EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

De demócratas, intolerantes y jacobinos

Jorge Camacho Peñaloza

Mayo 24, 2019

 

Es propio de mentes medianas embestir contra todo aquello que no les entra en la cabeza.
Antonio Machado

De repente don Quijote vio una enorme sombra que seguramente lo cubría a él y a su fiel Rocinante cuando entraba al poblado El Toboso con su compañero Sancho, seguramente dándole vuelta a la esquina miró la impresionante torre de la iglesia de San Antonio Abad, cuando le exclamo a su amigo “Con la iglesia hemos dado, Sancho”, —Ya lo veo —respondió Sancho—, y plega a Dios que no demos con nuestra sepultura, que no es buena señal andar por los cementerios…Y así se hizo famosa la conversación entre don Quijote y su amigo sancho cuando se tiene sobre sí una sombra enorme y se da cuenta uno de que se está frente a una potencia superior a la que se le debe tener cuidado.
La Iglesia en particular, fuera de su sentido espiritual, con el paso de los siglos se convirtió en un factor de poder político de escala mundial, compartiendo el poder con reyes, emperadores, jefes de estado y mutándose al mismo tiempo en poder estatal, ejecutivo, legislativo y judicial, con la Santa Inquisición, al mismo tiempo rigiendo las leyes y normas de convivencia social, castigos, vida y muerte de las personas, educación y progreso de la ciencia, economía y organización social, conquistando feudos, reinados y tierras de pueblos enteros, compitiendo con los acaudalados terratenientes e industriales de muchos países.
En la época colonial, durante el siglo XIX y en los primeros años del siglo XX, la Iglesia fue un poder que no solo era pilar del sistema virreinal sino que competía con el virrey o con los poderes públicos ya iniciada la época independiente, era dueña de grandes extensiones de tierras y numerosas haciendas que competían con los hacendados y explotaba a los campesinos y pueblos, por lo que era necesario que el Estado mexicano si aspiraba a convertirse en un sistema político de ciudadanos, de leyes e instituciones civiles, tenía que ir acotando el poder de la Iglesia, secularizar al Estado, es decir independizarlo del poder eclesiástico, hacerlo laico a partir de las reformas liberales de mediados del siglo XIX.
Las relaciones entre la Iglesia y el naciente Estado mexicano fueron siempre ríspidas no sólo hasta el bien entrado siglo XX con las guerras cristeras durante el Maximato de Plutarco Elias Calles, sino hasta la fecha después de las reformas Constitucionales al artículo 24 durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, en 1992, cuando se reestablecieron las relaciones con el Vaticano.
Todavía actualmente hay laicistas radicales y jacobinos a ultranza que ven en la Iglesia como un poder o un partido que puede llegar a restablecer su dominio sobre la sociedad acabando con las libertades principalmente de conciencia, de religión, de pensar, expresar, profesar y optar por un estilo de vida; viven en el pasado, desde una perspectiva de intolerancia, absolutismo político, estatismo puro, no viven en el presente democrático, plural, de tolerancia, de deliberación respetuosa y libertades.
Actualmente, aún y cuando se piense que nuestra democracia, Estado de Derecho, instituciones están en vías de consolidarse, ya están secularizadas, es decir, fuera de la posibilidad de que sean controladas por la Iglesia y desde una perspectiva demócrata, la Iglesia es una organización social más a la que un demócrata no le debe tener miedo o animadversión, al contrario se le debe incluir, tomar en cuenta, como a cualquier otra, no porque tenga aún poder en la simpatía de la población, sino porque vivimos en una sociedad con una pluralidad consolidada en la que la Iglesia ha dejado de ser centralidad de vida tanto social como personal.
Los sacerdotes son ciudadanos mexicanos, votan, pueden ocupar cargos en la función pública (excepto cargos superiores), pueden ser votados y ocupar cargos superiores, estos dos últimos si se separan de manera definitiva de su cargo como ministros cinco y tres años antes respectivamente, quienes no puedan tratar con ellos no pueden definirse como demócratas, ya no vivimos los tiempos de Juárez, Obregón o Calles como para ver moros con tranchetes.
A estas alturas de la vida social totalmente dominada por la economía y el poder político, hasta el Presidente Andrés Manuel López Obrador ya dio la lección de tolerancia a los laicos que se estaban desgarrando las camisas por los eventos que se llevaron a cabo en el Palacio de las Bellas Artes y Literatura por la conocida religión Luz del Mundo, quienes casi casi, como Santa Inquisición o como el Comité de Salvación de Pública de Robespierre, exigían la hoguera para la directora, la reacción de López Obrador fue solo tolerancia.

Vueva vuela palomita y ve y dile: A todos los seguidores del América, que tienen su merito, que le propongan a Azcárraga que ya para qué se rasga, mejor que hagan un solo equipo con el Cruz Azul, y se conviertan en los amos del ya merito.