EL-SUR

Miércoles 01 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Amantes por seis años

Raymundo Riva Palacio

Octubre 23, 2006

Hace una semana exactamente, los senadores del PAN Ricardo García Cervantes, Alejandro Zapata Perogordo y Alejandro González Cortázar, estuvieron a punto de sabotear la toma de posesión de Felipe Calderón. Miembros los tres de la Comisión de Gobernación de la Cámara Alta, habían decidido votar junto con el PRD y otros legisladores de oposición a favor de la desaparición de poderes en Oaxaca. En forma intensa y emergente, Calderón, a través de su hombre fuerte Juan Camilo Mouriño y de otro senador leal, Felipe González, los frenaron. Si lo hacen, les alertaron, la alianza con el PRI se caerá. Cinco de los seis senadores en la Comisión de Gobernación que revisaba el caso Oaxaca, fueron recibidos por el presidente Vicente Fox un día después, y los seis por el presidente del partido Manuel Espino. Definan su voto y aténganse a las consecuencias, les plantearon.
Si se sumaban al PRD para rechazar el dictamen que declaraba que no había condiciones para la desaparición de poderes en Oaxaca, llevarían al quiebre la alianza con el PRI que durante semanas chantajeó al presidente Vicente Fox, a Calderón y al PAN amenazando con que si le cortaban el cuello al gobernador Ulises Ruiz, se ausentarían de la ceremonia de toma de posesión el 1 de diciembre con lo cual no habría quórum y Calderón, aunque Presidente, no podría asumir sus plenas funciones como jefe del Ejecutivo, propiciando una crisis institucional. Los senadores del PAN aprobaron el dictamen.
Este episodio marcó una semana de ajustes estratégicos que perfilan hacia dónde irá Calderón. Optó, como lo mostró la presión a sus senadores, por dejar de lado la posible alianza con el PRD –que se habría forjado en la posición común de la desaparición de poderes en Oaxaca–, y decidió por la del PRI. Pensaba que con los perredistas sólo podría lograrse una de corto plazo, mientras que con el PRI podrían apostarle a una de largo plazo. El segundo movimiento estratégico fue llevar a Jorge Alcocer al equipo de transición para encargarse del enlace legislativo, con lo cual Calderón relevó a sus inexpertos operadores y envió a un peso completo. Lo de Alcocer define, además, el PRI con el cual quiere gobernar –o cogobernar– Calderón.
Su designación encierra el amarre con toda un ala influyente dentro del PRI. Se le relaciona estrechamente con el senador Francisco Labastida, quien impuso a Jesús Murillo Karam en la presidencia de la Comisión de Gobernación –que revisó el caso Oaxaca–, y de quien fue subsecretario de Gobernación y coordinador de su campaña presidencial. Pero también está cerca del ex senador Enrique Jackson, quien lo mantuvo con una iguala durante varios años en el Senado y que le pidió, al alimón con Labastida, el proyecto de la ley para el voto de mexicanos en el extranjero. Jackson es una de las principales figuras para ocupar la presidencia nacional del PRI, y ese grupo está tratando de forzar una asamblea general en noviembre para relevar a Mariano Palacios Alcocer y ungirlo a él, 10 días antes de la toma de posesión.
Alcocer es cercano también del capo legislativo del PRI, el coordinador de los senadores Manlio Fabio Beltrones –manejador de Emilio Gamboa, coordinador de la bancada en la Cámara de Diputados y ex colaborador en la campaña de Labastida–, desde que el primero, como subsecretario de Gobernación en los tiempos de Fernando Gutiérrez Barrios, tenía una relación política con Alcocer, quien era el representante del fenecido PSUM en el IFE. De aquellos años es también su relación con el poderoso abogado de discutibles tratos Diego Fernández de Cevallos, y de Santiago Creel, hoy coordinador de los panistas en el Senado.
Ciertamente, Alcocer tiene las conexiones con el aparato político que no tenía nadie de los enlaces legislativos que usó Calderón tras ser declarado presidente electo. Otra conexión, menos explorada pero muy importante, es con María del Carmen Alanís. Cuando Alanís se peleó con Luis Carlos Ugalde y dejó la secretaría ejecutiva del IFE, se recluyó en el despacho de opinión pública que tiene desde hace años Alcocer, y de donde salió, por ejemplo, el consejero electoral Rodrigo Morales. Hoy, Alanís está buscando ser magistrada en el tribunal electoral para lo que cuenta no sólo con credenciales académicas y profesionales, sino con ser íntima amiga de la esposa de Calderón, Margarita Zavala. Es decir, Alcocer es altamente funcional para Calderón, al cerrar varios de los círculos necesarios para su operación.
Alcocer parece convertirse en la cabeza visible de la negociación integral que le estaba pidiendo ese PRI, que es el fuerte hoy en día a Calderón, a cambio de respaldo político, y parece ser que el presidente electo está empezando a hacer los compromisos fuertes que le den la gobernabilidad buscada. Apoyar al grupo que respalda a Jackson para la presidencia del PRI, es un paso. Tratar en forma diferenciada a otros, como Labastida, es otro más. La previsión de que el priísta Luis Enrique Martínez, ex gobernador de Coahuila y representante de los intereses del capital regiomontano, tome la dirección de Pemex en el próximo gobierno, añade componentes a la conformación de esta alianza que incluye hombres y programa. Las piezas de Calderón empiezan a caer, junto con la redefinición de lo que puede ser su plan de gobierno real.
Descartado está prácticamente el que inicie el sexenio con una agenda social. Su eventual secretario de Hacienda, Agustín Carstens, anticipó en una entrevista con El Universal la semana pasada que la infraestructura es una prioridad. Con este diseño se iniciará un ambicioso programa de puertos en el noroeste del país para aprovechar la saturación de puertos en California y el empuje de las mercancías asiáticas, que podrán descargarse en México y ser enviadas al mercado norteamericano. Con este modelo de desarrollo, además, anticipa de alguna manera su futura relación con altos personajes del foxismo que piensan dedicarse al negocio de los puertos en el próximo sexenio.
Calderón está construyendo las nuevas alianzas a partir de la presunta debilidad de su principal rival en la poscampaña presidencial. Una mala táctica de Andrés Manuel López Obrador parece haberle dado nuevos espacios de maniobra que ese sector del PRI, no el más vanguardista por cierto, ha aprovechado. López Obrador y el PRD perdieron mucho tiempo en la poscampaña y se están aprovechando de ellos. Pero aún hay tiempo de rectificar, sumándose a los grupos más progresistas del PRI que tampoco están viendo con buenos ojos el rumbo que perfila el próximo gobierno. Pero tiene que haber menos gritos y más acción política. De otra forma, que dos terceras partes del electorado hayan votado contra Calderón, pueden terminar de ser insignificantes por una mala estrategia de la oposición y regalando al pragmatismo político, el destino nacional.

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