EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Crisis orgánica

Raymundo Riva Palacio

Octubre 03, 2005

 ESTRICTAMENTE PERSONAL

Era una cuestión de tiempo para que en los órganos electorales se agudizaran las contradicciones y estallaran los conflictos. En una jornada lamentable para ellos, el viernes renunciaron a sus cargos el presidente del Tribunal Electoral, Eloy Fuentes, y la secretaria ejecutiva del IFE, María del Carmen Alanís, en lo que se interpretó ampliamente como una crisis en los organismos electorales. Aunque no tocó las fibras institucionales y en el fondo se concentró el problema en individuos, no están lejos de que la descomposición se incremente si no se realizan correctivos de fondo en la forma de proceder de los individuos en esos organismos, incluidos algunas de sus cabezas.

Cerda anunció su renuncia 72 horas después de haberla presentado ante sus colegas magistrados argumentando problemas de salud. La realidad, de acuerdo con información interna del Trife, es muy diferente. Cerda, según esta información, fue obligado a renunciar por los magistrados quienes le dieron un ultimátum de que, o dejaba el cargo de presidente del Trife, o harían públicas una serie de averiguaciones sobre supuestos actos de corrupción. Entre los datos que se manejan se encuentran tres demandas de abuso sexual, la adquisición no aclarada de un número de propiedades y vehículos después de haber sido electo presidente, y una serie de irregularidades administrativas.

Los magistrados le advirtieron que estaban dispuestos a hacerlas públicas si reculaba en la renuncia. Al asumir el nuevo presidente del Trife, se insistió en ese organismo que la salida de Cerna no obedecía a delitos de corrupción, lo cual no elimina ni las averiguaciones ni los excesos en los que habían incurrido Cerda y otros magistrados, cuyo comportamiento dentro del tribunal electoral ha levantado suspicacias, como el cuestionado apoyo del Trife al PRI en las elecciones para gobernador en estado de México, Oaxaca y Veracruz. La buena recepción que dieron la mayoría de los partidos a Leonel Castillo como nuevo presidente del Trife, no elimina los problemas anteriores, pero el Trife decidió procesar secretamente sus diferencias con Cerda, sin tomar medidas radicales para sanear el ambiente de los magistrados. No parece, en este sentido, que las cosas retomen el buen camino en el Trife, sino se asemeja más a un reacomodo de posiciones políticas sin merma significativa a las prerrogativas de los magistrados.

En el caso de Alanís en el IFE, los motivos de su renuncia son distintos. En su carta de renuncia acusó al presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, de que la falta de confianza y problemas de comunicación con él, entorpecían el desempeño del instituto y ensombrecían la certeza de las elecciones. La carta responsabiliza a Ugalde, aunque en este caso la responsabilidad no es totalmente del presidente del IFE. La renuncia de Alanís responde, de acuerdo con información interna, a una larga sucesión de traiciones y deslealtades de Alanís contra Ugalde y a una extralimitación de sus funciones, aprovechando una larga temporada de debilidad del presidente del IFE para ocupar, ilegal e ilegítimamente, algunas de sus tareas.

Alanís había entrado en conflicto con la mayoría de los consejeros, quienes le habían reclamado algunos abusos, como el tratar de imponer sus condiciones y directrices por encima de lo que el Consejo le instruía. Las cada vez más frecuentes quejas de los consejeros con Ugalde, dieron pie a que desde hace tres meses se estableciera un mecanismo de rendición de cuentas para la secretaria ejecutiva, lo que parece haber sido el final del largo proceso de desgaste. Una semana antes de que renunciara, Alanís amagó a Ugalde con la renuncia ante ese seguimiento de sus actos, a lo que el presidente del IFE respondió que no era la manera de trabajar. Al ver que sus viejos espacios de maniobra se le iban cerrando, con la primera toma real de la presidencia del IFE por parte del presidente que había estado a la deriva durante un largo tiempo, Alanís pudo haber previsto algo que veían dentro del instituto: la solicitud de su renuncia se acercaba. No la dejó llegar y el viernes buscó estallar la crisis calculando mal: ningún consejero la secundó.

Esto no es algo extraño. Alanís se dedicó a criticar en reuniones privadas a varios de ellos, en particular a Andrés Albo, María Teresa de Jesús González Luna, Alejandra Latapí y Arturo Sánchez, para desacreditarlos y acorralarlos. Al mismo tiempo, protegió a otro, Rodrigo Morales –el único que no estuvo en la sesión del IFE donde se enteraron de la renuncia—, entregándole la comisión de la oficina del voto en el extranjero, y colocando a su ex secretario particular Patricio Ballados en la coordinación, con lo que logró eliminar las indicaciones que daban los consejeros. Además de la embestida contra los consejeros, se entrometió en los problemas privados del propio Ugalde, difundiendo versiones personales sobre su vida y denostándolo.

Aunque no están del todo claro las motivaciones de Alanís, a nadie escapa que siempre fue clara su frustración porque ella no fue seleccionada como consejera, y que en los tiempos de poca concentración de Ugalde y de la temporada en la que no tomó el control del IFE, ella asumió funciones de secretario ejecutiva y presidente del Consejo del IFE, lastimando a la institución. Su relevo interino, Manuel López Bernal, un hombre de bajo perfil pero, quizás, el mejor capacitado profesionalmente a todos los que se encontraban a la mano, fue apoyado por unanimidad.

Las explosiones que se dieron en los órganos electorales, vistas fríamente, pueden ser controladas y de las crisis crear oportunidades aprovechando la coyuntura para buscar la cohesión institucional, que hoy en día es bastante rala. En el Trife, Castillo, con todo el consenso de los magistrados, puede recorrer un camino menos sinuoso y comenzar la limpia dentro del tribunal para que la putrefacción interna no contamine su papel en la próxima elección presidencial. En el IFE, Ugalde está más cuestionado, pero puede aprovechar el momento de cohesión para retomar plenamente la presidencia del Consejo, aprovechando que, internamente, le han dado el beneficio de la duda.

 

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