
Chilapa, Guerrero, a 7 de marzo de 2025.- Nosotros deseamos que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo escuche y se comprometa con mujeres productivas, “las que están en el surco”, que tienen una historia de trabajo colectivo y propuestas, señala Sofía García García, presidenta de la organización Sanzekan Tinemi (seguimos juntos, en lengua nahuatl).
Esta organización tiene más de tres décadas de trabajo productivo con hombres y mujeres, en su mayoría indígenas, tanto campesinos como artesanos, de los municipios de Chilapa, Zitlala, Ahuacuotzingo y Apango.
“Lo digo a nombre de las que están en el surco, de las que están sembrando o tejiendo la palma”, como a nombre de productores y productoras de maguey y mezcal, apunta la lideresa. Pide “una reunión con la titular de la Secretaria de Mujeres, Citlalli Hernández”, para que conozca el trabajo de 35 años de organización y respalde las iniciativas colectivas que generan empleo y bienestar familiar.
La organización Sanzekan Tinemi nació en 1990 y durante su historia organizativa ha intentado soluciones colectivas a necesidades de fertilizante, financiamiento, producción o comercialización, con un enfoque productivo, sustentable, generador de empleo, sin olvidar las dimensiones de la cultura o los derechos.
En voz de su presidenta: “Es tiempo de que se reconozca el trabajo organizado y no sólo el individualismo”, como habría sido el esquema del anterior gobierno federal. Por eso, dice, “esperamos cita con la titular de la Secretaría de Mujeres, para que escuche nuestras propuestas”.
Tejer la palma y el futuro
Las artesanas de la Sanzekan Tinemi constituyeron la cooperativa Titequite Zansekan en 2015, para buscar mejores condiciones en producción y comercialización de sus productos.
Han logrado “la cadena completa, desde la recolección de semilla capulín hasta la venta del producto terminado”, señala la dirigente. Cuentan con un vivero para cultivo de palma brea dulce o palma sollate, desde donde trasladan la plántula a los márgenes de las parcelas de maíz, frijol y calabaza.
“Casi nadie tiene parcela, porque como mujeres, pocas son las ejidatarias o comuneras, y por ende no tenemos ni voz ni voto, ni tierra en la comunidad”, asevera.
En la actualidad, confeccionan aretes, anillos, pulseras, collares y otros productos de bisutería en varios modelos; objetos navideños como esferas, pinos, estrellas, nacimientos, angelitos y renos; tortilleros, paneras, cajitas, bolsas de mano, tapetes, depósitos para basura y un sinfín de enseres, bajo una combinación de técnicas y materiales, tanto heredadas de generación en generación, como innovaciones que facilitan la adaptación a los gustos de mercado.
Sin embargo, se han sentido desfavorecidas de las políticas públicas recientes, ya que éstas “sólo premian el individualismo y no el esfuerzo colectivo, como el que representamos nosotras”. Ilustra su dicho con diferentes rechazos que han tenido como cooperativa, tanto para recibir apoyos financieros como en la apertura de espacios comerciales, “pues nos dicen que vengan de una en una, porque son apoyos individuales”, lamenta.
El mezcal hace historia
Después de 35 años de organización, “ni yo mismo lo creo”, dice Emiliano Cerros Nava, quien encabeza al sector magueyero y mezcalero. Es uno de los fundadores del organismo social. Destaca “la satisfacción de mucha gente por los frutos que Sanzekan ha dejado en las comunidades”, sin olvidar que algunos proyectos se han truncado, especialmente por factores externos como la inseguridad. Es el caso de la caja de ahorro, que práctimante les fue arrebatada.
Su protagonismo en la cadena maguey-mezcal los ha llevado a constituir la Asociación de Magueyeros y Mezcaleros del Chilapan (Ammchi), a crear una marca colectiva y a abrir mercado nacional e internacional, en el vecino país del norte, desde donde pende la amenaza de aranceles a México.
Mantienen empleo directo para más de cien personas, desde viveros y parcelas de maguey, hasta la promoción y venta del producto, pasando por el procesado, el embasado y otras actividades propias de esta bebida, a la que le han cuidado la pureza artesanal y ancestral, para la que “no usamos ni agua destilada”, y cuya calidad ha pasado todas las pruebas posibles, incluida la de sustentabilidad.
Sin embargo, no han obtenido financiamiento para acopiar toda la producción de sus maestros mezcaleros y consolidar así un buen volumen para acceder a otros mercados.
La cava, con capacidad para reposar 60 mil litros, se mantiene subutilizada. Ante ello, gran parte de su producción es vendida de forma aislada, por cada productor, y no en las mejores condiciones comerciales, además de que el mezcal termina repartido entre el maestro mezcalero y el rentista de la tierra del maguey.
“Necesitamos capital líquido para tener mejores opciones de venta y mantener las cantidades de empleo, que es lo importante”, urge Cerros Nava.
Como mezcaleros se han enfrentado a “la misma contradicción de las artesanas y de todos los que trabajan organizadamente”, con políticas públicas destinadas a productores en lo individual y no para grupos, que les ha atorado su legalización y otros registros.
A pesar de ello, mientras tengan maguey y tierras propias o rentadas para su cultivo, el mezcal continuará.
Aniversario en puerta
En algunas semanas, la organización celebrará su asamblea anual de aniversario, en la que tradicionalmente remarca sus principios de independencia y autonomía, su enfoque comunitario y sustentable.
Entrevistados por El Sur, los también fundadores Marco Miranda Salgado y Rogelio Alquisiras Burgos, coinciden en que el gobierno federal en turno debe dar “un giro radical a su política hacia los sectores productivos del campo”.
A decir de Alquisiras Burgos, se debe reconocer que “el campo es multifuncional” y que el campesino no sólo siembra maíz, sino que al mismo tiempo es pequeño ganadero, artesano, magueyero, mezcalero, forestal, recolector de frutos y leña; cuidador del agua, comprador y vendedor de productos y más, por lo que se requieren políticas integrales que reconozcan y apoyen esa multifuncionalidad productiva, subraya.
Para el caso de las artesanas, considera que “la artesanía no es sólo folclor”, sino una manifestación cultural profunda, por lo que las políticas deben pensar en las artesanas y su integralidad, no sólo en las piezas. Hoy, lo que ellas han logrado es “gracias a su esfuerzo”, con mínimos apoyos, por lo que “si la presidenta Claudia Sheinbaum quiere ir al fondo del asunto”, tiene que mirar la integralidad de la vida de las mujeres artesanas.
La organización ha sido acredora de diversos premios y reconocimientos por su emprendimiento comunitario, su trabajo forestal, el mérito civil, el desarrollo rural o la recuperación y cuidado del agua, entre otros.
En los últimos años ha trabajado también en el desarrollo de técnicas agroecológicas y esperan pronto poder instalar una extensión del Instituto de Agroecología de América Latina.
En el balance de sus primeros 35 años, a decir de Miranda Salgado, el “impacto social, económico y organizativo”, es innegable.
“Se entendió que en lo individual los campesinos pobres poco pueden hacer ante un mercado voraz, que impone condiciones en la producción”, dice por su cuenta Alquisiras Burgos, quien está convencido que el trabajo colectivo ha dado empuje y fuerza en el proceso productivo, “a pesar de las políticas que siguen premiando al individualismo”.
Para Sofía García es importante seguir organizados para mantener la producción y comercialización artesanal y de mezcales, como real alternativa económica para las familias campesinas.
Confía en que las organizaciones dejarán de ser “el patito feo” en la políticas públicas y cuando eso ocurra, el mezcal estará esperando para celebrar.
Texto y foto: Martín Equihua


