19 septiembre,2019 4:52 am

Escuchar a víctimas en Acapulco es más fuerte que oír al Papa, dice cura de Roma

Celebran el primer aniversario del memorial a víctimas de la violencia, ubicado en la iglesia San Cristóbal. El Servicio Médico Forense “expide olor de muerte”, señala el presidente de la Fundación Santina, monseñor Luigi Ginami.
Acapulco, Guerrero, 19 de septiembre 2019. El presidente italiano de la Fundación Santina, monseñor Luigi Ginami, dijo que escuchar las historias de las víctimas de Acapulco es “más fuerte” que oír al papa Francisco, durante el primer aniversario del memorial a las víctimas de la violencia, ubicado en la iglesia San Cristóbal y del cual fue su promotor.
Ayer, frente a unos 50 feligreses, monseñor Luigi Ginami informó, sin precisar fecha, que visitó el Servicio Médico Forense, el cual “expide olor de muerte” porque tiene 15 cadáveres por semana, casi todos por balaceras.
Contó que publicó su libro en italiano, junto con la periodista Valentina Alazraki, Grecia y las otras, que recoge testimonios de mujeres víctimas directas e indirectas de violencia alrededor del mundo, entre ellas las historias de acapulqueñas como Verónica, Cecilia y Rocío. De la última contó que presenció el asesinato de su marido y luego ella fue ejecutada.
El Papa Francisco conoció su historia por una entrevista que le hizo Alazraki en mayo en la que le dio una playera de la víctima. El pontífice señaló que esta prenda es “una bandera del sufrimiento de tantas mujeres que dan vida y dan la vida y que pasan anónimamente. De Rocío sabemos el nombre, de tantas otras no”, se escuchó en la grabación que se puso junto al micrófono en el evento.
Luigi Ginami agregó que desearía trabajar aquí con las familias víctimas de la violencia porque “verdaderamente escuchar las historias de Norma, Rocío y Cecilia es más fuerte que escuchar al Papa Francisco. No tengo miedo de decirlo frente al Papa, estas historias son nuestra historia”.
Durante la misa, a la que asistieron unas 200 personas, entre vecinos de la colonia Progreso y familiares de víctimas, el arzobispo Leopoldo González dijo que “la desaparición de seres queridos deja un hueco muy grande, hace muy difícil el duelo”.
“La búsqueda de aquellas personas que el crimen ha desaparecido y darles rostro y nombre, es una tarea muy ardua pero hay que realizarse porque es exigencia de justicia”, señaló.
Indicó que hay que voltear a ver a los niños porque el dolor que sienten los padres al perder un hijo “no tiene nombre”, pero también el pesar por un hermano es “enorme”.
Por su parte, el otro promotor del memorial, el padre Octavio Gutiérrez, indicó que Acapulco tiene “muchísimas” familias con personas desaparecidas y asesinadas que han perdido la esperanza, por lo que el objetivo era darles consuelo y paz.
Pidió que “no permanezcamos indiferentes e insensibles a lo que estamos viviendo, sino que podamos junto con los hermanos que viven estas experiencias tristes y dolorosas caminar con ellos”.
Otro orador fue el padre Adolfo Pita, quien dijo que “no podemos olvidar a todos los hermanos, familiares, amigos y conciudadanos nuestros que han sido víctimas de la inseguridad”.
Señaló que el memorial “es un llamado a la conciencia de todos y cada uno para poner alto a la situación actual que nos deshumaniza. Es un espacio sagrado porque cada ser humano lo es”.
Agregó que también significa un “reclamo legítimo a las autoridades civiles para que cumplan su deber fundamental de ofrecer seguridad y justicia a sus gobernados. Este memorial es una exigencia visible de la imperiosa necesidad de avanzar en la verdad y esclarecimiento de cada uno de los actos que nos han arrebatado a los seres queridos”.
Indicó que en el futuro la no repetición de los hechos debe ser una realidad.
Posteriormente hubo una procesión alrededor de la iglesia y durante ésta se rezó un rosario por las personas asesinadas, desaparecidas y jóvenes involucrados en el crimen organizado.
El acto concluyó con un pase de lista de personas asesinadas y desaparecidas incluidas en el memorial, incluidos sacerdotes y periodistas.
Después el arzobispo bendijo las nuevas placas que se sumaron al memorial de asesinados y desaparecidos. Este acto se realiza cada tres o cuatro meses.
Texto y foto: Ramón Gracida Gómez