
Se trata de un “acercamiento con la cruz, el agua, la tierra, el cielo y las semillas criollas, en una petición que viene “de nuestros antepasados, y que se sigue cumpliendo cada año, tanto en cerros como en casas e iglesias, porque la petición de lluvias se ha hecho y se hará por siempre”, dice uno de los rezanderos
Tenexatlajco / Chilapa, 26 de mayo de 2025. “Te pedimos señor, que el agua que envíes no sea agresiva como los huracanes que ya nos castigaron, sino que solo llene nuestras milpas y manantiales”, dijo en su disertación el rezandero Santiago Villanueva Morales, frente a decenas de comuneros, en la grieta rocosa que, bajo un encino enfermo, ha sido punto de peticiones de lluvias durante siglos en Tenexatlajco, Chilapa.
Después de un recorrido aproximado de 5 kilómetros, cerro arriba, la comitiva encabezada por autoridad municipal y encargados de la celebración, llegan a la grieta festiva entre música y cuetes, con la esperanza de que las lluvias lleguen “equilibradas”.
Se trata, dirá el rezandero en entrevista con El Sur, de un “acercamiento con la cruz, el agua, la tierra, el cielo y las semillas criollas”, en una petición que viene de lejos, “de nuestros antepasados, y que se sigue cumpliendo cada año, tanto en cerros como en casas e iglesias, porque la petición de lluvias se ha hecho y se hará por siempre”.
Pero aquí también hay demandas concretas a los poderes terrenos, como dice a El Sur Bernardino Francisco Vásquez, comisario municipal, quien recuerda que ya han pedido –sin éxito– tanto al gobierno municipal como al estatal, un sistema de abastecimiento de agua potable y un puente vehicular en la salida del pueblo, punto “que no tiene nombre”, a los que, hasta hoy, no les dan respuesta.
En esta comunidad no hay “pronunciamientos” contra un presunto uso indebido de estos rituales. Hay, más bien, el convencimiento de que, en buena medida, constituyen un patrimonio realmente universal, sin etiquetas de propiedad.
Contra lo que sugieren, los que romantizan la vida y prácticas indígenas, y dada la naturaleza del agua y su fuerte evidencia como soporte de la vida, cientos de comunidades indígenas guerrerenses, de México y el mundo, y, en realidad, de todas las culturas humanas, desde el más lejano pasado, han celebrado y celebran rituales suplicantes del también llamado líquido vital. Cada una con su propia retórica, por supuesto.
Para Villanueva Morales, es oportunidad para llamar atención hacia el cuidado de semillas propias de las comunidades, muy convencido de que “el agua es parte de nuestra sangre, de nuestra vida… son las nubes que asientan en las alturas de los cerros, donde existen las purezas, las energías limpias”.
Y en estos ceremoniales de temporada, se pide también para evitar desastres tipo Otis, que golpeó con todo, y de cuyos efectos aún hay gente que no ha sido atendida.
“Se cree que el huracán es un dragón, dice el rezandero en entrevista, y por eso se habla con él y se le ofrece mezcal, y se le pide que su fuerza pegue en tierra pero sembrando agua y no desgracia para las personas”.
El hombre que dirige el discurso apasionado frente a la grieta, y hacia lo cuatro puntos cardinales, no es un místico o religioso cualquiera. Es también un apasionado de las prácticas agroecológicas y un convencido del imperativo de contribuir a frenar el documentado cambio climático y la pérdida de múltiples formas de vida.
Aquí “también traemos la palabra de otras personas, de otras preocupaciones sociales, para que las escuchen en las alturas”, señala, y pide a su dios que no abandone a la juventud enrolada en escenarios de violencia, o ya “como víctimas o victimarios”.
Dice en su arenga, bajo un sol inclemente, que se deben recuperar los bosques para realmente conservar el agua, y “a eso animamos a los jóvenes, a arrodillarse y servir a la naturaleza, teniéndole respeto, mucho cuidado y buena defensa de ella”.
Santiago Villanueva aprendió de sus mayores, que lo invitaban a llevar las cruces a los cerros, o a traerlas de montes y cuevas, “para que recibieran la bendición y escucharan las misas de Semana Santa”; porque una vez que las cruces “escuchan las misas”, las regresan a los sitios de donde fueron recuperadas, a los “oídos y ojos de la tierra”, es decir, a cuevas, cruces de caminos, grutas o manantiales.
Desde hace más de una década, es invitado en diversas comunidades a conducir el ceremonial, con su disertación que apela a los cuatro puntos cardinales a los que dedica palabras solemnes dedicadas a la lluvia, los jóvenes, los ancianos y las mujeres.
Texto: Martín Equihua


