
Estuvieron también Óscar Chávez, Fernando Delgadillo, los chilenos Isabel y Tita Parra y el grupo Inti Illimani.
Ciudad de México, 29 de julio de 2019. A las 4 de la tarde del sábado surgieron banderas brasileñas y miles de paraguas se cerraron para ver cuando Caetano Veloso tomaba –bajo los ritmos subyugantes, dulces y armónicos del bossa nova– el escenario colocado en la zona conocida como Las Islas, de Ciudad Universitaria de la UNAM.
El compositor, intelectual y activista brasileño, uno de los creadores del movimiento musical Tropicalismo, expresó en la gran explanada del campus universitario: “Es una gloria para mis hijos –Moreno, Zeco y Tom– y para mí estar en la Ciudad de México”.
Entre los sonidos de guitarras, teclados y percusiones ligeras que se tradujeron en ritmos de samba, bossa nova y trova, con fusiones africanas ejecutadas por los Veloso, en varias pancartas que surgieron del público se leía “Lula libre”.
Gritos acompañaron esta misma petición mientras sobre el proscenio refulgía la familia de artistas que cantó, bailó y con entusiasmo tocó sus instrumentos. Felices y unidos de manera entrañable mostraron su amor y pasión por la música y no faltó la dedicatoria a su querido amigo Joao Gilberto, fallecido a principios de mes y quien fue “una luz” en la carrera musical de Veloso.
Se dice no religioso, pero en su paso por México, Caetano Veloso sólo registró visitas a Teotihuacán, ciudad de templos, y la Catedral Metropolitana.
También las Islas de Ciudad Universitaria se convirtieron en un templo, donde 20 mil personas entronizaron al brasileño en un concierto histórico que marcó el Festival Cantares de Trova y Canción Urbana.
Antes de su llegada, figuras como Óscar Chávez, Isabel Parra y su hija, Tita, así como el conjunto chileno Inti Illimani, ocuparon el escenario.
“Mi tío fue como mi padre y le encantaba esta música”, relata Elizabeth Muñoz, una de las miles de asistentes.
Cuando llega Veloso, de 76 años, se yerguen banderas con el lema de Brasil, Ordem e Progresso.
Los asistentes que lograron colocarse a unos pocos metros del escenario fueron los afortunados que alzaron sus celulares y lograron sacarse la selfie, pero otros buscaron “un mejor ángulo” para grabarlo en video sin el estorbo de los paraguas bajo los cuales algunos previsores se ocultaban del sol.
La mayoría de pie cantaba, se abanicaba e incluso bailaba en Las Islas, mientras disfrutaban las obras poéticas de Caetano Veloso y sus hijos, algunas rítmicas y otras nostálgicas.
Durante más de una hora, Caetano Veloso se refirió a las letras de las canciones que integraron su programa, en las cuales se hacen referencias a la celebración por la reproducción y a la religiosidad que el músico dedicó emocionado visiblemente a sus descendientes.
Yo no soy religioso, pero mis hijos sí. Zeco y Tom son cristianos y Moreno se inclina por las religiones de matriz africana, expresó. Con su prole, generó rítmicos, sensuales y armónicos sonidos que envolvieron de paz, armonía y fiesta el ambiente entre el público asistente a la apertura del festival.
El propio Veloso vibró y se mostró emocionado cuando su hijo Moreno le dedicó una canción de su autoría. En su primera presentación en la UNAM, la familia brasileña presentó Ofertorio, espectáculo intimista, del disco homónimo de 2018, en el cual Caetano está acompañado por sus tres hijos; también homenajeó a México con la interpretación de Cucurrucucú paloma.
Y luego, el puro samba, con el que se despiden los Veloso (A luz de Tieta), que pone a bailar a toda la congregación que, agradecida, aplaude a rabiar el primer concierto de esta figura, que califica el momento: “Ha sido una maravilla”.
Otros participantes
Antes estuvieron sobre el escenario montado frente a Rectoría y la Biblioteca Central, Óscar Chávez, leyenda de la trova y la música latinoamericana, así como Fernando Delgadillo, cantautor considerado creador de la canción urbana, así como los chilenos Isabel y Tita Parra y el grupo Inti Illimani.
Las referencias a las luchas sociales, los estudiantes y el gran coro que el público formó para entonar el pueblo unido jamás será vencido, prevalecieron en esta primera jornada de Cantares, en la que El caifán mayor fue homenajeado y cantó lo mejor de su repertorio y fue denominado Patrimonio Cultural Vivo por la Secretaría de Cultura capitalina.
El festival comenzó a las 11 de la mañana con la cantautora Leticia Servín, quien se dijo agradecida por haber sido invitada a participar. Dedicó un soneto a Octavio Paz y dejó escuchar referencias a Sor Juana Inés de la Cruz, entre ellas, Las trampas de la fe y La fiera borrasca. También recordó a su hijo ausente con un emotivo poema.
Personas de todas edades, algunas con mascotas, se fueron posicionando por la mañana en algún lugar para disfrutar de una tarde apacible –parados, acostados o sentados– que terminó con la esperada presentación de Caetano Veloso.
En tanto, vendedores ambulantes y agentes de seguridad también estuvieron dispersos en torno al gran espacio al aire libre, donde se escucharon aplausos y gritos del público que bailó influido por el ritmo seductor de la música.
El festival se enmarca en los 50 años del concierto que ofreció Joan Manuel Serrat en Ciudad Universitaria. Ahora Cantares: fiesta de trova y canción urbanacausa provoca expectación porque también se hace de manera paralela en otras sedes y en estaciones del Sistema de Transporte Colectivo Metro.
Texto: Víctor Juárez / Agencia Reforma / Redacción / Foto: Twitter


