EL-SUR

Miércoles 26 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

AMLO, la unidad de la izquierda y la elección presidencial

Carlos Toledo Manzur

Mayo 13, 2016

Las elecciones presidenciales de 2018 representan realmente una importante oportunidad para la izquierda en México. A pesar del control que el régimen en el poder tiene sobre los medios masivos de comunicación, el presidente Enrque Peña Nieto tiene un desgaste considerable. El desempeño de la economía nacional deja mucho que desear y la gente vive una situación de fuerte apremio económico, ya que el crecimiento del país sigue siendo muy pequeño y el tan mentado impacto de las famosas reformas estructurales no se ha visto reflejado en la aceleración productiva tan ofrecida, mientras el dólar ha subido y los precios del petróleo se mantienen bajos. Esta situación de estancamiento económico se conjunta con los casos públicos de corrupción en las altas esferas del poder, como ha sido el de la Casa Blanca, y la espada de Damocles que hace peligrar fuertemente al presidente en el caso de Iguala-Ayotzinapa que amenaza con el derrumbe de la “verdad histórica” lo que tendría fuertes consecuencias sobre Peña Nieto que aparecería entonces como encubridor de esos horribles crímenes. Por otra parte la pobreza de la mayoría de la población se mantiene tercamente sin que se vea un mejoramiento sustancial
Sin embargo, para aprovechar esa oportunidad que sin duda ofrecerá la coyuntura electoral nacional, se requiere que las izquierdas lleguen unificadas a la contienda presidencial. La unidad es un requisito absoluto para abrir la posibilidad de lograr el máximo poder federal. Ningún partido de la izquierda por sí solo, logrará el triunfo en esa contienda. Por ello la unificación debería ser la prioridad número uno para esta corriente política.
En las elecciones presidenciales de 2006 y de 2012, Andrés Manuel López Obrador logró aglutinar al conjunto de la izquierda y más, con lo que consiguió ser muy competitivo al grado de ganar la elección primera (triunfo que le arrebataron) y acercarse mucho en la segunda, aun con las triquiñuelas clásicas de los priistas. En esta ocasión, tal vez podría repetir su liderazgo y lograr otra vez ser el factor fundamental de unidad que dispute realmente el poder al régimen. Sin embargo ahora al encabezar el nuevo partido de Morena, su posición ha sido de criticar duramente y golpetear sistemáticamente al PRD. No es que este último partido no tenga un conjunto de graves vicios y problemas, pero es obvio que la intención de López Obrador es jalar al máximo la cuerda para quitarle fuerza al PRD e incorporar a la mayor cantidad posible de cuadros y contingentes a Morena. Como parte de esta posición, ha reiterado en múltiples ocasiones que Morena no va a ir aliado con el PRD a la contienda presidencial de 2018.
Aun en la hipótesis de que en efecto el PRD se debilite aún más (están en puerta las elecciones en el DF donde la tendencia parece claramente favorable a Morena), de todas maneras AMLO no ganará la presidencia sin el apoyo del PRD, ya que como se ha demostrado aquí en Guerrero, es un partido que tiene una fuerza y un arraigo en la gente difícil de erosionar en el corto plazo. En ese orden de ideas se podrían plantear dos escenarios. El primero, que en efecto la posición de hostilidad de Morena sea solo táctica, y al final buscará una alianza con el PRD. El segundo, es que el líder tabasqueño esté realmente convencido que puede ganar sin el sol azteca y va a mantener su posición hasta el final, lo que ocasionará que cada partido vaya con su propio candidato.
En ambos casos y partiendo de la idea de que la prioridad debe ser pugnar por la unidad de las izquierdas, la posición del PRD no puede ser de entregarse por completo desde ahora y a toda costa a apoyar a AMLO, aun cuando él mismo está diciendo que no quiere nada con ese partido. Por el contrario, el PRD debería también tensar la cuerda pero partiendo también de una clara propuesta alternativa de proyecto de país, que supere el entreguismo con el que se ha conducido en ocasiones (Pacto por México por ejemplo), y que demande también de Morena una posición que abone a la unidad. Si al final, Andrés Manuel u otro candidato logra constituirse como el factor fundamental de la unidad, sería formidable. Si no se logra la unidad por el empecinamiento de Morena, y por tanto la izquierda tenga que ir dividida a la contienda, entonces por lo menos que se tenga un candidato fuerte y un proyecto claro que enarbole una visión alternativa de país desde la izquierda. Ya se han mencionado algunos posibles candidatos perredistas que podrían dar una buena pelea, como es el caso del jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera. Y tal vez con mayores posibilidades y méritos, porque además es un cuadro surgido y desarrollado en la izquierda y cercano a Cuauhtémoc Cárdenas, el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, quien ha demostrado en estos poco meses de gobierno una contundente efectividad de cambios y logros importantes.