14 abril,2026 6:57 am

En un mundo en vilo, la diplomacia es la salida

Abelardo Martín M.

 

El ex presidente Andrés Manuel López Obrador rompió con la tradición de los gobiernos priístas y panistas de aprovechar cualquier pretexto para viajar al extranjero, desde las muchas reuniones cumbre que se suceden una tras otra en distintas partes del mundo, hasta las invitaciones permanentes y constantes “de Estado” que se acostumbran en las relaciones internacionales.

Durante el priismo, desde el presidente Miguel Alemán y en especial Adolfo López Mateos, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, convirtieron los viajes internacionales en la normalidad de la agenda presidencial. Lo mismo ocurrió con Vicente Fox y Felipe Calderón, los presidentes panistas que recorrieron el mundo en su carácter de jefes de Estado y de gobierno. Enrique Peña Nieto mantuvo esa forma de hacer relaciones internacionales, hasta que con la llegada de Morena y AMLO al frente, se rompió de tajo con ese hábito.

Al principio de su gobierno, tanto desde el interior como afuera, los comentarios críticos de esa decisión se repetían constantemente sin que influyeran en la decisión del presidente López Obrador, quien delegó esas giras en su canciller Marcelo Ebrard, quien aprovechó muy bien esa oportunidad y se relacionó con colegas y mandatarios de las distintas regiones del mundo.

Ahora, la decisión de la Presidenta Claudia Sheinbaum de asistir, el próximo fin de semana, a la reunión de partidos, movimientos y gobiernos progresistas que se llevará a cabo en la ciudad de Barcelona, España, constituirá un momento de gran relevancia por distintos conceptos, ante el escenario de belicismo que vivimos y el radicalismo conservador que se manifiesta en Europa, en el continente americano y en diversos puntos del planeta.

La actual presidenta define la política exterior de su gobierno con nuevos criterios y perspectivas, totalmente diferentes de las de su antecesor, sin abandonar, por supuesto, la misma línea ideológica que comparten. La presidenta Sheinbaum estableció con claridad su apoyo a la actividad internacional de México al designar a un funcionario del servicio exterior joven y dinámico, discípulo de los tres últimos cancilleres, Ebrard, Alicia Bárcena y Juan Ramón de la Fuente, éste último muy afectado de su salud, lo que lo obligó a mantener largos periodos de inmovilidad en su desempeño. Hoy, el secretario de Relaciones Exteriores de México, Roberto Velasco, ha devuelto el dinamismo a la cancillería en unos cuantos días. La prueba de ello es la decisión de la presidenta Sheinbaum de acudir a la ciudad representativa del arte de Gaudí.

La actividad diplomática hoy, en un mundo amenazado con varias decenas de conflictos bélicos en distintas partes del planeta, constituye la única salida a uno de los momentos más difíciles de la historia de la humanidad. Esta crisis ha mostrado el burocratismo y la ineficacia de muchos organismos internacionales que deberán sacudirse la polilla y renovarse o desaparecer. México ya tomó la decisión de activar su política exterior en todas las regiones del mundo, a fin de aflojar la influencia y hasta dependencia de los Estados Unidos, cuyo presidente tiene al mundo en vilo con sus declaraciones amenazantes y que ya incluyeron hasta al Papa León XIV.

El encuentro convocado con el nombre de Global Progresive Mobilization, es la concreción de una iniciativa promovida en 2025 por las plataformas políticas de la Internacional Socialista, el Partido de los Socialistas Europeos y la Alianza Progresista, para defender la democracia y avanzar en la justicia social. Sus organizadores afirman que este foro es el comienzo de un trayecto a largo plazo para construir una cooperación duradera y una capacidad compartida entre las fuerzas progresistas de todo el mundo.

A la sesión acudirán los presidentes Gustavo Petro de Colombia; Luis Inácio Lula Da Silva, de Brasil; Yamandú Orsi, de Uruguay, y Pedro Sánchez, de España. La asistencia de la doctora Sheinbaum es una oportuna respuesta a críticas recurrentes internas y externas de que el gobierno mexicano ha abandonado su tradicional liderazgo en América Latina, y ha estado al margen de la diplomacia mundial en los años pasados; y ocurre en una etapa en que las tensiones en el orbe se han exacerbado por la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán, acontecimiento que amenaza la paz y la estabilidad internacional.

En forma muy específica, será de gran interés la concurrencia de los presidentes de México y España en la cita en Barcelona, luego de varios años de alejamiento entre ambos gobiernos por la exigencia mexicana de que la corona española pidiera perdón por los abusos cometidos durante la conquista.

En todos los sentidos, el encuentro próximo tendrá consecuencias fundamentales para el futuro de los movimientos de izquierda, proceso en el que México juega un papel destacado que ahora se retoma. En los siguientes meses además, por otros motivos, nuestro país estará en el foco de la atención planetaria, durante la inminente celebración de la Copa Mundial de Futbol, en la que México es coorganizador.

En otro orden de ideas, ha concluido el periodo vacacional de Semana Santa y la Pascua, en el que Acapulco, Taxco y otros puntos turísticos de la región volvieron a tener una gran afluencia de visitantes, con el beneficio consecuente a los prestadores de servicios. El puerto en particular muestra el resurgimiento al que ya nos hemos referido.

En contraste, se ha desatado una gran controversia ante la anunciada cancelación del evento denominado Acamoto, que el año pasado reunió a unos diez mil motociclistas, con una derrama económica que algunos estiman comparable a la que se produjo en el reciente periodo de asueto. Pero también se observó acumulación de basura, desorden, vandalismo, violencia que derivó en ocho muertos, situación que ha llevado a las autoridades municipales a anunciar que negarán los permisos oficiales para la edición 2026 del festival motero, previsto para el próximo mes de mayo.

Es una lástima que la falta de organización y control de quienes están al frente de estos encuentros, y de las propias autoridades, derive en la cancelación de estos espacios que podrían llevarse a cabo con orden, saldo blanco y buenas cuentas. Ni modo.