4 febrero,2022 5:29 am

Genaro Vázquez Rojas, 50 años después…

(Segunda y última parte)

Rogelio Ortega Martínez

 

El doctor Jaime Castrejón Díez, rector de la máxima casa de estudios del estado de Guerrero, ex alcalde priísta de Taxco, connotado empresario y gerente de la Coca-Cola en Guerrero, viajaba todos los días de Taxco a Chilpancingo para realizar su labor al frente del gobierno universitario, y en el tramo de Iguala a Chilpancingo, en la cañada del zopilote, fue interceptado por otro vehículo del que descendieron cinco hombres armados, encabezados por Genaro Vázquez y José Bracho, y se llevaron retenidos al doctor Castrejón y a su chofer particular Ángel Traviesa; los armados le dijeron a la señora Rubí Niquel, esposa del rector, que esperara un tiempo prudente y continuara hacia Chilpancingo. El día 24 de noviembre, el comunicador oficial del régimen: Jacobo Zabludovski, leyó, en su noticiario televisivo, un manifiesto de la ACNR, en el que se adjudicaba el secuestro del doctor Castrejón y daban como ultimátum hasta las 24 horas del día 28 de noviembre para cumplir sus exigencias y poder liberar con vida al rector de la UAGro.

La familia cumplió y entregó, a través del obispo de Cuernavaca monseñor Sergio Méndez Arceo, la cantidad de 2.5 millones de pesos; el gobierno del presidente Echeverría cumplió con las exigencias de la guerrilla y fueron excarcelados y enviados a Cuba nueve presos políticos: Florentino Jaimes, Mario Menéndez, Demóstenes Onofre, Concepción Solís, Ceferino Contreras, Antonio Sotelo, Rafael Olea, Santos Méndez e Ismael Bracho Campos. El doctor Castrejón fue liberado sano y salvo; días después presentó su renuncia al cargo de rector de la máxima casa de estudios del estado de Guerrero. Hay versiones que afirman que Genaro le puso como requisito de su liberación que tenía que renunciar a su cargo de rector, el doctor Castrejón cumplió. Con esta acción, se abrió una coyuntura especial en la UAGro que ocasionó el desencadenamiento de un proceso de transición y cambio político inusitado en la institución.

El licenciado Alfonso López Bello, en su carácter de secretario general de la UAGro, por mandato de ley, tomó posesión como rector interino para convocar a elecciones extraordinarias en un plazo no mayor de tres meses, y así lo hizo.
Aquí, mis apreciados cuatro lectores, es donde se junta este texto con el inicio de mi relato. Mientras en la madrugada del 2 de febrero de 1972 sucedía el trágico accidente del comandante Genaro Vázquez, al medio día ya estábamos un significativo número de estudiantes universitarios en Chilpancingo marchando y coreando consignas a favor de la lucha armada y el líder legendario, y registrando a los profesores Ochoa Portillo y León Román como candidatos a la rectoría de la UAGro.

Salvador Flores Bello era el conductor del automóvil en que viajaba Genaro de la Cdmx a la ciudad de Morelia, para ingresar a la sierra de Guerrero por la Tierra Caliente. Se dice que Genaro se vio obligado a estar en la Cdmx para generar apoyos solidarios de protección a su esposa e hijos, recientemente detenidos y reprimidos por el gobierno. Se cuenta que Flores Bello ya había tenido un accidente automovilístico con lo que se demostraba su impericia en el volante, pero no tenían otra opción para realizar el viaje a Guerrero por la ruta de Morelia.

En el testimonio de José Bracho Campos, lugarteniente de Genaro, afirma que Flores Bello se durmió, perdió el control del auto y se estrelló en el alerón derecho del puente del Arroyo Charo, en el kilómetro 226 de la carretera México-Morelia. Conducía Flores Bello, Bracho era el copiloto, el comandante Genaro Vázquez viajaba en el asiento de atrás del chofer, acompañado de dos guerrilleras. Todos quedaron aturdidos por el accidente, en versión de José Bracho, él recuperó la conciencia y de inmediato se dirigió a atender a Genaro, quien respiraba inconsciente y con dificultad, pero con vida.

Las dos guerrilleras estaban también con vida. Flores Bello propuso retirarse del lugar y que cada quien fuera por su lado. Las dos guerrilleras permanecieron al lado de su líder. Luego, llegaron elementos del ejército y trasladaron a Genaro y a sus dos compañeras al hospital militar de Morelia. Se infiere que alguien le ordenó al ejército, al descubrir la identidad del comandante guerrillero, que lo ejecutaran en el acto, y lo hicieron. Este crimen, desde hace 50 años, no se ha esclarecido, ni se ha hecho justicia.
Después de los registros de los candidatos a la rectoría de la UAGro, vino la elección formal en el H. Consejo Universitario. Nuevamente confluimos, apoyando a nuestros candidatos respectivos, los preparatorianos de Acapulco y los estudiantes de leyes de Chilpancingo. Cada consejero pasaba a recoger su voto, levantaba la mano y antes de depositar el sufragio decía con voz fuerte por quien estaba votando. Para nuestra sorpresa los votos de estudiantes y docentes favorecían al candidato oficial, al doctor Juan José Rojo Colinas.

La indignación se desbordó cuando Víctor Manuel Trani Clemente, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria Guerrerense (FEUG) levantó los cuatro votos de la FEUG y gritó el nombre del doctor Rojo Colinas. La multitud estudiantil descargó su ira contenida, con pedradas y palos fueron rotos los cristales del recinto del H. Consejo Universitario, alguien apagó la luz, se escucharon en la calle algunos disparos de pistola y la muchedumbre enardecida se habría paso con la intención de linchar a Trani Clemente. Fue el licenciado Fernando Castañón Astudillo (El Diablo) el que con un rápido y elocuente discurso calmó momentáneamente los ánimos y le solicitó al rector López Bello que anulara la elección y convocara a otro proceso sin la participación de los candidatos registrados en esa contienda y, así lo hizo el rector.

Paso seguido, las incipientes fuerzas democráticas y de izquierda en la UAGro convocaron a una serie de reuniones para postular a un candidato representativo de las corrientes progresistas de la universidad. El profesor comunista Fernando Pineda Ménez nos propuso al doctor Amín Zarur Ménez, su primo; pero Saúl López López y Mario García Cerros nos presentaron la alternativa del doctor Rosalío Wences Reza. Los líderes de la Unión Estudiantil Guerrerense (UEG) Juan García Costilla y Ricardo Texta Villegas inclinaron la balanza a favor del doctor Wences. La candidatura oficial, apoyada por el profesorado y los estudiantes afines al PRI, fue encabezada por el licenciado en economía Palemón Díaz Ortiz. Adalid Bautista Cruz, nuevo presidente de la FEUG, aceptó la propuesta de la UEG de que se hiciera un votación de los estudiantes escuela por escuela, y que cada consejero estudiantil votara por el candidato ganador en la base de su escuela, Adalid aceptó y los cuatro votos del presidente de la FEUG serían a favor del candidato que tuviera la mayoría en la votación universal, abierta y directa de los estudiantes.

Recorrimos, acompañando al doctor Wences en su campaña de proselitismo, las seis preparatorias: la 1 de Chilpancingo, la 2 de Acapulco, 3 de Teloloapan, 4 de Taxco, 5 de Ometepec y 6 de Tecpan; asimismo, las escuelas superiores. El discurso del doctor Wences se resumía en una frase y explicaba brevemente su contenido: “impulsaremos el proyecto de la Universidad-Pueblo, para crear una universidad de puertas abiertas, donde ingresen sin ningún obstáculo los hijos de los campesinos y los trabajadores; que la universidad vaya al pueblo y el pueblo a la universidad”. El doctor Wences se ganó la simpatía de la mayoría de los estudiantes y los docentes de la UAGro. La elección formal en el H. Consejo Universitario favoreció ampliamente al candidato de las fuerzas de izquierda. ¡Ganamos!

Así comenzó otra etapa de crecimiento y reforma estructural, con vocación democrática y de izquierda, en la máxima casa de estudios de Guerrero. Miles de guerrerense somos lo que somos gracias al doctor Rosalío Wences y a su proyecto de Universidad-Pueblo. Se inició así un vertiginoso proceso de cambio en la UAGro. Pero este asunto, mis apreciados cuatro lectores, lo contaré en otra entrega, si la generosidad de nuestro director de El Sur me lo permite.
Finalmente, quiero afirmar que las fuerzas democráticas y progresistas de Guerrero, pero especialmente las y los universitarios de la UAGro, estamos en deuda con el comandante Genaro Vázquez Rojas. Y que no se nos olvide que su asesinato sigue impune.

Por eso cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) relaciona su proyecto de la 4T con la construcción de una patria nueva, nos identificamos evocando el ejemplo del guerrero indómito del sur, el insigne profesor, legendario luchador social, noble y valiente comandante guerrillero Genaro Vázquez Rojas.
Ojalá llegue, con el gobierno de AMLO y Evelyn, la tan anhelada justicia y el desarrollo económico, necesario y urgente, a estas sufridas tierras del sur.