
Anituy Rebolledo Ayerdi
Fernández vs Sarmiento de Valladares
Lanzando una retahíla de denuestos extremeños, Domingo Fernández Duendenegua se presenta ante el Justicia Mayor de Acapulco para denunciar el enésimo asalto en despoblado.
—¡Coñetas!. ¿Qué ya no se puede viajar a Acapulco sin que lo asalten una y otra vez?. ¡Gallego tenía que ser el virrey Sarmiento de Valladares para ser tan inútil!
El funcionario para en seco al furibundo extremeño advirtiéndole que otra referencia igual le valdrá cárcel. Aquí, le informa, es delito hablar mal del señor virrey de la Nueva España, a quien Dios guíe en su sabia tarea de gobernar. Luego remite al bravucón con el secretario para que levante las actuaciones correspondientes.
“Dijo llamarse como queda escrito , de oficio transportista y descendiente de uno de los mejores soldado de Cortés. Que el día de los hechos, apenas había dejado atrás Xaltianguis, cuando salieron del monte unos negros armados con ruanas y guadañas. Y que, ante el temor de ser destazado por aquellos seres oscuros, tomó las de Villadiego abandonando su cochopín cargado de telas y sedas chinas… Que es el segundo asalto que sufre en la misma ruta. Que demanda que le sean devueltos sus ropajes “y no sirvan para cubrir las nalgotas de la virreina!”
“¡Enciérrenlo!”
1565
Miguel de Legazpi y Andrés de Urdaneta retornan de Manila a Acapulco. Un viaje muy accidentado pero con un logro sensacional: el establecimiento de la ruta marítima Acapulco-Manila. O tornaviaje.
1573
El virrey de la Nueva España, Martín Enríquez, informa al rey Felipe II, la llegada a Acapulco de dos navíos de las islas Filipinas, cargados con barras de oro, joyas de oro, canela, sedas, porcelanas, algodón y muchas cosas más . Le chismorrea que los gentilhombres de las naves (sujetos de la nobleza usados por el rey para enviar secretos) bajaban mercancía para venderla en el puerto.
1579
Felipe II ordena que Acapulco sea el único puerto autorizado para comerciar entre América y Asia.
1591
Felipe de las Casas (San Felipe de Jesús) sale de Acapulco rumbo a Oriente.
1592
El virrey Luis de Velasco, hijo, ordena convertir en camino de herradura la llamada Ruta de Asia (México-Acapulco).
1600
Tixtla, Zumpango y Mochitlán son agregadas a la Alcaldía Mayor de Acapulco.
Bustos- García-Olloqui-Navarro
Algunos Papas de antes eran homosexuales y fueron ellos quienes inauguraron la costumbre de incluir en la nómina vaticana a sus muchos efebos. Los incluían en calidad de sobrinos que en italiano quiere decir nepotes, dando ello origen al poder universal del nepotismo. Hoy contemplado no sólo en la nomina del pariente, sino a todo el poder político.
(Para quienes suponen exage-ración lo anterior les recorda-mos la expresión del Papa Francisco ( 28 de mayo de 2024), quejándose de que había demasiada mariconería en los seminarios. Luego se disculpó, por supuesto).
El gobernador de Acapulco Diego García Olloqui otorga el grado de capitán de infantería a su sobrino José Polo y Navarro y además lo nombra su ayudante personal. Salario, 60 ducados. También designa como su ayudante a Francisco Meca, ganando 24 ducados. Por lo que hace a don Diego Joseph Bustos, este jura como Guarda Mayor de Acapulco, ganando cuatro pesos al mes
Icacos
Don Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza, trigésimo virrey de la Nueva España (1688-1696) y Octavo Conde de Galvez, ordena la reubicación de 20 familias asentadas en La Sabana Grande –indios, mulatos y negros– a una superficie al noroeste de la bahía de Acapulco. Se le conocía como Icacos por estar sembrada de árboles frutales de ese nombre.
A las objeciones sobre la lejanía del predio, el mandatario solía responder:
¿Lejos? ¡Sí, pero un cañonazo de la fortaleza de San Diego les llega en un minuto!
Los apremios para tal reubicación tuvieron su origen en la cúpula clerical. Lo consideraba el asentamiento fuera del marco civil pero particularmente religioso.
La argumentación de la iglesia influyó desde luego en el ánimo del virrey Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza. Sin embargo, tomó la decisión luego de conocer la queja de su homólogo, el Conde de Santiago, sobre la falta de garantías para la propiedad privada en Acapulco.
¿Podrá creer alguien que un solarcito de mi propiedad en La Sabana esté invadido por negros?, preguntaba el cortesano provocando entre sus pares comentarios cargados de indignación
¡Y además de negros hay indios y mulatos!, reiteraba provocando el soponcio de dos o tres damas encrinolinadas. ¡Vive Dios que no hay respeto para la gente decente!
¡Ora que el “solarcito” al que se refería el conde de Santiago era todo el valle de La Sabana , vastedad que alguna vez formó parte del mar-quesado de Hernán Cortés.
La reubicación
La reubicación llega, finalmente, ¿y podrá alguien creerlo?, no se produce ningún acto de violencia como si los hubo en el siglo XX ante tal procedimiento. Aquel 13 de julio de 1691, indios, negros y mulatos marcharon cargando sus escasísimas pertenencias hacia su nuevo hogar, orgullosos, eso si, de que vivirían cerca de la bahía más famosa del mundo.
El gobernador Gallo irá más allá de las instrucciones del Virrey De la Cerda. Proporcionará a los colonos de Icacos herramientas para dejar habitables sus terrenos, además de materiales para levantar sus casas (toros para los indios, redondos para los morenos) Y algo muy valioso para aquellas familias dejadas de la mano de Dios: la exención de tributos a la Corona española por espacio de diez años, cuya voracidad por el oro jamás fu saciada.
Dávila Salazar
Don Miguel Gallo había llegado a Acapulco tres años atrás. Había viajado directamente de España para cubrir la vacante dejada por don Fabián Dávila Salazar, jubilado por causa de una artritis reumatoide que lo mantenía engarrotado. ¡Y así no solo no se puede gobernar, mucho menos contar los billetes!, repetía una y otra vez.
Generoso, el rey de España concedió a don Miguel una pensión equivalente a la mitad de su salario como castellano de la Real Fuerza, alcalde Mayor y Capitán de guerra de Acapulco. Esto es ¡500 ducados al año!
Polo Navarro
Dávila Salazar había relevado a su vez a don Diego Antonio Polo Navarro. Este había muerto en circunstancias no aclaradas, nunca satisfechas por la opinión pública, tejiéndose en torno a ella mil con-jeturas: Una: que le hizo mal de ojo el brujo Mandinga. por haber perjudicado a una sobrina. Dos: un fallido salto de alcoba. Tres: suicidio por un faltante hacendario
Esta última versión erizaba los pelos de sus familiares y amigos porque don Diego se había caracterizado todo su vida por una honestidad y honradez acrisolada. Él sabía muy bien que su traición equivaldría a entregarse directamente en manos de Lucifer. Él, un católico devotísimo.
No pasará mucho tiempo para que se sepa la verdad monda y lironda. Cuando los funcionarios de la Real Hacienda descubran que don Diego se había apropiado de un envío de diez mil pesos , destinados a trabajos de rehabilitación del Fuerte de San Diego.
Será otra la duda que acucie a familiares y amigos: ¿en que pudo gastar tantísimo dinero un viejo pendejo y bueno para nada como Don Diego?
Alonso Vázquez
Pedro Alonso Vázquez, juez oficial del puerto, ordena la actualización del “partido” de Acapulco y al poco tiempo recibe esta información:
“Acapulco se extiende 22 leguas al Norte: 18 al Este y 14 al Noroeste. Sus límites son CHILAPA al Norte; TIXTLA al Noreste y ZACATULA al noroeste (Legua: 5,572 metros).
Juan de Aranguren
Con la presencia de un representante del Rey Felipe III, el 7 de mayo de 1698 se inaugura aquí el convento de San Francisco (más tarde palacio municipal). El capellán y comisario de la ciudad, Juan de Aranguren, fue el encargado de colocar el sacra-mento en la capilla mayor del mo-nasterio.
Fray Bartolomé Laurel
Acapulco llora con profundo dolor la muerte del beato Fray Bartolomé Laurel, nacido aquí en el barrio de La Poza, sacrificado en una hoguera de Nagasaki, Japón, el 17 de agosto de 1627.
Bartolomé Laurel sirve a muy corta edad como acólito de la primitiva iglesia de Nuestra Señora de la Guía para luego ingresar al convento de San Buenaventura de Valladolid, Morelia, donde profesa como hermano lego dedicado al estudio del Japón y su lengua, misma que llegará a dominar junto con un curso completo de enfermería. La iglesia local le asigna un ayudante japonés con el que viaja a cumplir su misión en 1619.
Bartolomé morirá a fuego lento en la hoguera de Nishizau, Nagasaki, por órdenes del Zhogum Daifusama y junto con él 14 persona más, un presbítero, monjes dominicos y franciscanos, el 17 de agosto de 1627
El papa Pio IX los beatificará a todos en la Basílica de San Pedro, el 7 de julio de 1867.
El contador Urzúa
Lo primero que hace don Matías Urzúa como nuevo contador de la Real Hacienda de Acapulco, es rentar una casa amplia en el centro del puerto, no para habitarla, sino para usarla como prisión preventiva para los evasores fiscales. Lo hace luego de conocer una reciente disposición del virreinato en el sentido de que el fuerte de San Diego solo reciba delincuentes sentenciados.
Estrada- Aponte-Velázquez
José Antonio Aponte llega a la ciudad para cubrir un interinato como Oficial de Contaduría de la Real Hacienda de Acapulco. Su titular, Antonio de Estrada, gozará de una licencia de dos meses sin goce de sueldo. Viaja a Perú para conocer a la familia de su reciente esposa.
Una licencia similar es la que gozará don Pedro Velázquez, Guarda mayor de Acapulco, solo que este para atender su maltrecha salud. Curanderos locales le han diag-nosticado “mal de espanto”, luego del temblor del 23 de febrero de 1619 que llevó a la población a dormir dos semanas en la playa. Lo que no avala que don Pedro padezca desde entonces de un correquetealcanza de aquellos.
1611
SebatiánVizcaíno parte de Acapulco rumbo a Japón enviado por el Virrey Luis de Velasco, como su representante ante el emperador de Japón.
1617
El 15 de abril se concluye la construcción del Fuerte de San Diego, a cargo del ingeniero flamenco Adrián Boot
1634
Acapulco deja de ser encomienda particular y pasa a formar parte de la Corona.
1615
Se expide una Ordenanza que obliga a los indios a pagar cuatro reales anuales para la defensa de las costas.


