EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

De narcotráfico, religión y política

Jorge Camacho Peñaloza

Marzo 31, 2017

En el mundo existen dos clases de hombres: hombres inteligentes sin religión y hombres religiosos sin inteligencia. Abu al Alá

Desde la década de los setentas en Guerrero se empezó a sembrar en gran escala mariguana y amapola, se dice que alguien llegó de Sinaloa a la Sierra y enseñó a los campesinos a sembrar y rayar la amapola, a quienes les compraba la cosecha haciendo cada vez menos atractivo para ellos sembrar maíz en las faldas de las montañas.
Coincidió con la llegada de cientos de militares que andaban tras guerrilleros en los filos de la imponente Sierra Madre del Sur, la actividad de siembra y trasiego de drogas se hizo más intensa con la pavimentación de las carreteras de la sierra por las que subían camiones llenos de soldados tras los alzados.
Desde entonces militares, autoridades estatales, federales y municipales, sabían quiénes se dedicaban a la siembra y trasiego de drogas, muchos de ellos mismos se hicieron productores y protectores de esta actividad, desde entonces en la sierra y en el estado se generó una especie de simbiosis entre droga y política.
El ejemplo emblemático de esa simbiosis en el estado es el de José Luis Abarca, el malogrado alcalde de Iguala postulado por el PRD, señalado como integrante de un grupo de la delincuencia organizada y por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa; así como el caso que actualmente se ventila en el Congreso del Estado del diputado Saúl Beltrán Orozco, y así como estos debe haber más alcaldes y diputados de todos los colores partidistas involucrados con el narcotráfico.
El narcotráfico y la política comenzaron a coincidir en intereses, tener poder, controlar la población y el territorio, el narcotráfico buscó incursionar en la política y los políticos en el narcotráfico, la simbiosis perfecta, hasta que la competencia en uno y otro ámbito creció hasta romperse el equilibrio existente, provocándose la violencia incontrolable que padecemos en el estado.
El obispo Salvador Rangel no está diciendo nada nuevo o nada que no se sepa, no está descubriendo el hilo negro, cuando sostiene que existen vínculos entre narcotraficantes y políticos para poder darse los altos niveles de producción y trasiego de drogas en el estado, no tiene por qué generar escozor o espanto, a menos que haya políticos que escuchen pasos en la azotea.
Es sano que se hable del problema, porque es un grave problema que narcotraficantes y políticos se alíen, que narcotraficantes se conviertan en políticos y políticos en narcotraficantes, porque eso es lo peor que le puede pasar a una sociedad, que delincuentes la gobiernen, se hagan del poder político y que el poder político sea aliado de los delincuentes, este es un tema que no debe censurarse, si hay políticos que se molestan porque el obispo hable de este problema será porque se sienten aludidos.
Lo que sí es nuevo es que un obispo lo diga una y otra vez  acusando al gobierno de las condiciones de pobreza y abandono que orillan a los pobladores de la sierra a sembrar mariguana y amapola, porque eso muestra que no existe buena comunicación y relaciones entre el gobierno del estado y el alto clero, y más que señalamientos inquisidores debería de haber diálogo y reflexión conjunta entre ambas instituciones, sin embargo lo que se ve es que hay animadversión entre ambas partes que es nada positiva, a pesar de haber un área específica para las relaciones Estado-iglesia en el gobierno del estado.
El prelado no se equivoca cuando propone que haya diálogo entre gobierno y delincuentes, como él dice, ya se da entre ellos subrepticiamente, pero no espere que gobernantes y delincuentes se sienten en una mesa de diálogo o que se de a través de un intermediario como él se autopropone, la delincuencia no es un asunto de conciencia y contrición, es un tema que tiene que ver con arrancar el patrimonio, bienes, dinero y hasta la vida, vía la violencia, lo que es de uno por parte de los delincuentes, es el comportamiento antisocial frente a los comportamientos que promueven lo social.
Como asunto religioso ellos, los prelados, tienen la obligación de hablar hasta con el más pecador de los pecadores, pero no es desde la perspectiva religiosa como se desenvuelve la sociedad, sino desde la perspectiva del derecho humano, del denominado Estado de derecho, y desde ahí la comunicación que debe haber es una comunicación estratégica, que al parecer tampoco hay; no debe censurarse el tema, pero tampoco enfocarlo desde la perspectiva de la religión.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A los que entiendan, que hablar por hablar, resulta vano, y callar por callar, insano.