EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Cortinas de humo

Raymundo Riva Palacio

Marzo 30, 2005

ESTRICTAMENTE PERSONAL

  El conflicto político entre el gobierno de Vicente Fox y el del Distrito Federal por el proceso de desafuero de Andrés Manuel López Obrador, ha polarizado a políticos y medios en forma acelerada. De acuerdo con una encuesta de Consulta Mitofsky, el 60% de los capitalinos dice tener mucho interés en el tema, que es el doble del número que así lo pensaba seis meses antes. Igualmente, mientras en septiembre pasado uno de cada cuatro ciudadanos decía no tener interés alguno en lo que pasara con López Obrador, hoy en día sólo uno de cada 10 así lo considera.

Estos datos reflejan mucho la intensidad con la que se vive el proceso y explican la dinámica de los acontecimientos expresados en la confrontación de los grupos políticos a través de los medios que, sumidos en el etnocentrismo, hacen ver como el país se definiera a partir de si hay o no desafuero, al extremo de equipararlo, como hizo un furibundo columnista como el acontecimiento más grave, si procediera, desde el magnicidio de Luis Donaldo Colosio. Sin embargo, la realidad no es así.

De acuerdo con la misma encuesta de Consulta Mitofsky, cuando se comparan los resultados del Distrito Federal con el resto del país, sólo el 31% de los mexicanos –la mitad que en la capital– se muestra interesada en el tema del desafuero, mientras que al 50% del país o le interesa poco el resultado del proceso o, de plano, nada en absoluto. ¿Qué significa? Que mientras la clase política, donde se incluyen medios y periodistas capitalinos creen que el parteaguas nacional dependerá de lo que suceda con López Obrador, el índice de preocupaciones en el país es bastante diferente.

Estos datos ayudan a comprender cuál es la realidad que vive la clase política frente a la que vive el país. López Obrador, el PRD y un buen número de columnistas en los medios capitalinos aseguran que si procede el desafuero habrá una convulsión nacional. Pero, salvo que los mexicanos encuestados por Mitofsky hayan mentido alegremente, lo más probable es que la explosión del volcán político mexicano termine siendo sólo un estallido en el viejo Aztlán. La resistencia civil de los perredistas puede concretarse al Valle de México y zonas cercanas en donde las bases clientelares del PRD, en particular los grupos urbanos que organizó el ahora presidiario René Bejarano, buscarán la desestabilización política.

No obstante, el conflicto político entre los grupos sí ha tenido consecuencias que afectan al país. El resultado directo es que la larga confrontación ha postergado la discusión de temas fundamentales que afectan a todos los mexicanos y no sólo a un grupo, y ha soslayado la solución de problemas torales para la sociedad. En el Distrito Federal, por ejemplo, hay un problema profundo con el narcomenudeo, donde las autoridades han localizado más de mil 200 centros de distribución, que es 300 por ciento más de lo que había en 2000. El narcomenudeo ataca directamente a las escuelas, donde el consumo se ha ido trasladando de la vieja marihuana a la cocaína, que daña al cerebro y que, a diferencia de la primera, puede matar con una sobredosis. El narcomenudeo, empero, no es sólo un problema local.

Se empata con un fenómeno nacional que es la proliferación de las pandillas centroamericanas conocidas como la Mara Salvatrucha, que son terriblemente sanguinarios y que han ido reclutando en forma creciente a mexicanos. Los maras, como se les conoce coloquialmente, subsisten del negocio del narcomenudeo y operan actualmente en cuando menos 22 entidades del país, que la tienen convertida en un problema de seguridad nacional. Los conflictos políticos han impedido una colaboración eficiente entre gobiernos y autoridades competentes para atacar a estas pandillas que, en cambio, han sido capaces de subyugar a comunidades enteras en el sur del país durante varias semanas, asesinando a sangre fría a quienes se les oponen, sin ser molestados por las policías.

La seguridad pública, que es el problema número uno que afecta a los mexicanos, no es el tema que preocupa más a la clase política. Sólo cuando tienen crisis en los penales de máxima seguridad voltean los políticos y los medios a ver el fenómeno, distrayéndose momentáneamente del pleito Fox contra López Obrador. El conflicto absorbe a las autoridades. En el Distrito Federal la criminalidad se ha incrementado en los cuatro últimos años. Pero la delincuencia común tiene infectado a estados como Guerrero, Nayarit o Veracruz. La delincuencia organizada, tiene inundada a la nación. La delincuencia, vinculada con el poder, ha mostrado sus tentáculos en Yucatán, Querétaro o Morelos, mientras que una mezcla de todo mantiene bajo sospecha a Chihuahua, por el caso de Las Muertas de Juárez.

Problemas que afectan directamente a las comunidades no han sido resueltos. El transporte público en el Distrito Federal, por ejemplo, es un desastre. Las obras suntuosas lópezobradoristas han beneficiado a decenas de miles de capitalinos, pero no a quienes se encuentran en los sectores marginados que dice proteger, sino entre las clases más pudientes. Ha levantado vías rápidas para automóviles, pero no construyó ni 100 metros de líneas adicionales de metro. El problema del agua afecta a toda la frontera, y ha generado conflictos entre entidades como Nuevo León y Tamaulipas, o estado de México y Distrito Federal. La deforestación amenaza bioreservas como Montes Azules en Chiapas o provocado conflictos entre comunidades indígenas. Los problemas por la tenencia de la tierra siguen siendo focos de alerta porque pueden desbordar en violencia en cualquier instante, como en las zonas huicholes.

El país mantiene sus viejos problemas y necesidades, pero el corazón político de donde se pueden impulsar cambios, aportar los recursos para fortalecer los proyectos que beneficien a todos los mexicanos, o coordinar los esfuerzos nacionales para ir venciendo los obstáculos, sólo late al ritmo del conflicto político que, al final de cuentas, sólo es una cortina de humo que esconde lo verdaderamente importante y que, cuando los veamos años adelante en retrospectiva, nos daremos cuenta de todo el tiempo que perdimos en enfrentamientos estériles y, en muchos sentidos, absurdos.

[email protected]                                                   [email protected]