responsabilidad.

Victoriano Wences fue presidente municipal de Tlapa durante mi segundo periodo como gobernador; construimos una relación institucional sólida y, hasta hoy, cuando coincidimos, media entre nosotros un saludo respetuoso.

Con Javier Saldaña coincidimos en su primer rectorado; nuestra relación fue estrictamente institucional y siempre orientada al respaldo de nuestra universidad. Le guardo aprecio sincero.

Arturo Martínez Núñez fue mi primer secretario de Cultura; realizó un trabajo valioso y le profeso gratitud y amistad.

Alberto López Rosas fue mi procurador y secretario del Trabajo; es un gran amigo y valoro su lealtad, probada en el tiempo.

Con Félix Salgado Macedonio nos conocemos desde los años de don Alejandro Cervantes Delgado; siempre mantuvimos una relación distante, pero respetuosa. No olvido que me brindó su apoyo en mi segunda campaña para gobernador.

El exsecretario de Educación, Marcial Rodríguez Saldaña, colaboró algunos meses como subsecretario de Educación Superior y aportó de manera relevante en la construcción del plan de gobierno; le guardo respeto.

Abelina López fue diputada local durante mi segunda administración; le apoyé en algunas gestiones que quizá hoy no recuerde. Le deseo que le vaya bien. Como he dicho siempre, soy hombre de rencores breves y amistades largas.

Con Manuel Añorve Baños compartimos muchos años de vida; fuimos compañeros desde la etapa estudiantil en la Ciudad de México. Fue secretario de Finanzas, director de CAPAMA y presidente municipal de Acapulco; además de ser mi primo, es mi amigo.

Y así, como podrá advertirse, muchos de los nombres que hoy circulan formaron parte de mis gobiernos. Pero eso no los convierte en herederos políticos ni en prolongaciones de mi historia. Si así fuera, incluso la gobernadora Evelyn Salgado tendría ser considerada “aguirrista” por haber fungido como delegada de la Secretaría de la Mujer en Acapulco, lo cual está muy lejos de la verdad.

Los políticos no se fabrican en las sombras ni se heredan por cercanía; se forjan en las instituciones, en la experiencia y en las decisiones propias. Siempre creí en la pluralidad como una riqueza, no como una amenaza.

Al final, la política es también esto: memoria, trayectos que se cruzan y se separan, lealtades que se agradecen, diferencias que se respetan y caminos que cada quien decide andar.

La política es así.