EL-SUR

Lunes 06 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Así no, Mikel

Humberto Musacchio

Marzo 15, 2018

Mikel Arriola, hasta donde se sabe, hizo un buen papel al frente del Instituto Mexicano del Seguro Social, saneó sus finanzas (las del IMSS) y puso a ese enfermo en vías de recuperación. Con su actuación en ese cargo, el candidato del PRI a la jefatura del gobierno de la Ciudad de México se hizo de un prestigio que ahora se empeña en tirar al caño.
Gobernar la ciudad de México requiere de una buena administración. Ésa era la carta fuerte de Arriola, pero lejos de aprovecharla y convertirla en el eje de su campaña, el candidato externo del tricolor se empeña en mostrar su faceta más siniestra y reducir el marco de libertades conquistado por los capitalinos, pues parece muy preocupado porque en la capital del país se reconoce el derecho de las parejas homosexuales a contraer matrimonio y tener hijos, e igualmente se escandaliza porque la ley establece que las mujeres tienen derecho a decidir sobre su cuerpo y el gobierno local les proporciona los medios para recurrir al aborto de manera libre y gratuita, todo lo cual significa para él “libertinaje”.
Lo que Mikel Arriola combate son libertades, no obligaciones, pues ninguna ley considera que toda mujer deba abortar ni que la homosexualidad deba ser una norma general de comportamiento. Su cruzada moralista muy probablemente esté inspirada en sus convicciones religiosas, las que merecen respeto, pero no acatamiento obligatorio para el conjunto de la sociedad.
En busca de apoyo para su campaña moralista, el candidato del PRI se reunió con organizaciones protofascistas como el Frente Nacional por la Familia, Vida para Nacer, la Fundación Atenas y otros membretes influidos por el muy siniestro ejemplo de Pro Vida, la pandilla que buscaba imponer a toda la sociedad sus muy particulares convicciones religiosas, para lo cual incurría en conductas delictivas.
Nadie debería sorprenderse de que un candidato del PRI, en su afán de ganar votos, agite banderas religiosas y combata conquistas históricas del pueblo mexicano, como el laicismo. No debe extrañar esa actitud porque el PRI de hoy ha escupido sobre su pasado y olvida las desgracias que acarreó al país la intromisión de la jerarquía eclesiástica en los asuntos de gobierno, lo que en el siglo XIX fue causa de medio siglo de guerras civiles y todavía en el XX, por órdenes directas del Papa, originó el conflicto cristero que llevó a la violación de las maestras que llevaban el alfabeto a las comunidades más abandonadas, la mutilación de los profesores y un alto número de muertos.
Otra vertiente de la campaña de Arriola es su pretensión de descalificar en lo personal a Claudia Sheinbaum, la candidata de Morena al gobierno de la capital, a la que tachó de “deshonesta”, lo que muestra poca delicadeza y ninguna caballerosidad.
Claudia pertenece a una familia respetabilísima. Sus abuelos maternos vinieron a México para escapar de los horrores del nazismo. Aquí desplegaron sus capacidades como emprendedores y trabajaron toda la vida para dar a sus hijos una educación basada en el más profundo respeto y agradecimiento por México. No casualmente, una hija de aquel matrimonio, la doctora Annie Pardo, fue una brillante directora de la Facultad de Ciencias de la UNAM y candidata a la rectoría universitaria. Claudia Sheinbaum Pardo, licenciada en física, maestra y doctora en ingeniería ambiental, es también sobrina de Enrique Semo, un científico social ampliamente conocido.
Con esos antecedentes familiares, resulta sospechosa la acusación que le ha hecho Mikel Arriola a Sheinbaum de vivir en la ilegalidad por recibir ingresos del Conacyt y al mismo tiempo ocupar un cargo público. Igualmente, le atribuye la adjudicación directa del segundo piso del Periférico cuando era funcionaria de la administración del Distrito Federal. En el mismo paquete, el priista de temporal la acusa de no haber clausurado el Colegio Rébsamen, que contaba con un certificado expedido por autoridades que no estaban bajo el mando de Sheinbaum y, en el colmo, Arriola se atreve a decir que la entonces delegada en Tlalpan obstaculizó la atención a los damnificados del sismo, pese a que fue la única funcionaria que de inmediato proporcionó apoyo en efectivo a las víctimas.
Cada señalamiento ha recibido puntual respuesta de la ahora candidata, pues se trata de acusaciones lanzadas desde el fondo más oscuro de las encuestas. Estamos en una campaña política y la dureza es parte del juego, pero hay límites.