21 julio,2025 6:16 am

Familiares de desaparecidos en la guerra sucia piden verdad, justicia y reparación del daño

 

Activistas y defensores de derechos humanos acuden a la presentación en la UPN de Chilpancingo de la Lista Apresa y los Vuelos de la Muerte. Es importante preservar la memoria con documentos como éste, pero lo más importante es que deben servir de instrumento para el esclarecimiento de los hechos, y que se haga justicia, coinciden

 

 

Chilpancingo, Guerrero, 21 de julio de 2025. Verdad, justicia y reparación del daño, pidieron ayer familiares de víctimas de desapariciones ocurridas durante la llamada guerra sucia o época de terrorismo de Estado, así como activistas y defensores de derechos humanos durante la presentación de la Lista Apresa y los Vuelos de la Muerte, en esta ciudad.

Coincidieron en que es importante preservar la memoria con documentos como éste, pero que lo mas importante es que debe de servir de instrumento para el esclarecimiento de los hechos, y, sobre todo, que se haga justicia.

La presentación del documento periodístico elaborado por un equipo encabezado por la periodista Marcela Turati se presentó este domingo en el auditorio de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) de Chilpancingo.

El ex integrante de la desaparecida Comisión de la Verdad (Comverdad), Nicomedes Fuentes explicó que el texto es una lucha contra el olvido, “un tema de memoria histórica, pero también de lucha ante la injusticia”.

Agregó que se trata de una prueba importante, “y yo creo que nos da un espacio de seguimiento que puede crecer hasta llegar al cumplimiento de la demanda de justicia que tienen los familiares de las víctimas y sobrevivientes”.

Abel Barrera Hernández, director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan, e integrante del también desaparecido Mecanismo para la Verdad y el Esclarecimiento Histórico, coincidió en que la Lista Apresa y los Vuelos de la Muerte debe ser un instrumento de lucha para que continúen las investigaciones y conocer el paradero de los desaparecidos y desaparecidas “y se rompa el muro de impunidad que hay contra los militares, sobre todo en Guerrero donde la herida está muy abierta”.

Agregó que este es un trabajo que se tiene que seguir impulsando desde las trincheras ciudadanas para ir mostrando como se urdió la estrategia de terror con los vuelos de la muerte, “porque en este Gobierno no vemos que vaya a haber justicia y reparación”.

Angélica Gutiérrez Salgado, hija del desaparecido y después asesinado Irineo Gutiérrez Santana, de Chilpancingo, opinó que el trabajo es una evidencia “fuerte y judicializada, traída de la misma fuente que fue utilizada por el Estado mexicano entre los años 1960 y 1990 como política de Estado para aterrorizar a la sociedad en general”.

Dijo que en esos años el Estado quiso provocar un “estrés social”, para permitirse hacer una serie de atrocidades en contra de la sociedad “y nos quedáramos callados por temor; quisieron paralizarnos y mantenernos con la cabeza baja”.

Señaló que en la represión de esos años hubo autores intelectuales dentro del “Estado perverso” y que son a los que se debe llegar mediante esta investigación.

“Es el momento en esta Transformación, si bien hay compromisos con el Ejército que fue la mano ejecutora, hay autores intelectuales que corresponden a esa política de represión, que tienen nombres y que pertenecen a esa clase política”.

Recriminó que la represión “en contra de nuestros padres e hijos” haya sido solo por luchar por la democracia “y esa democracia ha llegado; quieran o no esta transformación se debe a ese sacrificio, y nos la deben, lo digo por dignidad, mínimamente ese derecho tengo”, reprochó.

Angelica Gutiérrez contó durante la presentación de la Lista Apresa y los Vuelos de la Muerte el testimonio de su padre Irineo Gutiérrez Santana, un teniente de sanidad del Ejército mexicano, y a la vez estudiante de la licenciatura en derecho de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), que fue desaparecido y asesinado por el mismo Ejército mexicano al cual servía.

Contó que su padre Gutiérrez Santana, fue desaparecido en octubre de 1968 en Chilpancingo, y después de que lo estuvieron buscando sus familiares, circunstancialmente lo encontraron en las mismas instalaciones de la 35 Zona Militar en los primeros meses de 1969.

Después de varios meses de búsqueda, un día Angelica acompañaba a su madre que iba a buscar al comandante de la 35 Zona Militar para preguntar por su esposo, como ya lo había hecho varias veces, de pronto escuchó la voz de Irineo que les gritaba cuando iban pasando cerca.

Expuso que su padre estaba encerrado en unas oficinas y se asomó por la ventana en el momento que pasaban, por lo que su madre fue a reclamarle al general y entonces las llevaron a verlo.

Fue a partir del hallazgo fortuito que trasladaron a Irineo Gutiérrez Santana al Campo Militar Número 1 de la Ciudad de México, donde según contó ayer Angélica su padre escuchaba las torturas a las gentes que tenían detenidas en aquellos años, la mayoría eran estudiantes, según les contó su padre.

A Irineo, de acuerdo con el testimonio de su hija, lo habían desaparecido porque siendo estudiante de la Escuela de Derecho de la UAG encabezaba un círculo de estudios de sus compañeros en una casa de la colonia Viguri de Chilpancingo, donde se reunían para estudiar marxismo, “que en esos años estaba prohibido”, recordó Angélica.

Dijo que, en ese año de 1960, el Gobierno tenía la idea de que había un movimiento generalizado de estudiantes sobre todo en Guerrero, que se proponían inmovilizar al país para impedir las Olimpiadas.

Derivado de ello, el entonces presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, dio instrucciones para que agarraran a los lideres de las células sobre todo de Guerrero.

Contó que su padre, era, además de estudiante de la UAG, teniente de sanidad del Ejército mexicano, y cuando fue descubierto que encabezaba uno de los círculos de estudios, sus fejes le dieron órdenes que fuera a detener a sus compañeros del círculo, pero él se negó; “les dijo que no era autoridad para hacerlo, ni tenía algún documento por escrito, ni había un procedimiento legal”.

Dijo que, al negarse, lo agarraron junto con dos de sus hermanos gemelos (de Angélica) de ocho años de edad, “los anduvieron paseando en un Jeep apuntándoles con armas a mis hermanos para que mi padre aceptara detener a sus compañeros del círculo de estudio”.

Dijo que como su padre se volvió a negar lo desaparecieron, mientras que a sus hermanos los dejaron cerca de la casa de unos vecinos suyos.

Contó que después de que lo encontraron circunstancialmente en las instalaciones de la 35 Zona Militar los mandos militares se vieron obligados a trasladarlo al Campo Militar número 1 de la Ciudad de México, donde le realizaron un juicio militar en el que demostró que no había cometido ningún delito.

Angélica dijo que su padre fue liberado hasta 1970, “pero no se la perdonaron, poque en 1975 murió en un aparente accidente automovilístico, para Angélica se trató de un asesinato.

Informó que a su padre lo mataron mero el 19 de febrero de 1975, Dia del Ejército, cuando venía de Cuernavaca hacia Chilpancingo en una larga recta que está pasando Iguala, “venía en una combi manejada por un chofer porque él no podía conducir, entonces un carro de los grandes se fue directo del lado donde iba mi padre”.

Días después, el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez le mandó una carta a su madre preguntándole qué quería por la muerte de Irineo Gutiérrez, pero su madre no le contestó.

 

Zacarías Cervantes/ Foto: Jessica Torres Barrera