
Octavio Klimek Alcaraz
Es probable que se establezca un récord de calor este año o el próximo. El fenómeno de El Niño está calentando aún más la Tierra, sumándose al cambio climático. Ahora, este fenómeno meteorológico podría repetirse sorprendentemente pronto, con consecuencias globales al calentar aún más la Tierra, además del cambio climático.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha pronosticado en su boletín del 2 de junio un fenómeno de El Niño moderado o posiblemente intenso. Según la OMM, las temperaturas inusualmente altas del mar en el Pacífico tropical son un indicio de este fenómeno meteorológico recurrente. Según la OMM, hay una probabilidad del 80 por ciento de que se instaure un episodio de El Niño entre junio y agosto de 2026. La probabilidad de que esas condiciones se consoliden al menos hasta noviembre se cifra en porcentajes cercanos o superiores al 90 por ciento. Aún persiste cierta incertidumbre sobre el momento exacto en el que se producirá el apogeo del episodio y cuál será su intensidad máxima, pero la mayoría de los modelos de pronóstico sugieren que será un evento por lo menos moderado, aunque posiblemente llegue a ser un episodio de fuerte intensidad (https://wmo.int/es/media/news/la-organizacion-meteorologica-mundial-insta-preparase-para-el-nino).
Posteriormente en otro boletín del 3 de julio, la OMM prevé una rápida evolución de El Niño hacia un episodio intenso durante los meses de julio a septiembre de 2026. Las predicciones mediante conjuntos multimodelos de los principales centros mundiales de predicción indican un calentamiento constante y significativo de las temperaturas oceánicas en todo el Pacífico ecuatorial central y oriental, y se espera que las anomalías medias estacionales de la temperatura de la superficie del mar superen los 2 grados centígrados en regiones clave de vigilancia. Los modelos de predicción coinciden de forma notable, lo que proporciona un nivel de confianza alto en las proyecciones. Se espera que El Niño continúe intensificándose durante el otoño del hemisferio norte y que su influencia se extienda a muchas regiones del planeta. Por lo que respecta a la cuenca del Atlántico ecuatorial, se espera que se mantenga, en general, más cálida que la media.
“Ya se observan condiciones características de un episodio de El Niño, y se prevé que se intensifiquen rápidamente hasta convertirse en un episodio fuerte, tal como anticipó acertadamente la OMM en sus predicciones. Esto aumentará las probabilidades de sequías y lluvias intensas, así como el riesgo de olas de calor terrestres y marinas en muchas regiones del mundo”, afirmó Celeste Saulo, Secretaria General de la OMM.
“La comunidad de la OMM ha puesto en marcha una movilización sin precedentes para coordinar actividades en las Naciones Unidas y a nivel regional en apoyo de los gobiernos, las organizaciones humanitarias y los sectores sensibles al clima. Las predicciones estacionales con suficiente antelación y las alertas tempranas son fundamentales para salvar vidas y amortiguar el impacto en nuestras economías y comunidades”, añadió (https://wmo.int/es/news/media-centre/se-preve-una-intensificacion-de-el-nino-lo-que-aumenta-la-probabilidad-de-fenomenos-meteorologicos).
Este fenómeno meteorológico se produjo por última vez en 2023/24. Según la OMM, fue uno de los cinco episodios de El Niño más intensos desde que se tienen registros, en 1950. Además, contribuyó a que 2024 se convirtiera en el año más caluroso a nivel mundial desde el inicio de la industrialización, según la temperatura media global registrada.
¿Qué es El Niño?
El Niño es una poderosa anomalía meteorológica con efectos de gran alcance en gran parte del mundo. Más precisamente, El Niño describe uno de los tres comportamientos fundamentalmente diferentes de un sistema de corrientes de agua y aire sobre el océano Pacífico, el complejo “El Niño / Oscilación del Sur” (ENOS). Es decir, al manifestarse, el fenómeno ENOS puede presentar dos fases opuestas: una cálida, conocida como El Niño, y una fría, conocida como La Niña. Entre estas dos fases puede darse también un tercer estado cuyas condiciones son neutras respecto al ENOS. Por lo general, un episodio de El Niño puede durar hasta 18 meses, y uno de La Niña, hasta tres años.
Normalmente, los vientos alisios soplan de este a oeste sobre el Pacífico. Esto provoca que el agua cálida se acumule en el oeste, frente a las costas de Australia y el sudeste asiático. En el este, frente a la costa de Sudamérica, el agua fría y rica en nutrientes asciende a la superficie.
Pero cada dos a siete años, las corrientes de aire y agua cambian: se produce El Niño o el fenómeno meteorológico opuesto, llamado La Niña. Durante La Niña, los vientos alisios soplan con más fuerza de lo habitual. Sudamérica se vuelve más seca, Australia y el sudeste asiático suelen experimentar fuertes lluvias y, en general, el mundo se enfría un poco. El agua cálida se acumula frente a la costa occidental del Pacífico.
Durante El Niño, sin embargo, los vientos se debilitan, cesan o cambian de dirección. El agua cálida acumulada se extiende hacia el este a través del océano Pacífico. Por lo tanto, la acumulación de agua cálida frente a las costas de Perú es una señal temprana del inicio de El Niño. Esto impide que el agua rica en nutrientes ascienda desde las profundidades. En consecuencia, los pescadores capturan menos peces durante este periodo. Este fenómeno alcanza su punto máximo alrededor de la Navidad, y El Niño debe su nombre a este hecho: el Niño (de Jesús).
El fenómeno de El Niño suele durar entre nueve y doce meses. Durante este tiempo, provoca fuertes lluvias en la costa del Pacífico de Sudamérica, mientras que Australia y el sudeste asiático sufren sequías y aridez. Los efectos de El Niño se extienden mucho más allá de la región del Pacífico, llegando incluso al Cuerno de África. En muchas regiones pueden producirse fenómenos meteorológicos extremos y malas cosechas. Y aunque los impactos directos sean menores en Europa, las consecuencias económicas globales, como el aumento de los precios de los alimentos, también se hacen sentir allí.
En términos de temperatura media global, los años de El Niño suelen ser de los más cálidos. Hay que imaginar un depósito de calor que se acumula gradualmente en el océano entre dos episodios de El Niño. Durante El Niño, el calor almacenado bajo la superficie del océano se libera de nuevo a la atmósfera. Todo el mundo experimenta este efecto, además del calentamiento provocado por el cambio climático.
¿Qué trae consigo?
“Los datos científicos son rotundos e indican, con una certeza del 90 por ciento, que El Niño llegará a nuestras puertas en los próximos meses. El mundo debe tratar este evento como lo que es: una alerta climática urgente. Las condiciones asociadas al episodio de El Niño echarán más leña al fuego de un mundo que se calienta. Las consecuencias se dejarán sentir con una intensidad todavía mayor y su alcance será aún más amplio, cruzando fronteras a una velocidad devastadora”, declaró el secretario general de la ONU, António Guterres, en un mensaje de video (https://www.youtube.com/watch?v=Q8TTMok9VOo).
Algunos modelos sugieren que incluso un El Niño particularmente intenso, a menudo denominado en los medios como Súper El Niño, es posible. Para que esto ocurra, la temperatura del Pacífico oriental, tendría que ser 1.5 grados centígrados superior a lo habitual; un El Niño típico se define como tal cuando la temperatura se desvía medio grado. Durante un Súper El Niño, las temperaturas en tierra también aumentan aún más bruscamente, y los efectos del fenómeno meteorológico son aún más extremos. El último Súper El Niño ocurrió en 2015. Sin embargo, los expertos advierten que aún es demasiado pronto para realizar evaluaciones definitivas.
Una clara consecuencia es que el fenómeno de El Niño agrava los efectos del cambio climático antropogénico. Los patrones climáticos pueden verse notablemente afectados en diversas partes del mundo. Sin embargo, es difícil predecir la magnitud real de los impactos locales.
Dado, que el cambio climático ya ha incrementado significativamente la temperatura media global. Así, los vientos cálidos están impactando un océano que ya se encuentra calentado a niveles extremos debido al cambio climático. Las consecuencias podrían ser las mismas de siempre: tormentas, sequías, menos peces en la costa oeste de Sudamérica, blanqueamiento acelerado de los corales y, por supuesto, una atmósfera más cálida en general. Como siempre, pero aún peor. Y si la situación empeora, miles de personas podrían ser afectadas en distintos grados debido al calor extremo que se teme.
Lamentablemente en los últimos años, las políticas climáticas han retrocedido mientras que la crisis climática se acelera. Esto significa que la amenaza aumenta indudablemente, mientras que las medidas para combatirla disminuyen claramente. El Niño es un claro recordatorio de esto.
La única respuesta eficaz es una acción climática global a la altura de la crisis: debemos acabar con la adicción a los combustibles fósiles, acelerar la transición a las energías renovables, proteger a los más vulnerables e implementar sistemas de alerta temprana para todos.
Nota: Este artículo tiene su principal referencia en publicaciones de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en especial: https://wmo.int/es/topics/el-nino-la-nina.


