
El pasado martes por la noche, la comunidad teatral se reunió en el Teatro El Milagro de la Ciudad de México para reconocer la destacada carrera del dramaturgo. El evento, que tuvo boletaje agotado, no sólo celebró su trayecto individual, sino también su papel fundamental en la creación de instituciones teatrales clave en el país
Ciudad de México, 26 de febrero de 2026. “No puede haber un reconocimiento más alto que el de los colegas”, expresó el dramaturgo Luis de Tavira al recibir la noche del martes un homenaje en el Teatro El Milagro.
Con el boletaje agotado antes de comenzar y un público que no cesaba de llegar al foro, el tributo devino en una celebración al maestro, pero también a la comunidad que él ha contribuido a forjar en instituciones como el Centro Universitario de Teatro, el Centro de Experimentación Teatral, la Compañía Nacional de Teatro, el Núcleo de Estudios Teatrales, la Casa del Teatro o el Centro Dramático de Michoacán.
“Es alguien que ha creado comunidad en el teatro y eso me parece que es lo más valioso. Si hoy en día alguien dice Luis de Tavira, quiere decir teatro mexicano”, destacó el escritor Juan Villoro en un filme producido por El Milagro y dirigido por Juan Alonso que se proyectó como parte del homenaje.
Al tributo se unieron comunidades del Ejército Zapatista de Liberación Nacional a través de mensajes del Capitán Marcos (antes Subcomandante) y el Subcomandante Moisés en los que reconocieron la relevancia de la lucha colectiva y el arte como declaración de amor a la humanidad.
Las entrevistadas y los entrevistados en el filme, entre ellos el actor Arturo Beristáin y la crítica Luz Emilia Aguilar Zinser, señalaron la fe, la espiritualidad, el rigor, la inteligencia, así como la obsesión de De Tavira por entender el misterio actoral y la actuación como un acto de creación, entre otras cualidades.
De modo presencial se unieron a la semblanza el escenógrafo Philippe Amand, el dramaturgo David Olguín y la actriz Marina de Tavira.
“El teatro con Luis de Tavira no es jerarquía: es comunidad, trabajo compartido, es hacerse cargo, no mirar para otro lado”, encomió Amand.
“Es un hombre de utopías y pragmatismos. Escucho a los más jóvenes hablar de él como una ‘vaca sagrada’ y pienso que ojalá este país contara con muchas vacas sagradas de los colores y razas más variopintas, porque son figuras que permiten reconocernos, desconocernos, discutir, cuestionar, admirar, vivir las artes escénicas como un árbol con una fronda vasta y capaz de cobijar las más variables expresiones e ideas bajo una generosa sombra”, apuntó Olguín.
De Tavira, añadió, “insiste en todos los tonos que el teatro es necesario, que está vigente y vivo en un mundo muerto”.
La curiosidad del también pedagogo fue ponderada por Marina de Tavira, quien refirió su tesón y su convicción de que el teatro lo eligió: “Que es un medio para algo más, un fin más lejos, en el sueño que pudimos, en el sueño que podremos, tan interminable como su tesón para renacer una y otra vez y volver a crear comunidades, como su saber que es saber que no sabemos, que todo está por descubrirse y que, ante todo, la esperanza”.
Al final, el dramaturgo, de 77 años, arropado por un prolongado aplauso y notablemente agradecido, develó una placa junto con su hijo Julián de Tavira.
Yanireth Israde / Agencia Reforma


