9 octubre,2019 6:32 am

En Iguala se aplicó un operativo militar de contrainsurgencia contra los 43, afirma periodista

Francisco Cruz Jiménez califica a los sucesos de la noche del 26 de septiembre de 2014 como “crimen de Estado” por la participación militar en la desaparición de los estudiantes y el asesinato de tres normalistas.
Acapulco, Guerrero, 9 de octubre de 2019. En la noche que desaparecieron los 43 normalistas de Ayotzinapa se aplicó un operativo militar de contrainsurgencia, dijo el periodista Francisco Cruz Jiménez, autor del libro La Guerra que nos ocultan.
Indicó ante los 50 estudiantes asistentes a la presentación de su investigación este martes en el auditorio del Instituto Internacional de Estudios Políticos Avanzados (IIEPA) de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), que el normalista Julio César Mondragón fue desollado, tortura propia del Ejército, que utilizó su celular durante varios meses y controlaba el C4 de Iguala, del que no se tiene acceso a la mayoría de sus cámaras porque estaban apagadas.
Francisco Cruz Jiménez calificó a los sucesos de la noche del 26 de septiembre de 2014 como “crimen de Estado” por “la participación militar en la desaparición y asesinato de tres normalistas”.
Contó que tuvo acceso al expediente del caso de casi 60 mil fojas públicas y “otro tanto de información privada” en la que se documenta la participación del narcotráfico y un “operativo militar de contrainsurgencia”.
Desde las 7:30 de la noche del 26 de septiembre de 2014 el ejército ya sabía lo que estaba sucediendo porque “estaba a cargo del C4 de Iguala”, indicó. De las 25 cámaras con las que cuenta sólo funcionaban cinco, por lo que señaló que “sólo pudieron ser ellos (los militares)” los que dieron la orden de apagar el resto.
Informó que esta institución controla desde 1982 todos los sistemas de comunicación de este país.
El ex director de la página web de El Sur dijo que su libro publicado en 2016, de coautoría con Félix Santana y Miguel Ángel Alvarado, es un homenaje a Julio César Mondragón, cuyo rostro se lo “arrancaron quirúrgicamente”, según las consultas a médicos militares que realizó y que se contraponen a la conclusión de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y la entonces Procuraduría General de la República (PGR hoy Fiscalía) de que fue un animal.
Este desollamiento fue para dar un mensaje y es una práctica del ejército, señaló Cruz Jiménez. Ejemplificó que el general Arturo Acosta Chaparro, traído por los Figueroa para reprimir a la guerrilla, “arrancaba las plantas de los pies a algunas de sus víctimas y las hacía caminar así para que confesaran”.
También citó el pasaje del libro Historia de la revolución en el estado de Guerrero, del político guerrerense Vicente Fuentes Díaz, en el que se narra que Victoriano Huerta ya practicaba el mismo desollamiento, lo cual demuestra que la tortura es una “escuela” de esta institución.
Comentó que en los datos de Telcel a los que tuvo acceso revelan que César Mondragón tenía un celular, información que también tuvo la CNDH pero no la compartió. Este aparato se encuentra en el Campo Militar número uno en la Ciudad de México y fue utilizado hasta el 4 de abril del 2015 para recibir y hacer llamadas.
Agregó que Guerrero tiene un largo historial de represión, especialmente en la Guerra Sucia, periodo en el que el ejército nombraba a sus víctimas como “paquetes”, mismo término utilizado en la noche del 26 de septiembre de 2014. Especificó que esta expresión sólo lo utilizan los militares y no se puede encontrar en el léxico del narcotráfico.
Especuló que los nombres de El Patrón y El Caminante que aparecen en los expedientes del caso se refieren respectivamente al exgobernador de Guerrero, Rubén Figueroa Alcocer y al expresidente de México, Enrique Peña Nieto, este último perteneciente al grupo Atlacomulco, que controla la línea de camiones El Caminante, a través de la familia Alcántara.
Indicó que la noche de Iguala “no es un evento aislado, los estudiantes de Ayotzinapa eran perseguidos por Peña (Nieto) desde 2013 cuando se descubrió que se preparaba un evento armado”.
Agregó que otro factor para entender la desaparición de los normalistas es la riqueza de Guerrero en uranio, titanio y oro, de este último se descubrieron vetas unos años antes en los alrededores de la escuela normal de Ayotzinapa.
Consideró que la versión que relaciona el transporte de droga con los ataques contra los normalistas es errónea porque los narcos los hubieran asesinado en el momento, “aquí lo viven desde abril de 2006 con las cabezas en Finanzas, los narcos llegan y matan, no te van acorralando”, dijo a los estudiantes.
El ponente estuvo acompañado por el director del IIEPA, Marco Adame Meza, los docentes Juan Ayala y Rosa María Gómez Saavedra, y el estudiante Rafael Carmona.
Texto: Ramón Gracida Gómez / Foto: Carlos Alberto Carbajal