
Al hacer un balance de la actuación de ese organismo autónomo, tras la renuncia en octubre de los seis integrantes de su Consejo Consultivo, Tania Espinoza critica que la Comisión practique “un entreguismo político al poder en turno”, porque atenta contra su mandato constitucional, que es la protección de los derechos humanos. La defensa ideológica del poder en turno se puede hacer, dice, “pero desde otros espacios”. A la Comisión corresponde velar por los derechos de las víctimas, “por encima de cualquier simpatía que se tenga”
El Sur / Ciudad de México, 4 de enero de 2024. La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) será un contrapeso moral cuando se cumpla el requisito de que la persona al frente no sea simpatizante del poder en turno y se emitan las recomendaciones estratégicas con un contenido puntual dirigido a restituir derechos; sólo así podremos ver una comisión fuerte, pues “ahora lo que tenemos es un entreguismo político al poder en turno”, considera Tania Espinoza Sánchez, exintegrante del Consejo Consultivo de dicha instancia.
Luego de su renuncia el pasado 23 de octubre, junto con los otros cinco miembros del consejo, Espinoza Sánchez reflexiona en entrevista con El Sur sobre la decisión que, afirma, fue una acción acertada.
“Fue correcto deslindarnos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y dejar un consejo que no estaba funcionando. Es dejar muy en claro que no estamos de acuerdo con la manera en que se está manejando una institución tan importante”, señala quien es coordinadora para la Ciudad de México en Women in Informal Employment: Globalizing and Organizing (WIEGO).
Los seis miembros del Consejo Consultivo de la CNDH renunciaron a sus cargos porque, según explicaron en una carta conjunta, el papel de la institución se ha debilitado bajo la presidencia de Rosario Piedra Ibarra. Añadieron que han proliferado conflitos internos por la militancia de la funcionaria en el partido Morena. Además, expresaron su desacuerdo respecto a la falta de pronunciamientos en casos como la militarización del país y el aumento de la violencia de género.
En noviembre de 2019 renunciaron 10 consejeros, con lo que suman 16 en total que han presentado su renuncia en lo que va del mandato de Piedra Ibarra.
“La CNDH nunca ha sido la panacea y siempre nos ha quedado a deber –comenta Espinoza Sánchez–. Nunca ha estado a la altura de las necesidades en materia de derechos humanos de este país, que son muchas. Lo que ha sucedido, en esta administración y que es la que conozco más de cerca por haber estado en el Consejo, es que es muy burda la manera en la que practica un entreguismo político de la institución al poder en turno.
“Y esto va completamente en contra de su mandato constitucional, que es la protección de los derechos humanos de las personas que habitan y transitan por este país. Esta defensa ideológica del poder en turno se puede hacer, pero desde otros espacios”, precisa.
Enfatiza que la CNDH es un ente autónomo. “Es el organismo defensor de derechos humanos que debería de estar todo el tiempo viendo por los derechos de las víctimas, por encima de cualquier tipo de simpatía que se tenga”.
Una Comisión que está “al revés”
Se pregunta a la exconsejera qué tan trascendente ha sido el trabajo de la CNDH desde su creación, en 1992.
“Se puede ver en los hechos lo que ha sucedido. Cuando se presentó la acción de inconstitucionalidad contra las leyes que impedían a deudores alimentarios morosos ser parte de elecciones para puestos de elección popular, y cuando no se presenta la acción de inconstitucionalidad frente a las iniciativas del presidente Andrés Manuel López Obrador de incorporar la Guardia Nacional al Ejército.
“Ahí está de manera muy clara cómo se usa una de las facultades tan importantes de la CNDH, que es la posibilidad de presentar acciones de inconstitucionalidad cuando hay leyes que violentan derechos humanos. Pero vemos que aquí su perspectiva está cambiada. Está al revés: sí se presenta esa acción de inconstitucionalidad en un caso en donde tienes a un montón de colectivas feministas básicamente exigiendo que exista ese requisito para que los deudores alimentarios morosos dejen de serlo y, por otro lado, no se presenta cuando tienes a un montón de madres buscadoras, de organizaciones de universidades, pidiéndole (a la Comisión) que la presente”.
–¿Es ahí donde se puede evaluar el trabajo de la CNDH?
–Otro ejemplo muy importante es cuando sucede esta tragedia del albergue migratorio (en Ciudad Juárez, en marzo de 2023) que se incendia y no vemos una reacción o una comunicación pública, un comunicado contundente por parte de la CNDH al respecto, pero sí vemos que se ha emitido una recomendación contra el INE, lo cual ni siquiera está dentro de sus facultades.
“Otra vez ahí se ve cuál es el uso de los recursos de la Comisión en favor de una ideología, un movimiento, un partido. Es lugar de que su centro primordial y exclusivo sean las víctimas y la defensa de derechos humanos en este país, siendo un contrapeso al poder, sea quien sea ese poder”.
El riesgo de caer en la simulación
–¿Estaría sucediendo algo similar con las comisiones de la verdad para Ayotzinapa y la guerra sucia? Varios integrantes han renunciaron porque, dicen, no se está haciendo un trabajo efectivo. ¿Para qué se crean entonces estos organismo? –se inquiere a la exconsejera.
–Debemos verlo de forma diferenciada porque, históricamente, la CNDH comienza siendo una Dirección General de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación. Y hubo todo un procedimiento para que el gobierno no fuera juez y parte, y la Comisión se convirtiera, después de muchos años, en un organismo público autónomo con independencia del gobierno; que fuera una institución de derechos humanos independiente, la que califique cuándo existen o no violaciones a los mismos. Esta historia –remarca Espinoza Sánchez– habla de la importancia de esa independencia y de esa autonomía.
Por otro lado, continúa, “tenemos las comisiones de la verdad y la memoria histórica. Este tipo de comisiones se han creado en otros países anteriormente y han dado resultados. Lo que se busca es justo conocer cuál fue la verdad, que sucedió, quiénes fueron las autoridades responsables, qué procede hacia esas autoridades responsables por determinados hechos. A mí me parece un acierto que se creen.
“Sí tenemos el derecho a la verdad, el derecho a la memoria histórica y debemos saber qué ocurrió. El problema en los dos casos, tanto en las comisiones de la verdad como en el de organismos públicos autónomos como la CNDH, es cuando el poder no se ha permitido no caer en la tentación de entrometerse y querer manipular los resultados de las instituciones”.
–¿En qué consisten estas intromisiones?
–Pueden ir desde la forma en que se designan las personas al frente de las comisiones o en que se generan intromisiones en las propias investigaciones, como ya sabemos que ha sucedido, y que no permiten que las instituciones lleguen a cumplir con su mandato. Ahí es donde se cae en la simulación. No me parece que desde el inicio las instituciones están mal per se. Lo que está mal, es que no exista espacio para la autonomía de actuación. El problema no es lo que dice la ley, sino que no se ejecuta lo que dice la ley.
Ya van dos consejos consultivos
Tania Espinoza menciona el proceso de militarización en México, con la incorporación de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la actuación de la CNDH, la cual “no decide interponer acción de inconstitucionalidad, sino que publica un comunicado larguísimo de 16 páginas, aclarando por qué la militarización es la vía de pacificación de este país, contrario a todos los números que tienen la propia Comisión o diferentes organizaciones de derechos humanos.
“Pero, aparte de eso, sin dar un solo argumento jurídico de por qué esto es procedente. No había manera jurídica que estableciera que la militarización era una manera de proteger los derechos humanos. Al contrario, jurídicamente salieron más de un estudio en los que se demostraba por qué era en contra de la Constitución y en contra del marco jurídico mexicano y en contra de los derechos humanos. Y aún así se apoyó.
“Ahí es cuando se desvía la función para la que fueron creadas estas instituciones. Es cuando carecen de sentido. Por otro lado, diría que ese es el estado de las cosas de la actual comisión”.
–¿La cabeza de la institución es parte de este problema?
–Por supuesto. Nosotros somos el segundo consejo que renuncia. Ya había habido un consejo que renunció antes y el motivo fue que la elección de la presidenta fue muy cuestionable, por un lado. Por el otro, es una persona que venía del partido político del presidente de la República (Andrés Manuel López Obrador). Por supuesto que eso es problemático, porque las mismas reglas establecen que debe ser una persona que no tenga una preferencia política.
Rosario Piedra Ibarra, actual presidenta de la CNDH, “no cumple con esta característica de moralidad. Es una persona militante del mismo partido del presidente, que es designada de una manera no transparente, que es cuestionada por sus actuaciones. Responde a los tiempos políticos más que a las violaciones de derechos humanos, pues ese poder moral, esa capacidad de ser contrapeso moral con que debería contar, se pierde. Esto es de lo más grave.
“Otra de las cosas importantes a saber es que, en efecto, hay países donde no son comisiones de derechos humanos, pueden ser defensorías del pueblo que sí tienen un carácter jurisdiccional. En el caso de México, si las recomendaciones fueran vinculantes se convertirían básicamente en una especie de sentencia y entonces estaríamos hablando de que la Comisión Nacional de Derechos Humanos tendría que pertenecer al Poder Judicial”.
–¿Qué tendría que suceder para que la CNDH fuera un “contrapeso moral” al poder?
–Esto sucedería si se cumplieran los requisitos para ser la persona electa en la presidencia de la CNDH, si la forma en que se da su elección es transparente, si en el actuar de la Comisión se emiten las recomendaciones estratégicas que se tienen que emitir con un contenido puntual, bien hecho, dirigido a restituir derechos. Además del trabajo político que sí le corresponde a la Comisión para que esas recomendaciones se cumplan. Así podremos ver a una comisión fuerte, independientemente de que las recomendaciones no sean vinculantes.
Finalmente, la exconsejera advierte acerca de “la apuesta” para el siguiente nombramiento de titular de la Comisión. Hay que pensar, dice, “que si el mismo partido que gana el Ejecutivo gana una mayoría aplastante en las cámaras, se elija una persona que pueda hacer un contrapeso. Debido al método de elección, que pasa por el Senado, si esta decisión va a depender solamente de un partido político y no tiene que haber mayor negociación, pues estaremos en las mismas circunstancias, independientemente de cuál sea el partido en el poder”.
–¿Funcionan las recomendaciones de la CNDH?
–La Comisión presume que es la que más recomendaciones ha emitido; pues sí, pero falta ver qué dicen sus recomendaciones. Si realmente van a casos emblemáticos, si realmente los puntos recomendatorios restituyen derechos, si realmente esos puntos se cumplen por la autoridad o si sus recomendaciones son sólo letras, porque no se está haciendo lo que se tiene que hacer.
Texto: Guillermo Rivera


