
Son “Frankensteins arqueológicos”, resultado de otros monumentos “destazados”, se quejan
Ciudad de México, 18 de marzo de 2026. Investigadores del INAH demandaron ayer la cancelación de los denominados Parques de la Memoria en la Península de Yucatán, surgidos tras el trazo del Tren Maya, pues reúnen, según calificaron, “Frankensteins arqueológicos”, resultado de monumentos “destazados”.
Anunciaron, también, que promoverán acciones legales contra el exdirector del Instituto bajo el cual se aprobaron estas obras, Diego Prieto, actual titular de la Unidad de Culturas Vivas, Patrimonio Inmaterial e Interculturalidad de la Secretaría de Cultura, y otras autoridades involucradas.
“¿Por qué le llamamos un Frankenstein arqueológico? Porque recordemos que en el caso de los parques que se están realizando ahora, los Parques de la Memoria, no estamos hablando de que solamente movieron una estructura o un sitio arqueológico: para realizar este parque se movieron tres sitios arqueológicos distintos, es decir, literalmente pegaron, agarraron y subieron tres sitios arqueológicos diferentes para crear ahora una cosa que única y exclusivamente tiene un sentido turístico y no de protección, no de salvaguarda”, explicó la arqueóloga Fiorella Fenoglio al participar en una mesa titulada “La destrucción y el despojo de monumentos arqueológicos: El Tren Maya y el Parque Balam Tun; una práctica injustificada”.
Balam Tun, en Quintana Roo, es uno de esos parques, construido con vestigios y piedras nuevas; otro es K’awiil, en Campeche.
Estos sitios afectan no sólo el patrimonio sino también la labor de protección desarrollada por las y los especialistas en arqueología, añadió.
“En el imaginario de los fraccionadores, de las empresas públicas y las empresas privadas, podría prevalecer la idea de que si no se conservaron los monumentos en el sureste –estamos hablando de una arqueología monumental donde tenemos estructuras muy importantes– entonces podría ser factible que todo el patrimonio en otras regiones culturales pueda ser desmontado o destruido. ¿Para qué? Para ejecutar obras de infraestructura sin restricción”.
Por su parte, también en la mesa, el arqueólogo Jesús Sánchez aseguró que los monumentos originales “trasladados” a estos parques fueron “destazados” de sus sitios de origen para dar paso al tren.
“Lo que hicieron fue arrancarles las piedras de sus fachadas, llevárselos al Balam Tun para revestir los cajones de mampostería que construyeron para presentárnoslos como un parque arqueológico en donde se guarde la memoria y la herencia de la cultura maya”, dijo.
Sánchez pidió distinguir entre remover piedras y remover estructuras.
Para la realización de Balam Tun hicieron lo primero, porque los núcleos originales de la estructuras permanecen abandonadas, aseguró.
El INAH se justifica
Ante las denuncias de investigadores, el INAH respondió ayer mismo con una mesa encabezada por su director, Joel Omar Vázquez, donde se destacó que más de 6 mil monumentos arqueológicos fueron conservados in situ a lo largo del trayecto del Tren Maya.
Incluso, aseguró que en 25 casos se justificó y promovió la desviación del trazo original para preservar diversos conjuntos y edificios aislados.
“Algunos de ellos, que fueron objeto de restauración preventiva, pueden admirarse en las cercanías de las estaciones Bacalar, Kohunlich e Xpujil”, ejemplificó la dependencia en un comunicado.
En la mesa, donde también participaron José Luis Perea, secretario técnico del Instituto, y, entre otros, Manuel Pérez y Rivas, Coordinador del Salvamento Arqueológico, se justificaron todas las acciones del INAH.
Si bien se respetaron más de 6 mil monumentos, según Perea, no fue posible conservar 56 edificios de mampostería: “Lo que requirió una compleja evaluación por parte del Consejo de Arqueología, apegada a la normatividad y bajo un principio básico: la conservación del patrimonio arqueológico”, señaló.
Yanireth Israde / Agencia Reforma


