EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Adiós Elba

Raymundo Riva Palacio

Mayo 20, 2005

El 15 de mayo, Día del Maestro, reapareció Elba Esther Gordillo por la puerta grande: en un acto magisterial en Monterrey, con la presencia del presidente Vicente Fox y Marta Sahagún. En las imágenes lucía esplendorosa y radiante, pero todo era escenografía. “Sabíamos que lo más importante del acto era su foto, y la cuidamos”, dijo uno de sus asesores. A Elba Esther le hicieron un cuidadoso maquillaje y un peinado que la hiciera lucir y esconder la realidad: su vida se está apagando.

Elba Esther Gordillo tiene hepatitis C que, según los especialistas, es una enfermedad frecuente, donde uno de cada 100 adultos la padece. Produce inflamación en el hígado y entre sus complicaciones figuran la cirrosis hepática y el cáncer de hígado, que son enfermedades letales. Las vías de contagio incluyen transfusiones de sangre, tratamientos dentales con material no esterilizado o relaciones sexuales sin protección, y llega a manifestarse el padecimiento hasta 15 o 20 años después del contagio.

No se conoce, cuando menos públicamente, el origen de la hepatitis C que tiene la maestra. La enfermedad se le presentó, o se le aceleró, hace unos nueve meses, periodo en el cual ha estado bastante retirada de la actividad política, pero sobretodo de la pública. El no haberse tratado a tiempo y mantener su frenesí político diario, provocó que su enfermedad se colocara prácticamente en un punto sin retorno. Una de las expresiones visibles de lo grave de su enfermedad es el cansancio.

El Día del Maestro no se lo notaron salvo quienes estuvieron cerca de ella. La primera señal de la debilidad se dio cuando el discurso que iba a pronunciar el domingo del festejo, tuvo que ser cancelado porque prácticamente no podía hablar. Al llegar al acto, los secretarios del sindicato nacional de maestros le tendieron un diamante de protección para que no se acercara ni la prensa ni la gente, que pudieran derribarla fácilmente por la fragilidad de su cuerpo. Quienes convivieron ese día con ella vieron que además de la fatiga, sus manos no dejaban de temblar. La maestra requiere de una diálisis diaria, que es tomada, y descanso. Hace lo primero, pero lo segundo sólo a medias.

Elba Esther Gordillo es un animal político. “Se emociona y vibra cuando habla de política”, dijo una persona que conversó con ella. Llegó el viernes pasado al aeropuerto internacional de Toluca, en vuelo privado, procedente de la Isla Coronado, en la bahía de San Diego, de donde se fue el domingo a Monterrey. Se supone que por la noche regresó a Estados Unidos, lo que no está del todo claro. La realidad es que aunque oficialmente mudó su residencia a la Isla Coronado, nunca se fue completamente de México. Pocas han sido sus visitas registradas públicamente, pero muchas más se han concretado en los últimos meses. Es irremediable: pese a las instrucciones de reposo como una condición para prolongar su vida, ella ha hecho caso omiso en lo sustancial, a las indicaciones médicas.

Desde donde está instruye y negocia telefónicamente con quienes tiene que hacerlo. Un frecuente interlocutor telefónico es el presidente del PRI Roberto Madrazo, con quien se reunirá la próxima semana en algún punto de los alrededores de la ciudad de México para platicar y pactar sobre su futuro como secretaria general del partido, en el contexto de la precandidatura presidencial del tabasqueño. El mayor contacto personal lo ha mantenido, no obstante, con los miembros de la Unión Democrática.

El mismo domingo, tras el acto del magisterio, comió con el gobernador de Nuevo León, Natividad González Parás, que forma parte de esa corriente que pretende sacar un precandidato de unidad que dispute la candidatura presidencial a Madrazo. También se reunirá con el ex gobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington, miembro de la Unidad Democrática en algún punto de la ciudad de México, posiblemente en el segundo piso del hotel Nikko, a donde trasladó su centro de operaciones, cuando de hoteles se trata, hace tiempo. La maestra ha mantenido sus redes políticas, en particular con el magisterio, desde una casa que opera como oficina en los suburbios de la capital mexicana, lo que le ha permitido estar cerca de la política, y fuera del calor que de ella emana.

Su enfermedad ha sido reconocida con gentileza política por sus adversarios. El clima de linchamiento contra ella ha desaparecido, en buena parte porque los más beligerantes están completamente convencidos de su enfermedad, y los términos de su relación con ella se han enfocado hacia la negociación. Aunque minado, el magisterio oficial cuenta con más de un millón de afiliados, de los cuales aproximadamente 250 mil son utilizados por el PRI –aunque ya no estén afiliados al partido– con fines electorales, no sólo por el voto, sino para el proselitismo y, sobretodo, para cubrir logísticamente las urnas el día de la elección. Esto hace que el capital político de la maestra Gordillo sea todavía muy considerable, y provoca que el coqueteo de los políticos suba de intensidad en vísperas de procesos electorales. Todas las fuerzas del PRI están en este plan, como también de otros partidos que la cortejan. La vida de la maestra se puede estar agotando, pero es una política rabiosamente irredenta que no da indicios de que claudicará en lo que es su pasión. Así parece que seguirá hasta que, literalmente hablando, el cuerpo se lo permita.

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