EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Donde hay humo, hay fuego

Raymundo Riva Palacio

Octubre 12, 2005

ESTRICTAMENTE PERSONAL

A fines de los 80, cuando los republicanos parecían inamovibles de la Casa Blanca, los demócratas encontraron en Mario Cuomo un adversario capaz de derrotarlos en la elección presidencial. El gobernador de Nueva York, de origen italiano, era un personaje que brillaba con un carisma que enamoraba y una retórica electrizante. Pero Cuomo decidió finalmente no contender aduciendo razones familiares. El gobernador nunca las aclaró, pero en el cuartel demócrata estaban convencidos que ante la imposibilidad de evitar que las relaciones de algunos de sus familiares con la mafia salieran a la luz pública, optó por cuidar su prestigio y terminar su vida política activa.

Cuomo comprendió lo mucho que tenía que perder en su lucha por la Casa Blanca, que quizás, al saberse de esas relaciones, de cualquier forma jamás hubiera alcanzado, y optó por la prudencia del temor calculado. Su ejemplo debió haber sido visto y calculado por el ex gobernador del estado de México, Arturo Montiel, a quien su falta de cuidado está a punto de descarrilarlo de sus aspiraciones presidenciales. Un devastador reporte por televisión difundido este lunes por Víctor Trujillo en su programa matinal El Cristal con que se Mira, retomó informaciones sobre la presunta riqueza de su familia y aportó nuevas evidencias sobre los movimientos financieros e inmobiliarios de sus hijos, sembrando las dudas del origen legítimo de la riqueza, asegurando que había una investigación federal sobre caso.

La PGR dijo que no existía investigación alguna porque no había denuncia, y como para que empiecen a investigar se requiere denuncia. Sin embargo, el tema no está en la PGR, sino en la Secretaría de Hacienda, que desde hace más de un año vienen discutiendo con Montiel el origen de esos recursos, luego de que en los estados de cuenta de la familia encontraron inconsistencias en transferencias. Todavía gobernador, Montiel fue llamado a aclarar cuentas, que no han terminado de ser suficientemente transparentadas. Personas que conocen del caso, dicen que inclusive, en al menos dos ocasiones, las autoridades advirtieron a Montiel que midiera muy bien sus aspiraciones presidenciales porque esa documentación podría salir al público. Los montielistas lo tomaron como una amenaza, pero no le dieron la atención suficiente.

Durante la campaña para gobernador del priísta Enrique Peña Nieto, Montiel empezó a sentir los primeros síntomas de lo que vendría cuando se peleó con Isidro Pastor, por largo tiempo su escudero y quien, comprando voluntades en el Congreso local, había logrado la gobernabilidad para la administración de Montiel. En pago a sus servicios políticos, Pastor se pensaba el heredero natural en la gubernatura, y al no serlo se molestó y empezó a caminar hacia la oposición, un largo trayecto que combinó con desayunos y comidas con periodistas en la ciudad de México para decirles que en su portafolio cargaba copias de cheques y depósitos multimillonarios de la familia Montiel. Cercanos al ex gobernador negociaron el silencio con él, pero copias de las imputaciones ya estaban circulando no sólo en oficinas públicas, federales y mexiquenses, sino inclusive en Internet, tanto en páginas de la red como en blogs donde hay narraciones del presunto enriquecimiento inexplicable de la familia Montiel.

Montiel tampoco hizo caso a esos avisos y se dedicó a tapar el sol con un dedo. El viernes pasado, durante un desayuno político, el reportero de larevista de El Universal, Raúl Tortelero, le preguntó sobre los negocios inmobiliarios de sus hijos, respondiendo que ellos no estaban metidos en eso. El lunes salió la documentación con Trujillo y el mismo día por la noche un Montiel con la vista extraviada aceptó en una entrevista con Joaquín López Dóriga lo que poco antes había negado. Sí, en efecto, sus hijos son empresarios y las propiedades son de ellos. Entonces, por mentiroso y torpe, Montiel se metió en el pantano.

El mismo lunes por la noche debatía su equipo sobre el tamaño del daño que le habían hecho esas revelaciones a su campaña presidencial, y las opiniones estaban divididas. Apenas el jueves pasado Montiel había decidido que no negociaría con su adversario Roberto Madrazo una candidatura de unidad en el PRI, y que pese a los ataques que le había dirigido, lucharía contra él. Por eso no es extraño que Montiel, en su fuga hacia adelante, haya decidido identificar a Madrazo como el que aportó los documentos a Trujillo. Dentro del PRI, como quieren mantener la inexistente cordialidad entre los candidatos, aseguran que salió del gobierno federal la especie, porque de esa forma desvían la atención de las acusaciones que, en el mismo sentido, se hacen de los hijos de la primera dama Marta Sahagún. En el gobierno, sin embargo, también están seguros que el disparo viene de Madrazo. De cualquier forma, todo esto es ocioso. Donde hay humo, hay fuego.

Montiel y el PRI pueden acusar a quien quieran, pero el fondo no es quién filtró –que por lo demás, lejos de ser una acción ominosa es precisamente un subproducto de las democracias–, sino la sustancia en las imputaciones. Montiel puede ganar un poco de tiempo acusando a sus acusadores y disparando también contra el mensajero, pero al final del camino quedará el néctar de la sospecha: ¿sus hijos se beneficiaron económicamente durante el periodo en el que fue gobernador? ¿Durante su administración se dio un tráfico de influencias? ¿Coinciden los ingresos y egresos en la documentación fiscal? Por la larga investigación de Hacienda, no es así, y Montiel tiene todavía muchas cosas que explicar. La polvareda política no puede ocultar la posibilidad de tráfico de influencias y corrupción familiar en su gobierno. Este es el fondo de su problema que no es político sino legal, el campo en el cual debe resolverlo si quiere, políticamente, seguir con vida.

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