
Pidió a los asistentes que no tomaran nada, como un encuentro con un “mustio sabor a velatorio”
Ciudad de México, 28 de enero de 2025. Salió al escenario sonriente y con andar pausado.
Los 75 años vividos como 250 son más que evidentes para quienes atestiguan el regreso de Joaquín Sabina y la apertura de su última gira, Hola y Adiós.
Hay un hilo de voz ya, pero mucho, mucho sentimiento mezclado con emoción.
Recibido de pie por una audiencia pletórica que abarrotó el Auditorio Nacional en el primero de seis shows (vendidos en su totalidad), el cantautor español recitó un verso de agradecimiento tras un sentido “¡Heme aquí!”.
Calentó garganta con “Donde Habita el Olvido” y “Lágrimas de Mármol”.
Contó que es muy emotivo despedirse en el mismo lugar donde empezó en México, en la década de los 80.
Se le notaba nervioso y no tuvo empacho en confesarlo.
Aferrado a su banco, se apoyó constantemente en la pista visual de las letras en las pantallas a sus pies y le entró al toro por los cuernos.
Y el respetable lo vitoreó en el ruedo musical. Hubo un fervor de la hostia por el español.
El repertorio no fue antológico, y sus fieles ni lo esperaban, porque cantaron todo, aplaudieron todo y celebraron desde el primero hasta el último tema.
A medio show el artista explicó que había optado por dichas canciones porque le parecía que habían sido poco interpretadas en sus giras.
Sonaron un puñado de los icónicos: “Mentiras Piadosas”, “Calle Melancolía”, “Quién Me Ha Robado el Mes de Abril” o “Más de Cien Mentiras”.
Antes, hablando de los muchos amigos que tiene en México, Sabina dedicó un tema a los escritores Ángeles Mastretta y Héctor Aguilar Camín. (pausa silenciosa de la gente). Más adelante dedicó a su promotor en México, René León, “Noches de Boda”.
Fiel a su costumbre de no ensayar, Sabina salió de su hotel al camerino y de éste al escenario. Estuvo cómodo todo el tiempo, acoplado a su banda de seis músicos y corista con los que ha girado ya varios años.
Sin perder la sonrisa, Sabina dijo que, dado que su voz ya no es mejor que la de sus músicos, se tomó un break, cediendo la pista a Mara Barros y Jaime Asúa, quienes prendieron con “Camas Vacías” y “Pacto Entre Caballeros”, respectivamente.
Regresó ya aclimatado ante tanto piropo y empuñó su guitarra para cantar “Peces de Ciudad” y “Medias Negras”.
Sentado al lado de una mesa y con trago hizo que todo el Auditorio coreara estribillos de “Una Canción para la Magdalena” y “Por el Bulevar de los Sueños Rotos”.
Rindió tributo a la jota con su versión de “Y Sin Embargo”, en la que por unos minutos, gracias a “Y Nos Dieron las 10” la personalidad de gran calavera de Sabina se respiró por todos los rincones.
“¿Si sabéis que sois el mejor público del mundo?”, dijo como agradecimiento tras una segunda sonora y larga ovación de pie tras interpretar “Tan Joven y Tan Viejo”.
Al cierre, “Princesa” devolvió un poco del Sabina rockero, que en la velada echa más mano con su prosa y su verso.
Así inició Sabina un periplo musical internacional con fechas aún por agendar y países por visitar, pero que será el último y en el que, como dijo en su arranque: “Triste debe ser cuando al punto final de los finales no le siguen los dos puntos suspensivos.”.
Texto: Agencia Reforma


