EL-SUR

Jueves 20 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

El movimiento estudiantil y popular del 60; represión y rebelión popular

Rogelio Ortega Martínez

Octubre 22, 2021

El 21 de octubre de 1960, hace 61 años, inició el movimiento estudiantil y popular de 1960. El conflicto se originó en Chilpancingo, cuando los estudiantes de la Universidad de Guerrero, encabezados por Jesús Araujo Hernández, líder de la Federación Estudiantil Universitaria Guerrerense, FEUG, instalaron la bandera de huelga en el frontispicio del Edificio Docente, exigiendo al gobernador Raúl Caballero Aburto tres demandas fundamentales: 1) Autonomía; 2) Reforma y; 3) Consolidación Universitaria. Es indiscutible que Chucho Araujo fue el líder principal de los estudiantes, pero también descollaron más de un centenar de hombres y mujeres, forjadores de un movimiento social novedoso y sin precedentes; referente histórico para el estudio de los movimientos sociales en el estado de Guerrero y en México. Destacaron: Juan Alarcón Hernández, Eulalio Alfaro, Bernardino Vielma Héraz, Arturo Solís Pinzón, Jorge Vielma, Pablo Sandoval Ramírez, José Guadalupe Solís, Genaro Arcos Pólito, Imperio Rebolledo, Rubén Fuentes Alarcón, Efraín Zúñiga, Constantino Salmerón, Humberto Martínez, Luis Camacho, Saúl López López, Eduardo Murueta, Juan Sánchez Andraka, Saúl Mendoza, entre otros. Sobresalieron relevantes profesores y luchadores sociales de vocación socialista y comunista: Salvador Castro Villalpando, Pablo Sandoval Cruz, Aarón M. Flores, Ricardo Klimek, Edgar Pavía, Gildardo Valenzo, Pedro Ayala Fajardo, Antonio Sotelo, Blas Vergara, Domingo Adame, Pedro Huerta Castillo, Rosendo Vega Arcos, Nicolás Román Benítez, Emeterio Deloya, Abel Estrada y los siempre legendarios Genaro Vázquez y Lucio Cabañas.
Valientes mujeres surianas, acompañaron al movimiento social de 1960 con gallardía y especial pundonor, destacando entre otras: Silvina Lara, Evita Salmerón, Socorro Sonora, Sotera Hernández, Susana Ramírez, Natividad Vega, Gudelia Guevara, Mercedes G. viuda de Carreto.
El gobernador, general Raúl Caballero Aburto, decretó el año anterior (1959), la transformación del tradicional Colegio del Estado, en Universidad de Guerrero. Así nada más, sólo por iniciativa del ejecutivo y aprobación inmediata del Congreso Local, se fundó la Universidad de Guerrero, pero sin autonomía, sin oferta de nuevas carreras profesionales, sin nuevos docentes, sin nuevos subsidios ni planes y programas de estudio renovados. Otro equívoco del gobierno fue la designación del profesor Alfonso Ramírez Altamirano, quien, al carecer de título universitario, fue severamente cuestionado por estudiantes y maestros. Estas decisiones erráticas ocasionaron la inconformidad mayoritaria de los estudiantes. Prestigiados profesores como Aarón M. Flores, Pablo Sandoval Cruz, Salvador Castro Villalpando y Octavio Klimek Gámez, al hacer causa común con las demandas de los estudiantes incrementaron la legitimidad del movimiento.
La inestabilidad de los gobiernos en Guerrero, del México post revolucionario, se presenta como una constante durante todo el siglo XX y en lo que va del XXI, alentada desde el centro, en especial en los casos de gobernadores representativos de los presidentes salientes, o conflictuados con el presidente en turno. Recordemos que en Guerrero se venía eligiendo gobernador, hasta el 2011 que se modificó con la reforma política del gobernador Zeferino Torreblanca, un año antes de la elección del nuevo presidente de la república, lo que fue siempre considerado por los estudiosos de este tema como factor de inestabilidad.
Conviene mencionar que algunos analistas aseveran que el conflicto fue alentado y patrocinado desde el gobierno federal, en especial por el guerrerense Donato Miranda Fonseca, titular de la Secretaría de la Presidencia de la República en el gobierno del presidente Adolfo López Mateos (1958-1964). Se infiere que Miranda Fonseca era enemigo político del gobernador Caballero Aburto y que impulsaba todo tipo de acciones desestabilizadoras. Cobra relevancia esta hipótesis al considerar que Miranda Fonseca tenía un vínculo directo con la dirigencia estudiantil a través de su secretario particular, el joven abogado guerrerense Jorge Montúfar Araujo, primo hermano del líder del movimiento estudiantil. Podemos considerar esta variable como significativa, pero independiente de la esencia del fenómeno. La variable dependiente es la inconformidad justificada y el reclamo modernizador del proyecto educativo universitario para Guerrero, perfectamente sintetizado en las demandas de los estudiantes huelguistas. Esta es la variable que se consolida como el eje de legitimidad y fortaleza del movimiento estudiantil y popular de 1960.
En paralelo al movimiento estudiantil y sin aparente relación directa, Genaro Vázquez Rojas, líder de la Asociación Cívica Guerrerense, ACG, realizaba un plantón en el zócalo de Chilpancingo. Abanderaba las reivindicaciones de los campesinos y pobladores pobres de las costas de Guerrero, inconformes con las políticas del gobernador Caballero Aburto. Los Cívicos fueron desalojados violentamente del zócalo de Chilpancingo y se replegaron con su plantón a la Alameda Granados Maldonado, frente al Edifico Docente, el recinto donde días antes se había instalado la huelga de los estudiantes universitarios. La acción gubernamental represiva contra los Cívicos ocasiona que, de manera natural, confluyan los dos movimientos: el popular encabezado por Genaro Vázquez Rojas y el estudiantil dirigido por Chucho Araujo.
La agitación estudiantil y cívica se generalizó por todo el estado. Las inconformidades contra el gobernador fueron en aumento. Chilpancingo se convirtió en el teatro donde se escenificaron las más grandes movilizaciones populares, mítines y expresiones diversas del malestar antigobiernista de la ciudadanía. Se unieron al movimiento los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, encabezados por su líder estudiantil Lucio Cabañas Barrientos; así como pequeños y medianos comerciantes, profesionales, burócratas y sectores significativos de las clases medias de la ciudad y el campo. La movilización y protestas se radicalizaron a la vez que el gobierno endurecía su política represiva. El 31 de octubre se realiza una gran movilización en Chilpancingo y dos días después se constituye la Coalición de Organizaciones Populares (COP). Las demandas originales del movimiento fueron ampliamente rebasadas por el pliego petitorio de cinco puntos exigidos por la COP: 1) Desaparición de poderes en el estado de Guerrero. 2) Aplicación de la Ley de Responsabilidades al general Raúl Caballero Aburto. 3) Derogación de los decretos nocivos a la población. 4) Que en el estado de Guerrero se termine de una vez por todas con los latifundios. 5) Que en el caso de la universidad, se le dé una orientación para que se ponga al servicio del pueblo y sea la que promueva el desarrollo social, industrial y político de nuestro estado.
El 6 de noviembre, el Ejército disuelve una cabalgata de antorchas, radicalizando la respuesta popular con paradas cívicas, movilizaciones en todo el estado y toma de ayuntamientos para establecer consejos municipales. El 20 de noviembre se realiza en Chilpancingo una manifestación de 10 mil personas para exigir la caída del gobernador, lo que resulta insólito, pues se afirma que en ese tiempo la capital del estado tenía un censo de 12 mil habitantes. El 30 de diciembre de 1960, por órdenes del gobernador, intervino el Ejército al mando del general Julio Morales Guerrero para disolver el movimiento. El saldo de la represión arrojó la cifra de 19 muertos, decenas de heridos y aproximadamente 400 detenidos. El movimiento en lugar de replegarse se exacerbó. El luto e indignación de los estudiantes rebeldes y Cívicos insubordinados fue acompañado con la huelga general de cierre de comercios en Chilpancingo y la amenaza de extenderse a toda la entidad. Se vivía un clima de agitación preinsurreccional. El gobernador Caballero Aburto quedó aislado socialmente. El conflicto trascendió el ámbito local. La profesora Macrina Rabadán Santana, guerrerense y diputada federal, militante del Partido Popular, solicitó al Congreso de la Unión decretar la desaparición de poderes en Guerrero. El 4 de enero de 1961, por orden del presidente López Mateos y con fundamento en la Ley Reglamentaria de la Fracción V del Artículo 76 Constitucional, por sexta ocasión el Senado de la República decretaba la desaparición de poderes en el estado de Guerrero. Al día siguiente, Arturo Martínez Adame fue designado gobernador interino. En la mayoría de los ayuntamientos de la entidad se destituyeron a los presidentes y se establecieron consejos municipales. Se anunció que se decretaría la autonomía para la universidad. Los estudiantes y los cívicos triunfaron, también el llamado grupo mirandafonsequista, con la caída del gobernador Raúl Caballero.
Con la desaparición de poderes se satisfizo la demanda popular, se dio solución al conflicto, se restableció el orden social, pero no hubo deslinde de responsabilidades y la represión quedó impune. Desde la coalición hegemónica, denominada régimen priista, se procedió a cooptar a los disidentes y a preparar los comicios para el año siguiente con el propósito de favorecer al PRI.
Genaro Vázquez con sus Cívicos continuaron en su labor de proselitismo a favor del cambio político en el estado, ahora en franco activismo de oposición al PRI. Recordemos que el 5 de agosto de 1961, en la Ciudad de México, diversas expresiones de la izquierda mexicana fundan el Movimiento de Liberación Nacional, bajo el liderazgo del general Lázaro Cárdenas, el ingeniero Heberto Castillo y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. La ACG participa activamente en este proceso colocando a su líder Genaro Vázquez en el comité directivo nacional.
En las elecciones de agosto de 1962, los Cívicos postulan la candidatura a la gubernatura del luchador agrarista José María Suárez Téllez; a la vez, registran planillas para competir electoralmente en varios municipios y distritos de Guerrero. Las nuevas circunstancias políticas del país y la entidad, impone a los líderes de la ACG transformar sus formas de organización y lucha. Además de continuar con la lucha social, la ACG pasa a convertirse, por la vía de los hechos, en partido político estatal de oposición al PRI.
La participación electoral de los Cívicos en 1962 culminó con el desconocimiento y encarcelamiento de su candidato a gobernador. El régimen prácticamente impuso como gobernador al médico militar Raymundo Abarca Alarcón. La matanza de Cívicos congregados en el zócalo de Iguala, entre el 27 y 30 de diciembre de 1962, llevó a Genaro Vázquez a la clandestinidad. El saldo de esta nueva matanza fue de siete muertos, 23 heridos y 280 detenidos, entre ellos José María Suárez Téllez, candidato a la gubernatura; Andrés López Velasco, candidato a la presidencia municipal de Iguala y; Carlos Ortuño Mejía, candidato a diputado. Dos años después, el 11 de noviembre de 1964, Genaro fue detenido en la Ciudad de México y trasladado a Guerrero, torturado y recluido en la cárcel de Iguala para purgar una larga condena. El 22 de abril de 1968 fue liberado de la prisión por un comando armado. Dio inicio así a la guerra de guerrillas a través de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria, ACNR.
Con acciones represivas sucesivas y la conculcación de los derechos ciudadanos más elementales, se canceló para Genaro y los Cívicos la lucha electoral. Expulsados de la legalidad, llegaron a la convicción de que no había más camino que el de la lucha armada, el de la insurgencia rebelde.
En Guerrero durante mucho tiempo el régimen presidencialista autoritario de partido hegemónico hizo de la violencia uso regular, legitimado desde el poder para actuar en contra de disidentes y opositores políticos a través de los artículos 145 y 145 bis del código penal federal, para perseguir y encarcelar, para la justificación legal de los excesos en el uso de la violencia extrema: de arriba. Con la matanza individual y masiva propició el régimen, como respuesta, las manifestaciones de violencia política rebelde en su forma de guerrilla rural y urbana, violencia insurgente, contestataria y de autodefensa que fundó su legitimidad en que: 1) todas las expresiones de izquierda fueron expulsadas violentamente de los espacios de participación y lucha política legal; 2) las condiciones de pobreza extrema de amplios sectores de la población urbana y rural se convirtieron en caldo de cultivo propicio para la organización insurgente; 3) la violencia y opresión ejercida por los gobiernos y caciques locales en contra de los luchadores sociales y su líderes los llevó a la confrontación extrema; y, 4) la influencia de la revolución cubana, el ejemplo del Che en Bolivia, la lucha guerrillera en América Latina, propiciaron la convicción ideológica de la construcción de una patria nueva en el caso de Genaro Vázquez y, en el triunfo de la revolución pobrista en el pensamiento y acción insurgente de Lucio Cabañas.
Las luchas cívicas de los años 60 fueron reprimidas violentamente con toda la fuerza del Estado. Los dirigentes sociales, en especial Genaro Vázquez, Lucio Cabañas y Carmelo Cortés, fueron expulsados de la legalidad y obligados a combatir al régimen con las armas en la mano.
Que no nos vengan ahora a decir que fuimos nosotros los que iniciamos la violencia política. Nosotros fuimos víctimas contestatarias al autoritarismo y la guerra sucia. A mucha honra.

* Profesor investigador de la UAGro desde 1976, gobernador interino y sustituto del estado de Guerrero (2014-2015)