
Si bien el virtual presidente electo Andrés Manuel López Obrador anunció que desaparecerá el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, hasta ahora no hay certeza de lo que hará su gobierno en materia de inteligencia para la seguridad nacional. El creador del Cisen, Jorge Carrillo Olea, advierte que no puede prescindirse de una instancia como esa, que resulta estratégica par el Estado. Además, señala, debería depender solo de la Presidencia y no de alguna secretaría de Estado, sea Seguridad Pública o Gobernación.
Texto: Jorge Carrasco Araizaga / Agencia Proceso
Foto: Tomada de Internet
Ciudad de México. Visto por la opinión pública como un mero organismo de espionaje político, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) se encamina a su desaparición luego de casi 30 años en los que nunca terminó de convertirse en el órgano de la seguridad del Estado mexicano.
El fin del Cisen estaba anunciado desde el año 2000. El entonces presidente electo, Vicente Fox, habló de su desaparición tras considerar que esa instancia se dedicaba sólo a espiar a la oposición.
No pasó de ser una declaración y dejó el Cisen en manos de un administrador llegado desde el sector privado, Eduardo Medina Mora, ahora ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
No hubo ningún cambio. Ahora, con el mismo argumento, López Obrador anunció ya el reemplazo del Cisen por una Agencia Nacional de Inteligencia, aunque no se sabe con claridad en manos de quién quedará: si de quien está previsto como titular de una restituida Secretaría de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, o de la anunciada secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.
“No hemos visto la película completa” sobre lo que va a pasar con el tema de seguridad e inteligencia en el próximo gobierno, dice el creador del Cisen, Jorge Carrillo Olea en entrevista con Proceso.
El fundador
Formado en el Ejército, de donde se retiró como coronel de infantería, Carrillo Olea fue jefe de la Sección Segunda (Inteligencia) del Estado Mayor Presidencial en el gobierno de Luis Echeverría. En esa calidad, en 1975 sacó de Ciudad Universitaria, en medio de insultos y agresiones físicas, al entones presidente, responsabilizado por los estudiantes de la represión en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968, y de la matanza del 10 de junio de 1971, el Halconazo.
Durante los gobiernos de Miguel de la Madrid y de Carlos Salinas, Carrillo Olea fue el encargado de terminar con la Dirección Federal de Seguridad (DFS) y reemplazarla por un órgano concebido para defender al Estado y ya no a un régimen, como lo hizo esa instancia con el PRI mediante el espionaje, el crimen y la represión.
Infiltrada por el narcotráfico, la DFS fue desaparecida en 1985 en medio del escándalo por su participación en el asesinato en Guadalajara del agente de la DEA Enrique Camarena. Carrillo Olea propuso crear el Cisen y en cuanto Salinas asumió el gobierno, lo designó, en febrero de 1989, primer director general de la agencia.
–Como su fundador, ¿cree que es necesario desaparecer al Cisen?
–Creo que se ha jugado un poco con las palabras. No sé si a propósito o por falta de cuidado de todos. Creo que no se ha hablado de desaparecerlo. O si la palabra se usó, también fue mal usada. Hasta donde intuyo o leo, lo que se pretende es trasladarlo a la Secretaría de Seguridad Pública.
En el gobierno de Miguel de la Madrid se creó un Programa de Seguridad. Sin calificativos.
Ya en el gobierno de Salinas, prosigue Carrillo Olea, se creó el Cisen, pese al rechazo y hasta boicot del entonces secretario de Gobernación, el capitán retirado Fernando Gutiérrez Barrios.
–Ahora de nuevo se plantea cambiar al organismo. Pero lo que el próximo gobierno ha dicho es que el tema de inteligencia quedará en la Secretaría de Seguridad Pública. ¿Es lo mejor?
–Creo que aún no sabemos bien lo que quieren hacer. Sé que en los temas de la próxima Secretaría de Gobernación está el de inteligencia. No sé por qué no le han dado mayor presencia. A lo que sí le encuentro lógica es a que, después de 30 años de subidas y bajadas, el saldo del Cisen no es necesariamente negativo, aunque si tomamos como referencia lo que se ha hecho desde el gobierno de Calderón hasta ahora, no es para aplaudir.
–¿Ha servido el Cisen?
–Creo que sí, pero muy por debajo de su potencial, porque ha sufrido muchas cosas desde que nació. Un día uno de sus directores me preguntó por qué era un órgano desconcentrado y no uno descentralizado. Le respondí: ‘Porque nació no con muchos enemigos’. Nada más uno: Gutiérrez Barrios. El proyecto de creación del Cisen que hicimos, él lo cambió totalmente. Lo empobreció. Le quitó funciones y lo convirtió en un órgano desconcentrado de Gobernación, de donde él era titular.
–¿Por qué se opuso Gutiérrez Barrios al Cisen?
–Porque competía, según él, con sus ideas de la DFS. Tanto, que creó a su vez un grupito de viejos agentes de la Federal de Seguridad para seguir haciendo cosas como cuando existía.
“A mí me ignoró como director del Cisen, y él haciendo lo suyo con su grupito, a cargo de Luis de la Barreda, quien fue su sucesor en la DFS”.
Por la seguridad nacional
–Si se crea una entidad en la Presidencia, ¿dónde quedarían las otras inteligencias, las que hacen la PGR, los militares, los gobernadores?
–Creo que el decreto de Peña que creó el Sistema Nacional de Inteligencia es muy bueno. Casi no le modificaría nada. Pero que quede en Presidencia y le pongan el nombre que se quiera. Puede ser una dirección de inteligencia que haría una función que no se ha atendido en México, que es la de preparar las necesidades de inteligencia del presidente.
“Se hace un programa anual y se le dice al presidente: ‘¿Usted está de acuerdo con que éstas son sus necesidades de inteligencia?’ ‘No, eso a mí no me importa’, puede decir.
Señala que los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos evidenciaron el desorden que había en ese país en la materia, y recuerda que el exembajador de Estados Unidos en México John Dimitri Negroponte fue el primer encargado de la Dirección de Inteligencia, que desde entonces depende del presidente.
Una oficina de inteligencia en manos del presidente es lo que la ortodoxia indica, asegura.
–¿Todos le reportarían a ese director de inteligencia de la Presidencia?
–El director mete todo en una especie de digestor de inteligencia y le dice al presidente lo que está pasando, incluso si algún secretario está en desacuerdo. Puede ser un aparato chiquito. Si me dijeran: “Tú te haces cargo, con 50 personas”, lo tendría listo, porque nada más estarían procesando información y emitiendo órdenes.
–Entonces, ¿por qué desde un principio no se propuso que el Cisen estuviera en la Presidencia?
–Porque estaba muy verde todo. Aquí estuvo la discusión con Gutiérrez Barrios, quien insistió en que se quedara en Gobernación, pero muy limitado.
“El nuevo centro, o como le quieran llamar, requiere de una persona no sólo conocedora de la materia, sino con una experiencia y conocimiento administrativo muy grandes, porque todo hay que reacomodarlo. Incluso sacar mucha gente que no da para los requerimientos actuales.
“El presidente necesita información para la toma de decisiones, y que no se produzcan absurdos como la expulsión del embajador de Corea del Norte para quedar bien con Donald Trump o no sé con quién.
“Ahora con lo que está pasando en Nicaragua y Venezuela, la salida de los hermanos Castro en Cuba o la situación en Honduras y El Salvador e incluso Guatemala, México debería tener un concepto de inteligencia para la seguridad nacional en relación con el Caribe y Centroamérica. Pero nadie lo está estudiando y el presidente, sencillamente, está desinformado”.
(Jorge Carrilo Olea, creador del Cisen. Foto: tomada de Internet)


