
Lo despiden sus compañeros en los acantilados donde se hizo famoso. En un gesto generoso, cualidad que mostró durante su vida, pidió que sus órganos se donaran
Barbara Kastelein / especial para El Sur *
Este sábado murió el destacado clavadista de La Quebrada Martín Javier Sánchez, El Master, de un derrame cerebral, noticia que fue recibida con gran tristeza entre la comunidad de clavadistas y la población de Acapulco.
Martín, de 53 años de edad, fue declarado sin vida en el hospital Vicente Guerrero la mañana del sábado, tras sufrir un derrame cerebral severo el domingo 31 de agosto en la casa de su prometida, Sonia Rodríguez, en Caleta.
Fiel a su generosidad, había expresado su voluntad de donar sus órganos para dar vida a otros. En un emotivo gesto, personal médico lo despidió con aplausos –mezclados con lágrimas– cuando su cuerpo fue trasladado después de la extracción de los órganos vitales, en un breve video que circuló en redes sociales este fin de semana.
“Es tan doloroso, pero tan motivante,” expreso el presidente de la Asociación de Clavadistas Profesionales de La Quebrada, Gustavo Gatica Goroztieta, el domingo –después de un homenaje que organizó la hermandad de clavadistas en La Quebrada a las 5:30 de la tarde, antes de que llevaran a Martín al crematorio.
“¡Hasta el final El Master!”, dijo don Gus, tras compartir un video que mostró que –gracias a Martín– dos personas tienen oportunidad de vida y dos más podrán mejorar su visión.
Alegre, romántico y muy querido por su comunidad, Martín fue hijo de don Nacho, Ignacio Sánchez Castañeda (apodado El Borrego), quien fue tres veces campeón internacional de clavados en La Quebrada. Heredó de su padre su talento y pasión por estos espectaculares clavados, que desafían a la muerte.
El Master era un campeón también –de clavado en pareja– en los torneos que han sido celebrados esporádicamente en Acapulco desde 1967, y que atrajeron a clavadistas de todas partes, que acudieron a La Quebrada como la Meca mundial de este deporte extremo.
Además, el carismático Martín fue amado como una figura paternal y un maestro inolvidable por los niños y jóvenes de La Quebrada Junior, a quienes solía enseñar a lanzarse de manera segura para el disfrute de los turistas que visitan este icónico escenario acapulqueño.
Sonia, con quien Martín anhelaba casarse en su cumpleaños mutuo (30 de enero) el año próximo, describió los primeros síntomas del derrame cerebral que afectaron a su prometido cuando estaban viendo juntos la película Apocalipsis: un repentino dolor de cabeza y dolor detrás de los ojos, seguido de fatiga extrema y escalofríos, momento en el que llamó a una ambulancia.
La noticia de su internamiento corrió rápidamente entre clavadistas activos y jubilados, despertando preocupación, y también nostalgia, entre quienes lo conocieron desde que era un niño correteando por la plazuela en los años setenta, cuando Acapulco era la joya vacacional de América Latina, más famosa en el extranjero que México mismo.
“Era súper sonriente y siempre muy atento”, comentó una fuente que ha trabajado en la promoción de Acapulco por casi 20 años. “Hablaba inglés y sabía cómo tratar a los medios y a la prensa, y fue un gran promotor, no solo de La Quebrada, sino de todo Acapulco”.
Yo vi por primera vez a Martín cuando realizó el espectacularmente peligroso y raro clavado de Fuego en el océano, como parte del homenaje de los clavadistas a la Virgen de Guadalupe, el 11 de diciembre de 2005. Nos hicimos amigos al año siguiente, cuando él solía ofrecerme a mí y a una amiga periodista, entonces con la BBC, aventones en su motocicleta.
Era amigable y divertido, como me dijo su hermano mayor Nachito, que vive cerca de Saltillo, Coahuila, y trabaja como transportista: “Mi hermanito era amistoso con absolutamente todos, mientras que yo no soy muy social y prefiero mantenerme en lo mío”.
Mencioné la jovialidad de Martín y su fino sentido del humor en este periódico en noviembre de 2006, cuando reporteé la manera en que saludó al entonces campeón mundial de clavados de altura, Orlando Duque, de Colombia, uno de los fundadores de Red Bull Cliff Diving World Series (www.redbull.com/int-en/event-series/red-bull-cliff-diving). Al obsequiar la camiseta del campeonato, dijo: “Le deseo a Orlando todo lo mejor, y en el clavado sincronizado, casi lo mejor… te deseo el segundo!”. Y Orlando se rio, le dio las gracias y luego me comentó: “Todos entendemos que para saltar de este acantilado, requiere mucha valentía. Yo no puedo hacer lo que hacen.”
Estas cualidades de anfitrión seguro y encanto bromista se hicieron eco en todas las redes sociales el domingo, con cariñosas fotografías de Martín publicadas por muchos de sus colegas y amigos a lo largo de la larga carrera de El Master en el imponente acantilado.
Las conmovedoras respuestas a los informes del fallecimiento de Martín en la página oficial de Facebook de la Asociación incluyeron: “No es un adiós sino un hasta luego (nos vemos en el otro lado) Martín Javier Sánchez”; “DEP amigo, Dios te reciba en su Gloria”, y –por su juventud–: “Wow, no puedo crearlo. El grande Master de La Quebrada de Acapulco. Un fuerte abrazo a mi viejo amigo”, y “Me sorprende esta noticia, pero que descanse en paz mi buen maestro una gran persona”.
Las condolencias también llegaron del ex clavadista olímpico mexicano y competidor de Red Bull, José Antonio Martínez, quien se refirió a Martín como “una leyenda de La Quebrada”, y dijo que “deja su legado para los futuros clavadistas de Acapulco”.
Martín deja atrás a su madre, Micaela Montes Barragán, de 71 años de edad; a su padre, el campeón clavadista (y la inspiración para mi audiolibro, Héroes del Pacífico: Entrada al mundo de los clavadistas de Acapulco *).
Don Nacho, de 78 años; a su hermano mayor, Nachito, de 54 años; a su hermana menor Azalea, de 46; así como a un hermano más joven del último matrimonio de su padre, Aarón Aristeo, de 26 años. La bella Sonia, de 49 años, en medio del dolor de su pérdida, agradeció el noble corazón de Martín, y acompañó a su prometido hasta el final. Dijo: “era el amor de mi vida”.
El mundialmente famoso show de clavados (inmortalizado en el extranjero por el musical de Elvis Presley de 1963, Fun in Acapulco) se realiza cinco veces al día, 365 días al año, a la 1 de la tarde, 7, 8, 9 y 10 de la noche, y cuesta solo 100 pesos en la taquilla de los clavadistas, ubicada en los escalones que bajan hacia las plataformas inferiores de observación, donde se venden camisetas firmadas por los clavadistas, y también las bellas conchas y platos pintados a mano por el ex clavadista Juan Lezama.
* La doctora Kastelein donó 12 capítulos de su investigación de más de 20 años como audiolibro en español a México en junio de 2024, para que estuvieran disponibles gratuitamente a través de la Secretaría de Cultura federal. Fue grabado con la voz de la actriz Tamara Mazarrasa y editado por el productor de sonido mexicano, Emiliano López Rascón en los estudios de la Fonoteca Nacional y ahora se está ansiosamente esperando la firma del Jurídico de la Secretaría para conseguir el financiamiento necesario para completar su trabajo en el contenido digital. El propósito de regalar su obra era para agradecer a los clavadistas por su bienvenida y confianza, para ayudar a levantar la moral después de la devastación del huracán Otis, y para impulsar su intento de obtener el Estatus de Patrimonio Mundial con la UNESCO, para que su tradición de 90 años sea protegida internacionalmente y ellos obtengan la autodeterminación que merecen por su servicio a su ciudad, estado y país. Se piden sus oraciones para que salga este libro, tan esperando, a tiempo para la peregrinación de los clavadistas el día de Juan Diego, el 9 de diciembre de este año, antes de que muera ningún otro clavadista que forma parte de esta bella historia.


