EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Guerrero  

No se puede desarrollar la sierra si no se garantiza la seguridad, advierten madereros y aguacateros

En las comunidades del ejido San Antonio de las Texas, en lo alto de Coyuca de Catalán, faltan maestros y médicos, que se van porque tienen miedo, dicen vecinos

Octubre 27, 2021

Brenda Escobar

San Antonio de las Texas

(Primera parte)

Habitantes y productores de aguacate del ejido San Antonio de las Texas, municipio de Coyuca de Catalán, confían en que con el nuevo gobierno estatal que encabeza la gobernadora Evelyn Salgado Pineda cambien las condiciones de seguridad, salud y educación en ese núcleo agrario, pues es de lo que más han solicitado y lo que menos han tenido en los últimos años.
Requieren de maestros, médicos, enfermeras, infraestructura carretera, educativa y en salud; también desarrollar el potencial económico que tienen en la zona tanto con recursos maderables como con la producción de aguacate, pero aseguran que nada de eso se puede cristalizar si el gobierno no les garantiza la seguridad y la paz social que han venido demandando, “lo principal es que haya seguridad”, piden.
Argumentan que sin la seguridad que debe garantizar el gobierno en las comunidades de su ejido no pueden tener de manera permanente médicos y enfermeras en los centros de salud, ni tampoco maestros en las escuelas, “porque se van por el miedo”, mucho menos pueden trabajar con tranquilidad sus tierras pues tanto los recursos maderables como las poco más de mil hectáreas que tienen sembradas con aguacate, son codiciadas por los grupos de la delincuencia organizada que imperan en la zona y de los que tienen que defenderse.

Se niegan a atenderlos las autoridades municipales de Coyuca de Catalán y de Tecpan

El ejido San Antonio de las Texas está ubicado en la parte más alta de la sierra del municipio de Coyuca de Catalán y colinda con las partes más altas del ejido Bajos del Balsamar, en la sierra del municipio de Tecpan de Galeana.
Está a una distancia de 76 kilómetros, a tres horas y media en vehículo si se entra por la ruta de Santa Rosa de Lima, en Tecpan, a través de una sinuosa carretera de terracería a la que los propios ejidatarios se encargan de darle mantenimiento, como en este año, que invirtieron 480 mil pesos para tenerla en condiciones transitables.
Por su ubicación geográfica, para los pobladores de ese núcleo agrario, les es más práctico hacer vida social y económica por la parte de Tecpan de Galeana “porque está más cerquita”, sin embargo, para cualquier trámite que necesiten hacer, deben de acudir a Coyuca de Catalán, que está a más de 150 kilómetros de distancia.
Cuentan que es precisamente por su ubicación, que los gobiernos municipales que han estado en turno en Coyuca de Catalán, se han negado a proporcionarles los servicios básicos elementales como pavimentación y rehabilitación de caminos, así como de energía eléctrica y los mandan a Tecpan de Galeana, donde los alcaldes que han estado en turno les han contestado que no pueden invertir recursos para obras de infraestructura en un municipio que no les corresponde.
“Por eso, a nosotros como ejido, nos hemos organizado y con nuestros propios recursos nos ha tocado meterle a los caminos, a la red de energía eléctrica y al agua potable, porque nos han hecho sentir que no somos de aquí ni de allá, todo, lo poco o mucho que aquí tenemos de infraestructura ha sido con dinero de los propios ejidatarios.”

Faltan maestros y escuelas

En algunas comunidades del ejido no hay maestros desde hace más de cuatro años; por eso y ante la necesidad de que sus hijos tomen clases, los padres de familia de las localidades El Crucero de San Antonio, Fresnito, El Aguacate, Las Puntitas, La Sierrita y La Piedra, se organizaron para pagarle el sueldo a Miriam Arreola Sánchez, quien es licenciada en Pedagogía, originaria de este núcleo agrario, a quien le pidieron que dé clases a sus hijos.
Hace cuatro años, en el punto conocido como Monte Verde, los padres de familia construyeron dos aulas de madera, compraron butacas y pintarrones y habilitaron sanitarios, para que sus hijos fueran a la escuela.
La maestra Miriam Arreola cuenta que ella nació y creció en esta parte de la sierra y que gracias a su familia y al mismo ejido, tuvo la oportunidad de ir la universidad a prepararse académicamente, por lo que considera que dar clases a los niños es regresar lo que a ella en su momento le dieron para tener una carrera universitaria.
Aunque la escuelita Monte Verde es un plantel que no tiene clave de centro de trabajo y la maestra no tiene una plaza como tal, los niños acuden diariamente a clases, de lunes a viernes, en un horario de 8 de la mañana a las 2 de la tarde.
Los menores que han egresado de esta escuela, han conseguido su certificado de estudios gracias a que los ejidatarios han gestionado con los directores de las escuelas primarias que están en Santa Rosa y en El Porvenir, que los matriculen en sus planteles, pero ellos reciben sus clases con la maestra Miriam en la sierra.
En estos cuatro años, han egresado cuatro generaciones de alumnos de primaria; actualmente en este ciclo escolar, son 21 menores que toman clases, tres de ellos en preescolar, 16 en primaria y tres en secundaria; se quedaron fuera siete alumnos a los que la profesora ya no quiso aceptar “porque son muchos, pedagógicamente no es adecuado tener muchos alumnos, por eso es que necesitamos más maestros”.
“Sus papás me ofrecían pagarme un poco más, pero que aceptara a sus niños, pero hablé con ellos y les hice ver la necesidad de contar con otro maestro o maestra para que sus hijos reciban la calidad de educación y atención que necesitan”.
Asegura que la educación “es fundamental para el progreso”, y urgió a las autoridades educativas que abran una telesecundaria en este ejido, “porque se necesita, los niños que terminan la primaria y los padres que no tienen las posibilidades económicas, se quedan sin más opciones y también necesitamos más maestros y maestras, pero que de verdad estén comprometidos con su trabajo”.
Es que, dice, antes de la pandemia, los maestros “nomás subían una semana y se iban dos; o llegaban el martes y se iban los jueves; algunos, en cuanto tienen la oportunidad, hacen tratos con los supervisores o qué sé yo y se bajan a la costa, a las ciudades; luego llegó la pandemia del Covid-19 y con menos razón regresaron los maestros a las escuelas de la sierra pese a que los ejidatarios hay invertido hasta 300 mil pesos al año para darles una compensación extra por estar acá en las escuelas, pero no ha sido posible convencerlos de que permanezcan porque la inseguridad ha tenido mucho que ver, algunos se han ido por temor”.
Comenta que en algunas comunidades donde sí están abiertas las escuelas, los niños son atendidos por jóvenes de secundaria becados por el Conafe, “son muchachos a los que se les tiene que reconocer el compromiso y la puntualidad, porque aunque sea caminando, pero ellos llegan hasta las comunidades, aunque no es lo mismo, se necesitan maestros”.

No tienen doctores, ni medicinas

En El Aguacate está la casa ejidal de San Antonio de las Texas y el centro de salud, el cual está abandonado desde hace siete años, luego de que se jubiló la enfermera Enriqueta Cortés Arreola; ella atendió a los habitantes de la zona desde 1982 hasta el 2014.
Desde entonces, los vecinos de esa parte del ejido no pueden darse el lujo de tener una emergencia médica, pues tienen que bajar hasta la costa, ya sea hacia Tecpan o hacia Petatlán, para conseguir atención médica.
“Si una mujer sale embarazada se baja a la costa con uno o dos meses de anticipación para poder tener a su bebé, luego, espera a que pasen los 40 días para poder regresarse a su comunidad porque acá no hay doctores, ni medicina para un dolor de cabeza o una calentura”.
Los habitantes recuerdan que la enfermera Enriqueta, “casi casi era la doctora, porque ella atendía partos, recetaba para alguna dolencia, ponía las vacunas que mandaba a traer hasta Tecpan en bestias porque dejó de venir el helicóptero amarillo que antes venía a dejar vacunas y medicinas; desde que se jubiló, ya no volvieron a mandar a nadie, ahí está abandonado el centro de salud”.
Actualmente, una de las dos familias que habitan en El Aguacate, utilizan esas instalaciones como bodega y como vivero de aguacates, orquídeas y suculentas.
La construcción de la mayoría de las casas es de estilo californiano; están edificadas entre los gigantescos árboles de pino; algunas, a escasos metros de donde corren arroyos de agua cristalina y muy fría.
Los habitantes visten chamarras y ropa abrigadora para clima frío, y quienes visitan por primera vez esa zona de la sierra, tienen la impresión de estar en algún lugar distante del propio estado de Guerrero, por lo abundante de la fauna y de la vegetación, así como por caminar entre las nubes pues con el avance de las horas, la niebla cae y reduce la visibilidad del bosque.