EL-SUR

Viernes 21 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

¿Amor con amor…?

Jorge Camacho Peñaloza

Septiembre 17, 2021

En las desgracias hay que acordarse del estado de conformidad con que miramos las ajenas.
Epicteto de Frigia.

De acuerdo con expertos, desde 1911 no se había registrado un movimiento telúrico de la placa de Cocos en una granja de 110 kilómetros frente a la costa de Acapulco como el que ocurrió el pasado 7 de septiembre a solo 11 kilómetro frente al mar en línea con la isla de La Roqueta, habitantes del puerto y de Chilpancingo hablan de que nunca se había sentido un sismo así como ese, la descripción que hacen es que fue violento, no logran especificar si fue oscilatorio o trepidatorio, narran que fue el más violento jamás sentido.
El jueves 19 de septiembre de 1985 a las 07:17:49 hrs se registró el sismo magnitud de 8.1 con epicentro frente de la desembocadura del río Balsas en la costa del estado de Michoacán, a más de 200 kilómetros de Acapulco y la zona Centro del Estado, que ocasionó según el Servicio Sismológico Nacional 40 mil muertos principalmente en la Ciudad de México; mientras que el 7 de septiembre de 2017, a las 23:49:17 hrs el sismo de magnitud 8.2, el epicentro se registró a más de 400 kilómetros de Acapulco, en el golfo de Tehuantepec, al suroeste de Pijijiapan, Chiapas, que causó la muerte de 99 personas, 79 en Oaxaca, 16 en Chiapas y cuatro en Tabasco; el sismo del 19 de septiembre de 2017 de magnitud 7.1 con epicentro en Puebla provocó 369 muertos, 7.289 heridos y la caída de varios edificios en la Cdmx, su epicentro fue a más de 300 kilómetros del Puerto y zona Centro del estado.
Es decir, al parecer desde hace más de 100 años no se había registrado un sismo con epicentro a una distancia de apenas 11 kilómetros, tan cerca frente a las costas de Acapulco, cercanía que puede explicar la furia con la que se sintió el temblor del pasado martes 7 de septiembre causando un asombro inaudito e indescriptible entre los habitantes de Acapulco y zona Centro del Estado principalmente, y que ocasionó, hasta el registro del 12 de septiembre, el deceso de tres personas, 15 mil personas damnificadas y al menos 7 mil 800 viviendas con diversos daños en 40 de los 81 municipios de la entidad.
Entiendo que el actual Presidente Andrés Manuel López Obrador tiene fobia a las formas neoliberales de gobernar, que entienda la presencia de los gobernantes en zonas de desgracia como mercadotecnia barata, sin embargo, creo que la forma en que se valore este tipo de acciones de los gobernantes no puede generalizarse, hay gobernantes que sí usan la desgracia para proyectar una imagen de papel, pero otros a quienes éste tipo de desgracia y asombro amerita de un gesto amoroso de su líder; pero López Obrador no lo hizo, no ameritó aunque haya afectado a casi la mitad de los municipios el Estado, ¿no que amor con amor se paga?
De acuerdo con información abierta la inversión por los sismos de 2017 en Oaxaca fue 6 mil 916 mdp, en Morelos 5 mil 985 mdp, en Puebla 4 mil 821 mdp, en Chiapas 3 mil 335 mdp, en el Estado de México 2 mil 842 mdp, para la Ciudad de México 2 mil 717 mdp y para Guerrero mil 029 mdp, esta semana López Obrador anunció que dispondrá de presupuesto para apoyar a los damnificados de Guerrero por el pasado sismo. Ya veremos de qué tamaño su amor.
Este sismo es un aviso para que los guerrerenses, sobretodo, los habitantes y sector turístico de Acapulco, avancemos en la cultura de la protección en casos de sismo, ya se sabe que no son predecibles, que a la mera hora las personas caemos en una especie de shock o asombro, pero sí debemos generar más conciencia acerca de este fenómeno para detectar zonas y casas vulnerables, implementar acciones preventivas, entrenar qué hacer antes, durante y después en casos de sismo no sólo una vez al año el 19 de septiembre, desconozco si hay un Atlas de riesgos en materia sísmica, si no lo hay debería integrarse enfocado no a la parte geológica sino a la cultura de protección y acción gubernamental, esto es una cosa seria.

Vuela vuela palomita y ve y dile: A toda la paisanada que ojalá se hayan echado un buen grito para que se les baje el susto que todavía traen y que se hayan tomado unos tres mezcalitos pa’siquiera entrenar cómo caminar mientras tiembla.