
Texto: Redacción / Foto: El Sur
Acapulco, Guerrero. Con sus colores verdes, rojos e incluso con sus tonos multicolores o chillantes, hacen la diversión de chicos y grandes, ofreciendo toda una tradición y una explosión de adrenalina que atraen a todos aquellos que gustosos acuden a las playas de Acapulco para observar su majestuosidad desde las alturas.
Se trata del tradicional paracaídas o parachute, un atractivo muy popular en el puerto y que a lo largo de las décadas, se fue exportando a otros sitios turísticos, poniendo en alto el nombre de Acapulco, lugar en donde se dio origen a esta costumbre de surcar los aires mediante un implemento que da la sensación de volar.
La historia del parachute se remonta a finales de la década de los 50 y principios de los 60, cuando un francés que vacacionaba en el puerto tomó la costumbre de rentar lanchas en Puerto Marqués para realizar su hobby, que era el volar en paracaídas. Esa tradición se repetía año con año, él llegaba al puerto y de inmediato se instalaba para poder sobrevolar la bahía y admirar las bellezas que le ofrecía el esplendor de la ahora conocida como Zona Diamante.
Era tanta su afición al puerto que lo consideraba como su segunda casa y decidió dejar su preciado implemento en resguardo de los lancheros de Puerto Marqués. Se dice que con el paso del tiempo, ese francés decidió regalar su paracaídas a los lugareños, iniciando así una fiesta de color y diversión.
El primero que comenzó a volar paracaídas en la bahía de Acapulco fue Carlos Elías Turquíe y posteriormente, Fernando Calvillo comenzó a comercializar este deporte, cuando adquirió un vehículo todo terreno, para poder volar sobre la franja de arena el parachute.
Y así fue como poco a poco, está actividad se fue popularizando en el gusto de turistas y residentes.
Fue tanto el éxito que varios empresarios se interesaron en su fabricación, logrando su comercialización a gran escala.
Y fue precisamente entre las décadas de los 70 y 80 que el paracaídas acapulqueño fue catalogado como el mejor del mundo.
Adicional con este crecimiento, llegaron los patrocinios y los convenios comerciales, cada vez más empresas querían ver sus nombres y logotipos volar en el cielo de Acapulco, adquiriendo cada vez mayor popularidad.
A la fecha, la elaboración de los parachutes están a cargo de una familia guerrerense, manos mágicas que por más de 40 años han sido las que han estado detrás de las diferentes creaciones que surcan el cielo de Acapulco. En este trayecto, el paracaídas acapulqueño ha sido exportado a otros destinos, incluso internacionales.
Para su elaboración se utiliza acero inoxidable para el herraje; todo es cien por ciento nylon, hilo, tela y bandas. La cuerda con la que lo jalan con la lancha, es de polipropileno de una pulgada de diámetro. Y el secreto es la parte artesanal que sólo sus fabricantes pueden hacer
Alcanza una altura de entre 30 y 40 metros, dándole a los aventureros la oportunidad de admirar todo el esplendor de la bahía.
Este maravilloso atractivo se puede encontrar a lo largo y ancho de la Bahía de Santa Lucía, Ixtapa Zihuatanejo y en todos los destinos de playa del país, es una gran opción para quienes acuden a este puerto en vacaciones, fines de semana largos y días festivos.


