14 agosto,2018 8:00 am

Hay que pugnar por una noción integral del legado Octavio Paz con su obra y su entorno: Ruy Sánchez

 
Ciudad de México, 14 de agosto de 2018. Hoy sigue en peligro el legado de Octavio Paz si se termina imponiendo una concepción limitada tanto de lo que significa como de lo que comprende.
A nadie escapa la importancia de su obra y la importancia de preservarla. Pero no se trata de ruinas arqueológicas. Ni se trata, tan sólo, de su equivalente en papeles: los archivos documentales. Y, por lo visto, está siendo tratada como tal.
Hasta ahora el Estado mexicano no se había enfrentado a la responsabilidad de declarar la obra y el legado de un escritor de primera importancia para el país. Es una nueva situación que requiere una nueva manera de pensar lo que es un monumento artístico literario de primer orden mundial. Se cometerá un grave error histórico si se le trata de solucionar como si fuera un monumento arquitectónico.
La declaratoria de Monumento Artístico del legado de Octavio Paz debe ser pensada con un criterio nuevo, amplio e incluyente. Si sólo se declara de primera importancia para el país su archivo (que quedará en buen resguardo en el Colegio Nacional por decisión testamentaria de Paz) y se permite que tanto los derechos de autor como su colección de arte, su biblioteca y sus bienes muebles e inmuebles pasen a manos de la Beneficencia Pública como cualquier otro bien intestado, se cometerá una negligencia mayor con ese legado. Negligencia con México y con el mundo.
Así como las legislaciones de otros países, preservan desde hace más de medio siglo sus centros históricos considerando como monumento no sólo cada edificio antiguo artísticamente valioso sino también su entorno, se debe llegar en el caso de Paz a una noción integral de su legado que incluya su obra y su entorno.
El primer elemento de su entorno es su biblioteca: los periodistas no han dejado de preguntarme sobre el valor económico de sus cuadros y sus libros. Pero, independientemente del valor monetario de cada cuadro en el mercado del arte o de cada libro en el mercado bibliográfico, la biblioteca en su conjunto tiene el valor adicional, material y simbólico, de ser la biblioteca última de Octavio Paz. El ámbito donde escribió. Donde se nutrió y se proyectó. Lo que él fue como autor está en gran parte en esa selección muy escogida de libros. Por lo tanto debería ser preservada tal y como está, reproduciendo su orden todavía mejor que en la bibliotecas privadas vueltas públicas que por suerte tenemos en la Ciudad de los Libros.
De la obra documental y de la biblioteca se desprenden tres conceptos que integran y amplían este nuevo tipo de legados huérfanos: el entorno material de una obra, el ámbito de su creación y los recursos tanto espirituales como materiales que la hicieron posible. Una noción de monumento nacional que incluya por primera vez (a) entorno, (b) ámbito significativo y (c) recursos, permite preservar unida su colección de arte y sus cosas como parte de su entorno y de su ámbito. Que son a la vez recursos materiales y espirituales, lo mismo que sus propiedades muebles e inmuebles, sus cuentas de banco y sus derechos de autor. Administrables posteriormente en función de este patrimonio a la vez material e inmaterial. Todo eso debe ser reclamado por la Secretaría de Cultura como medios para preservar y difundir en México y en el mundo la obra de Octavio Paz sin que pase ni por la Secretaría de Hacienda ni por el DIF ni la Beneficencia Pública.
Mucho más allá del valor económico de cada cosa, su valor y su utilidad simbólica deben ser revaluados como conjunto patrimonial vivo en una declaratoria integral y dinámica que sería ejemplo internacional de política cultural. La ley lo permite, pero debe ser interpretada con criterio amplio. Es un caso especial e inédito que es una prueba de fuego para el Estado mexicano. Aquí veremos la sustancia de la política cultural y la capacidad para responder a este reto patrimonial mayúsculo. 
Texto: Alberto Ruy Sánchez/ Agencia Reforma/ Foto: Agencia Reforma