2 diciembre,2021 5:22 am

El Pendón, alcohol y Ómicron

Florencio Salazar

 

Me remataban sus ojos sin oxigeno/ el sonido desorbitado de sus maquinarias.

Elisa Díaz Castelo.

Sembrar en tiempos de sequía es un absurdo. Para todos, o para casi todos. La excepción son los gobiernos democráticos, cuya tarea fundamental es sembrar. Sembrar en la tierra, en el agua, en el aire. Sembrar es preparar la tierra, abonarla, regarla, retirar la cizaña. Ahí, hasta donde alcance la población y el territorio a su cargo, el gobierno debe sembrar. Por, sobre todo, empeñarse en alcanzar el bienestar de la población. Sembrar en la realidad, sembrar en la utopía.

El gobierno debe consultar a los ciudadanos respecto a políticas públicas que impliquen prioridad de ejecución frente a otras demandas; o sobre normas significativas. Pero hay decisiones que no exigen consulta, es más, que no son necesarias por su obligada conclusión. Las consultas, para que lo sean, deben obedecer a un programa: ¿consulta a población abierta, a través de representantes, mediante conversaciones informales o consignadas en documentos formales?

Ha ocurrido que las consultas terminan en enredos. La población, la masa posiblemente desinformada sobre el tema propuesto, se inclina por sus deseos. Es entonces, cuando el gobierno debe decidir sin considerar la popularidad de la medida. Los gobernantes no han sido electos para ganar un concurso de simpatía sino para dirigir con responsabilidad y actuar en consecuencia.

El Pendón decembrino, que de tiempo inmemorial se realiza en Chilpancingo, ha pasado de ser una fiesta de nuestras danzas y muestras folklóricas a un abigarramiento masivo, sin la organización indispensable para poner en escena un espectáculo mayúsculo. Lo que hemos visto es una revoltura de danzas, con fisiculturistas, reinas y carros que no tienen nada de alegóricos. Este espectáculo induce a la población al consumo indiscriminado de alcohol. No pocos vecinos venden tragos convirtiendo El Pendón en una gran cantina.

Y en esa gran cantina, especialmente jóvenes, y de manera lamentable jóvenes mujeres, al medio día circulan ebrias para acabar literalmente tiradas en las banquetas, expuestas a toda clase de abusos. ¿Qué tiene tal cosa de cultura, de tradiciones, de orgullo por nuestras raíces? La concurrencia de visitantes de municipios aledaños, incluso de la Cdmx, observa un ejemplo de lo que no debe pasar. Para la organización de El Pendón debe integrarse, en febrero de cada año, un comité ciudadano que, coordinadamente con autoridades culturales y del municipio, organice esa fiesta a fin de que brille nuestro folklor.

Si el manoseo grosero de una significativa tradición es un riesgo social, lo es más aún por el muy posible aceleramiento del contagio de la nueva versión del Covid, que es la cepa Ómicron. Ya quedó demostrado que no hay posibilidad de la inmunidad de rebaño; es decir, que la población conviva cotidianamente y se congregue –como en El Pendón– para fortalecer el sistema inmunitario y desaparecer el riesgo de contagio. Pero no es así y la tragedia de miles de familias, por decesos impensables, son el testimonio de lo que no debe ocurrir: reuniones masivas.

Es una buena noticia que la gobernadora Evelyn Salgado y la alcaldesa de Chilpancingo, Otilia Hernández Martínez, informen sobre la consulta a expertos y al Consejo Estatal de Salud. A pesar de lo obvio del riesgo del evento, es necesario que las autoridades competentes asuman su responsabilidad. También que la población, las organizaciones ciudadanas y los organismos empresariales, respondan con responsabilidad.

No tengo la menor duda de que las consultas anunciadas tendrán el único resultado posible: la cancelación de El Pendón. Y no puede ser de otra manera, por la imposibilidad de evitar el desbordamiento de la gente en un mar de alcohol y de contagio. Por eso al gobierno le toca sembrar: sembrar responsabilidad, educación cívica, amor por nuestras raíces y orgullo por nuestra cultura.

Los hombres y las mujeres no somos iguales, somos equivalentes. Obvio, las mujeres como los hombres tienen carácter para tomar decisiones. Salvaguardar la salud de la población significa más recursos para preparar oportunamente las medidas sanitarias ante esta nueva ola del Ómicron, que más allá de especulaciones ya llegó a Estados Unidos y en cualquier momento arriba su indeseable presencia.

Actuar, como dice el poema de Rafael Blanco Belmonte: “Hay que imitar al viento, que siembra flores/ lo mismo en la montaña que en la llanura/ y hay que vivir la vida sembrando amores/ con la vista y el alma siempre en la altura”. (El sembrador).