28 mayo,2025 4:04 am

En la región Montaña hay un patriarcado ancestral, exponen especialistas de la UAG

Chilpancingo, Guerrero, a 28 de mayo de 2025.- En la región de la Montaña hay un patriarcado ancestral en el que los usos y costumbres no están dirigidos para beneficiar a las mujeres, expusieron especialistas durante un conversatorio de la Facultad de Gobierno y Gestión Pública de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG).

“La Montaña tiene los más altos índices de analfabetismo, de deserción escolar, de violencia familiar, de pobreza que hacen que mujeres y niñas sean más susceptibles de vivir todas las violencias”, advirtió la psicóloga Josefina Martínez.

El conversatorio Vulneración de los derechos de las niñas y las mujeres en el estado de Guerrero se realizó ayer a las 5 de la tarde en el Museo Universitario José Juárez, en el centro de Chilpancingo.

Participaron la psicóloga social Josefina Martínez García, coordinadora de Servicio Civil de Carrera de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Guerrero (Codehum) y Maribel Colchero de la Cruz, titular de la Agencia Especializada en Delitos Sexuales y Violencia Familiar del distrito judicial de los Bravo de la Fiscalía General de Estado (FGE).

Frente a una explanada llena de estudiantes y académicos, la defensora de derechos Josefina Martínez expuso el “protocolo de actuación para juzgar con perspectivas de las infancias y las adolescencias”.

Explicó que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha dado las pautas para establecer criterios de atención, prevención e investigación de niños, niñas y adolescentes en estado de vulnerabilidad.

Dijo que la mayoría ha sufrido en su niñez algún tipo de agravio porque había un modelo de familia y de cuidados a través del maltrato, porque los padres se creían dueños de la corporalidad de los hijos.

“Jueces, juezas, magistrados, procuradores de atención a niños en los municipios o figuras legales que tienen que ser tutores no pueden partir sin tomar en cuenta la decisión de las niñas y los niños. Además, contar con una atención integral de abogados y psicólogos con un gran sentido de las edades de las víctimas”.

Se tiene que saber la edad para ver en qué etapa de desarrollo se encuentra y cuáles son las necesidades, dijo.

En la investigación psicológica para identificar maltrato o violencias en niños se debe analizar su estado mental. Lo primero que debe conocer un investigador para perseguir un delito es conocer la edad y el tipo de pensamiento de las víctimas.

Mencionó el caso de un juez que le negó la justicia a una niña porque no recordó dónde ocurrió la agresión, y absolvió al culpable.

La agente en delitos sexuales, Maribel Colchero de la Cruz expresó que la vulneración a las mujeres es cuando no se respetan los derechos y libertades consagradas en la Constitución, y reconocidos en los instrumentos internacionales.

Las instituciones y los funcionarios tienen la obligación de brindar la atención que merecen las víctimas y a garantizar el derecho a una vida libre de violencia.

El estado de Guerrero, aseguró, se ha preocupado en darle el enfoque que necesitan las niñas, adolescentes y mujeres.

 

“Siempre un agresor sexual es una persona cercana a la víctima”

 

A la Agencia Especializada en Delitos Sexuales de la zona Centro llegan muchos casos de violencia sexual y familiar de grupos vulnerables, dijo Maribel Colchero.

“Siempre un agresor sexual es una persona cercana a la víctima. No es un desconocido, es alguien familiar en la mayoría de los casos. De ahí la importancia de implementar instrumentos que apoyen a las niñas que sufren este tipo de violencia. Tenemos un reto muy importante con los jueces”.

Se deben de juzgar con perspectiva de género y de infancias, dijo la agente del Ministerio Público.

En la ronda de preguntas y respuestas se habló de mandatos patriarcales y los matrimonios y uniones infantiles, tempranos y forzados en comunidades de las regiones de la Costa Chica y la Montaña.

“Es patriarcal que tengamos un solo Dios, cuando en 1492 éramos diosas, se nos rendía culto. Y cuando llegaron estos desarrapados, porque hasta presos eran los que se vinieron con Cristóbal Colón, imponen una figura patriarcal. Son elementos donde han tenido a la mujer en estado de opresión y de dominio”.

Por ejemplo, en la Montaña, mencionó, las mujeres aunado a un control de un patriarcado ancestral también están dominadas por la cuestión etérea de un ser supremo.

“En ese sentido la vida no es nada fácil para las mujeres decidir, porque responden a un ritual de supremacía masculina”.

–Sobre los derechos humanos de las mujeres en la Montaña ¿qué pasa cuando esas culturas le dan su propio concepto de derechos humanos?, ¿cómo se puede combatir o sensibilizar a estas culturas en el tema de los matrimonios forzados?– planteó una estudiante.

“Los usos y costumbres no están dirigidos para beneficiar a las mujeres. La Montaña tiene los más altos índices de analfabetismo, de deserción escolar, de violencia familiar, de pobreza”.

“Y estos elementos hacen que las mujeres y las niñas sean más susceptibles de vivir todas las violencias de género y los feminicidios. Y que efectivamente el hecho de vender a una niña en un matrimonio forzado sea una justificante para obtener ciertos recursos”, respondió la psicóloga.

Opinó que eso sigue siendo un elemento de un patriarcado ancestral en esas regiones.

“Ningún uso o costumbre puede estar encima de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y de la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) que exige al Estado mexicano que vigile todas las circunstancias”.

Josefina Martínez propuso que todas las políticas públicas se deben dirigir a donde existe la vulnerabilidad, pero desde el enfoque interculturalidad y no desde un “feminismo blanco” o de “escritorio institucional”, desde Chilpancingo.

En la conferencia estuvieron Diana Gómez Gómez, directora de la Facultad de Gobierno y Gestión Pública de la UAG, así como otros directivos y personal de la Facultad, Ireni Cristal Rebollal de los Santos, de la Unidad de Género de la UAG y Anabela Latabán Campos, responsable del Museo Universitario José Juárez.

Texto y foto: Luis Daniel Nava