
Octavio Klimek Alcaraz
Por cada dólar estadunidense que el mundo invierte en la protección de la naturaleza, gasta 33 dólares estadunidenses en su destrucción. Este marcado desequilibrio es la principal conclusión de un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), publicado en enero de este año. El informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) titulado Estado de las finanzas para la naturaleza 2026: La naturaleza en rojo: Impulsando la transición de trillones de dólares a una economía de la naturaleza” (https://www.unep.org/resources/state-finance-nature-2026). El informe presenta los flujos financieros globales hacia soluciones basadas en la naturaleza (SbN). La cuarta edición se basa en metodologías consolidadas, pero utiliza datos mejorados y herramientas más robustas para analizar los flujos financieros para las SbN en 2023, las necesidades de inversión en SbN, las oportunidades para las SbN hasta 2030 y 2050, y la financiación perjudicial para el medio ambiente. Revela que, en general, los Estados están muy por debajo de los objetivos de inversión en SbN para combatir el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la degradación de los ecosistemas.
En 2023, 7.3 billones de dólares se invirtieron en actividades perjudiciales para el medio ambiente, desde subsidios a los combustibles fósiles hasta inversiones en sectores con alto impacto ambiental, como los servicios públicos y la energía; 4.9 billones de dólares provinieron de inversiones privadas en sólo unos pocos sectores de alto impacto: servicios públicos, industriales, energía y materias primas. Se gastaron 2.4 billones de dólares en subvenciones perjudiciales: combustibles fósiles, agricultura, uso del agua.
En cambio, sólo 220 mil millones de dólares fluyeron hacia SbN, y los fondos privados aportaron apenas 23 mil millones de dólares (10 por ciento), los otros 197 mil millones de dólares son fondos públicos (90 por ciento).
Para alcanzar los objetivos mundiales de biodiversidad, protección del clima y restauración de los ecosistemas, las inversiones en SbN deben incrementarse en más de 2.5 veces, hasta alcanzar los 571 mil millones de dólares anuales para 2030 –que representa apenas el 0.5 por ciento del producto interno bruto (PIB) mundial.
Simultáneamente se requiere revertir las enormes cantidades invertidas En actividades con impactos negativos directos en la naturaleza. Esto significa reformar y reutilizar los flujos de capital privados y públicos: la herramienta más poderosa para orientar los mercados hacia la sostenibilidad, ofreciendo rendimientos sólidos, resiliencia y alineación regulatoria para el sector privado.
Así, el informe del PNUMA también presenta la Curva X de Transición a la Naturaleza, un marco práctico para ayudar a los gobiernos y las empresas a eliminar gradualmente los subsidios perjudiciales y las inversiones destructivas, al tiempo que expanden iniciativas de SbN basadas en la ciencia altamente efectivas en todos los sectores económicos. Este marco demuestra cómo redirigir tan solo una fracción de los flujos financieros perjudiciales existentes podría cerrar la brecha de financiación y liberar un billón de dólares para la naturaleza.
El informe propone las siguientes prioridades de transición a corto plazo:
– Reformar los subsidios perjudiciales y alinear los presupuestos con las metas de las Convenciones de Río.
– Ampliar la inversión pública en soluciones basadas en la naturaleza (SbN), en particular en bienes públicos.
– Regular e incentivar eficazmente para alinear la inversión con el valor de la naturaleza y sus servicios.
– Exigir la divulgación de riesgos e impactos relacionados con la naturaleza para reorientar los incentivos.
– Expandir el financiamiento combinado y los instrumentos de mitigación de riesgos, así como desarrollar mercados de naturaleza de alta integridad para movilizar capital privado a gran escala.
Se hace énfasis que las SbN son más eficaces cuando están fundamentadas en el liderazgo local y responden a los contextos ecológicos, culturales y sociales locales.
El informe señala que al eliminar progresivamente las inversiones en actividades empresariales negativas a la naturaleza y ampliar las que la favorecen, podemos impulsar una economía de transición basada en la naturaleza. Las oportunidades relacionadas con la naturaleza van más allá de la protección y la restauración: existen en todos los sectores de la economía, incluyendo la alimentación, la construcción, los servicios públicos, las extracciones de minerales e hidrocarburos, entre otras. Se presentan oportunidades de mercados emergente: agricultura regenerativa, silvicultura sostenible, restauración de ecosistemas, créditos de biodiversidad y compensaciones de carbono, bonos vinculados a la naturaleza y cadenas de suministro certificadas.
El informe ofrece ejemplos de medidas ya aplicadas en todo el mundo: Reverdecer las áreas urbanas para contrarrestar los efectos de isla de calor y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos; Integrar la naturaleza en infraestructuras de comunicaciones y energéticas (por ejemplo, parques solares y hábitats naturales co-ubicados); ampliar cadenas de suministro sostenibles (libres de deforestación), intercambios de deuda por naturaleza y otras oportunidades).
El informe recomienda impulsar un nuevo contrato social y económico para lograr la economía de transición natural de billones de dólares, que requiere trabajar con la naturaleza en lugar de en su contra.
Considera el informe que “sólo ampliando las inversiones en SbN y acelerando la transición hacia la naturaleza y la bioeconomía, el mundo podrá cumplir los objetivos 2030 establecidos por las convenciones de Río y proteger el capital natural que mantiene a la Tierra segura para todos y todas. Los gobiernos, las empresas y las instituciones financieras tienen un interés común en asegurar que los ecosistemas sigan funcionando y permanezcan saludables, con el fin de sostener el crecimiento de la economía real y del sistema financiero”.


