EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Digánle Condi

Raymundo Riva Palacio

Marzo 09, 2005

 ESTRICTAMENTE PERSONAL


Brillante, intelectualmente sagaz y veloz, se cuenta una anécdota de la fiereza de Condoleezza Rice cuando estudiaba la licenciatura en el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Denver, que en los 70 estaba plagada por una plantilla de maestros racistas y belicosos. En la primera clase, el profesor más racista de todos, afirmó a los alumnos: “Es mi deber decirles que los negros son genéticamente inferiores en inteligencia a los blancos”. Condoleezza, quien había nacido en el seno de una familia negra de clase media en Alabama, le respondió ante el asombro de todos: “Usted debe tener mucha sangre blanca en su sistema”.

A imputación tan altamente racista, la respuesta fue de igual virulencia. Esa fuerza la acompañaría desde que fue educada en casa como una activista política conservadora, combinaba su formación intelectual con las enseñanzas de Josef Korbel, un refugiado de la Checoslovaquia comunista y padre de quien fuera la primera secretaria de Estado, Madeleine Albright, con su enorme talento como concertista de piano y patinadora en hielo. Académicamente se convirtió en una de las figuras de la Universidad de Stanford, en California, que alberga a la Institución Hoover, uno de los organismos conservadores más influyentes en la política exterior de Estados Unidos, desde donde expresó su conocimiento sobre la ex Unión Soviética y el mundo comunista en general.

Por ello fue recomendada al Consejo de Seguridad de la Casa Blanca durante el gobierno de George Bush padre, convirtiéndose en la experta en la materia. Eso le valdría una segunda recomendación a Bush hijo, quien la llevó de asesora en política exterior cuando se preparaba para ser Presidente. Cuando eso sucedió, la convirtió en la influyente directora del Consejo de Seguridad Nacional, y al renovarse su mandato por otros cuatro años, la designó secretaria de Estado, en cuyo rol llegará este jueves a la ciudad de México para hablar por primera vez en ese papel con el presidente Fox.

Condi la llama el presidente Bush, reflejando la enorme ascendencia que tiene sobre él. Sumamente discreta en su anterior trabajo dentro de la Casa Blanca, la doctora Rice siempre estaba a la espalda de Bush para lo que fuera necesario, con el consejo al oído, discrepando muchas veces del entonces secretario de Estado Colin Powell, y coincidiendo más con el de Defensa, Donald Rumsfeld, separados por la forma como pensaban en Irak: el primero por la negociación antes de la guerra; el segundo por la guerra, como extensión de la batida contra el terrorismo global. Su alianza táctica con Rumfsfeld la ubicó del lado de los halcones en su gobierno, una definición ideológica que, en la era de la paranoia entre los estadunidenses, la fue consolidando cada vez más en su posición de confianza con el Presidente. Ella es, a la vez, la voz de Bush, y lo que dialogue aquí con Fox y el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, será, como pocas veces antes, sin matices ni grises en las apreciaciones, exactamente lo que piensa y hará el presidente de Estados Unidos.

La doctora Rice no es una persona dócil, como refleja su biografía. Es dura y argumenta con enorme fuerza. Los mexicanos tendrán una primera aproximación, aunque varios de los que hablarán con ella, como el canciller Derbez, ya la conocen. Por ejemplo, cuando a principio de año platicó con ella en Washington a propósito de su candidatura a la Secretaría General de la OEA, la doctora Rice no se anduvo por las ramas. “El presidente Bush es amigo del (ex) presidente (Francisco) Flores y todo nuestro apoyo es para él”, le dijo sin preámbulos. “Si no tuviera el consenso, entonces lo apoyaríamos a usted”. En la primera parte del gobierno de Fox la desesperaron tanto el ex consejero Adolfo Aguilar Zinser y el ex canciller Jorge Castañeda, que optó por evadirlos tantas veces como podía.

Aunque públicamente se lancen besos recíprocos al término de sus reuniones este jueves, no se pronostica un encuentro sencillo por la más simple de las razones: como hace mucho tiempo, las agendas de cada país son totalmente diferentes. El mexicano insiste en migración; el estadunidense en seguridad. Los mexicanos ven con optimismo que Bush diga que buscará iniciativas para mejorar las condiciones laborales de los indocumentados, que ha sido tomado con vítores en México, pero que no irá nada más allá de lo que han hecho por lustros: un programa de trabajadores temporales. Pero aun así, como anticipó el embajador Tony Garza la semana pasada, si no hay seguridad en la frontera, no habrá avances en migración.

Esa es la suma que no se está haciendo bien en México. Cualquier avance en la agenda bilateral con Estados Unidos tiene que pasar por las garantías en la seguridad territorial de aquél país y cerrar la porosidad de una frontera de 3 mil 200 kilómetros. Dependen mucho de México, pues sin importar cuántas medidas de vigilancia han instrumentado en su frontera, el año pasado no lograron frenar la inmigración indocumentada procedente de este país, que se incrementó. Son demasiados los mensajes que ha enviado Washington sobre su preocupación toral, y muy poco se ha visto correspondencia pública por la parte mexicana. Hay que temer doblemente.

No pueden estar tan ciegos de no entender lo que está sucediendo, por lo que, si esta hipótesis es correcta, habría que estar atentos sobre lo que estará acordando México con Estados Unidos en la materia, que quizás no nos guste tanto cuando nos enteremos. Pero si esto no es correcto y sí están ciegos en el gobierno foxista, peor en el largo plazo, sobretodo con un gobierno en Washington que cada vez es más peligroso, más intolerante y más desesperado por reducir la posibilidad de que una vez más, el terrorismo los ataque de nuevo. Condi nos aportará el jueves la primera ficha de este nuevo rompecabezas.

 

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