
José Gómez Sandoval
Pozole Verde
José Vasconcelos, poeta repentista
José Vasconcelos fue un poeta repentista excepcional de cuya vida poco se conoce. Es posible que sus padres, originarios del Congo, hayan sido traídos a Nueva España para servir en casas de ricos, y que haya nacido en Almolonga (hoy estado de Puebla) como él mismo promulga en un cuarteto:
Aunque soy de raza conga
yo no he nacido africano;
soy de nación mexicano
y nacido en Almolonga.


El Negrito Poeta habría nacido a finales del siglo XVII o a principios del XVIII, y, ya en la capital de Nueva España, vivido durante los respectivos virreinatos de Juan de Acuña (1722-1734) y Juan Vicente Güemes y Horcasitas (1746-1755) y aun durante parte del virreinato de Agustín Ahumada y Villalón, ya que a los tres dedicó sendos “dictámenes” rimados, aprovechando la simpatía con que con que lo trataban. Al “probo” Juan de Acuña, marqués de Casafuerte, que paseaba en una carroza cerrada y excesivamente lujosa de las que el populacho denominaba estufas, lo contravino así:
Esta estufa, Juan, advierte,
que sobre ejes de oro gira,
es el carro de la muerte
que te conduce a la pira.
¿Sabes que para la muerte
no hay humana resistencia?
No hay valor, no hay excelencia,
no hay ni ha habido Casa-Fuerte.
Se dice que el virrey Juan de Acuña tomó en serio las coplas y enseguida regaló su estufa a la parroquia del Sagrario para que en ella trasladaran a los agonizantes, y que en cuanto José Vasconcelos, el Negrito Poeta, lo supo, le ofrendó estos versos:
Ninguno diga quién es,
que sus obras lo dirán;
las tuyas bien dicen, Juan,
que eres pío, franco y cortés.
A Juan Vicente Güemes y Horcasitas, que acababa de mandar a la horca a tres personas, le reprochó:
Todo lo haces al revés
de Gálvez a quien no imitas;
quitó aquél de la horca a tres
y tú tres a la horca citas.
En agradecimiento a sus chistejos rimados, el virrey Agustín Ahumada y Villalón, marqués de la Amarillas, obsequió al Negrito tres onzas de oro (o sea, amarillas), a lo que éste reviró:
¡Tanto en tus acciones brillas
que al mismo Alejandro igualas;
y aun le excedes, pues das galas,
Marqués de las Amarillas!
Repentistas en El Periquillo
De refilón sabemos que las primeras noticias sobre José Vasconcelos provienen de los Calendarios del Negrito poeta que publicó Simón Blanquel a partir de 1815 y hasta 1872. En El Periquillo Sarniento, de José Joaquín Fernández de Lizardi, publicado en 1816, en el capítulo en que el Periquillo anda haciéndola de médico en Tula, el Negrito aparece como noticia en una plática social. Antes, los participantes dialogan sobre las
virtudes y alcances de la poesía; de ahí entran al tema de los poetas repentistas:
“Pues que ha habido improvisadores, especialmente en Italia, no cabe duda, dijo el cura… Esa facilidad de versificar de repente es bien antigua. Ovidio la confiesa de sí mismo, pues llega a decir que cualquier cosa que hablaba la decía en verso, eso al mismo tiempo que procuraba no hacerlos. Yo he leído lo que dice Paulo Jovio del poeta Camilo Cuerno, célebre improvisador que disfrutó por esta habilidad bastantes satisfacciones con el Papa León X, este poeta estaba en pie junto a una ventana diciendo versos repentinos mientras comía el Pontífice, y era tanto lo que éste se agradaba de la prontitud de su vena, que él mismo le alargaba los platos de que comía, haciéndole beber de su mismo vino, sólo con la condición de que había de decir dos versos lo menos sobre cada asunto que se le propusiera. De un niño que apenas sabia escribir nos refiere el padre Calasanz en su Discernimiento de ingenios, que trovaba cualquier pie que le daban de repente, y a veces con tal agudeza que pasmaba a los adultos sabios.
“De estos ejemplares de poetas improvisadores pudieran citarse varios: pero ¿para qué nos hemos de cansar cuando todo el mundo sabe que en este mismo reino floreció uno a quien se conoció por el negrito poeta, y de quien los viejos nos refieren prontitudes admirables?
El Negrito trovó lo que no pudo ni Sor Juana
“Cuéntenos usted, señor cura, dijo una niña, algunos versos del negrito poeta. Se le atribuyen muchos, dijo el cura, en todo tiene lugar la ficción, pero por darle a usted gusto referiré dos o tres de los que sé que son ciertamente suyos, según me ha confiado un viejo de México. Oigan ustedes.
“Entró una vez nuestro negro en una botica donde estaba un boticario o médico hablando con un cura acerca de los cabellos, y a tiempo que entró el negro le decía: los cabellos penden de… El cura, que conocía al poeta, por excitar su habilidad le dijo: los cabellos penden de. El negrito, con su acostumbrada prontitud, agarró el pie y dijo:
Ya ese peso lo gané
si mi saber no se esconde:
quítese usted, no sea que
una viga caiga, y donde
los cabellos penden, dé.”
El cura de Tula afirma que el mismo pie se le dio “para que lo trovara a la madre Sor Juana Inés de la Cruz, religiosa jerónima, célebre ingenio y poetisa famosa en su tiempo, que mereció el epíteto de la Décima Musa de Apolo; pero la dicha religiosa no pudo trovarlo y se disculpó muy bien en unas redondillas, y elogió la facilidad de nuestro poeta”.
Luego el cura cuenta que, en otra ocasión, pasaban frente al Negrito un escribano con un alguacil, y que al primero se le cayó un papel. El alguacil lo alzó y el escribano preguntó qué era. “El alguacil respondió que un testimonio, y el negro prontamente dijo:
¿No son artes del demonio
levantar cosa tan vil?
¿Pero cuándo un alguacil
no levanta un testimonio?
“Otra ocasión entró a una casa donde estaba sobre una mesa una imagen de la Concepción… Vayan ustedes teniendo cuidado qué cosas tan disímbolas había. Una imagen de la Concepción, un cuadro de la Santísima Trinidad, otro de Moisés mirando arder la zarza, unos zapatos y unas cucharas. No fue menester para que el negro dijera:
Moisés para ver a Dios
se quitó las antiparras;
Virgen de la Concepción,
que me den estas cucharas.”
No ve el cura “ni concepto ni agudeza” en este cuarteto, pero reconoce que “la facilidad de acomodar en él tantas cosas inconexas entre sí y con algún sentido no es indigna de alabanza… Hemos de advertir que este pobre negro era un vulgarísimo sin gota de estudios ni erudición. He oído asegurar que no leer sabía. Conque si en medio de las tinieblas de tanta ignorancia prorrumpía en semejantes y prontas agudezas en verso, ¿qué hubiera hecho si hubiera logrado la instrucción de los sabios…?”
Dios en la punta de un cuerno
Remite el cura al sistema de castas colonial que, si no los esclavizaba, mantenía a indios y negros en la miseria y el analfabetismo. Para Jesús Romero Flores, esto “dio lugar a que ningún libro o autor citara a este fecundo poeta repentista, cuyos versos se conservaron por tradición y han seguido repitiéndose, más o menos adulterados, entre la gente del pueblo”….
El Negrito parecía comprender su inusitado talento pues cuando alguien le preguntó: ¿Tú eres el Negrito Poeta?, respondió:
(Soy el negrito poeta)
aunque sin ningún estudio,
que a no ser por esta jeta
fuera otro padre Zamudio.
Que grita un provocador gratuito: “¡Negro, la color te agravia!”, y, feliz de la vida, el Negrito rezonga:
No tengo la culpa yo:
una mano oculta y sabia
esta piel negra me dio,
cual si naciera en la Arabia…
Provocadoramente, le daban al Negrito un pie forzado, para que lo metiera a la cuarteta. Por lo general, este pie consiste en un verso de difícil integración, pues mete en conflicto y pone en riesgo de irreverencia al poeta. En este trance fue como Francisco de Quevedo pudo decir: “la reina es coja”, a la reina que, en efecto, falseaba al caminar (“Entre el clavel y la rosa, la reina escoja”…) Al Negrito le propusieron la frase: renegar de Dios es bueno, y contestó:
Azote, mordaza, freno,
tiene nuestra santa fe,
para quien dijere que
renegar de Dios es bueno.
Con el pie: Dios en la punta de un cuerno intentaron atemorizarlo, pero el Negrito compuso:
Con su saber sin segundo
y su poder sempiterno,
bien pudo formar el mundo
Dios, en la punta de un cuerno…
La próxima semana seguiremos con el Negrito Poeta librándose de frases comprometedoras y situaciones encajosas.


